Por: André Maxnuk*

 

El 9 de marzo fue un día significativo para mí. Llegué al trabajo y recibí muchas noticias que, sin duda, cambiarían nuestras vidas de manera impactante: primero, un día antes, millones de mujeres y hombres, salieron a las calles para reclamar igualdad de condiciones mientras que ese lunes, las mujeres de México marcaban un paro histórico #UnDíaSinNosotras; segundo, la falta de entendimiento entre Rusia y los Países Árabes llevaron a una crisis global que derivó en la baja del precio del petróleo que colapsó las bolsas en todo el mundo, y finalmente, el covid- 19, se presentaba no solo como una amenaza en Asia, sino que hacía estragos sin precedentes en Italia y llegaba al continente americano.

Al pasar de los días, y en una discusión virtual con un grupo de amigos porque #YoMeQuedoEnCasa, debatíamos arduamente el rol y las decisiones del gobierno sobre las acciones de aislamiento social versus el impacto económico, su afectación a los segmentos más vulnerables y el riego de no hacer un equilibrio y priorizar uno sobre otro.

Claramente vi un desafío que deberá manifestarse de manera prioritaria en la evolución y comportamiento de empresas y gobierno: el liderazgo.

En una encuesta reciente de Mercer, el 90% de los ejecutivos entrevistados mencionaron que tenían planes de hacer cambios en la estructura de sus organizaciones durante los próximos 12 a 24 meses. Es decir, lo que nos trajo hasta aquí no nos llevará al futuro de las compañías, sobre todo considerando el ambiente volátil, incierto, complejo y ambiguo.

En el mismo estudio, más del 50% consideraban crítico para el crecimiento sustentable el desarrollo de los líderes del futuro: el nuevo líder que trabaja sin toda la información disponible, que co-crea el futuro con colaboradores y clientes, que maneja varias aristas en la organización. Alguien que pueda sacar lo mejor de su equipo de trabajo, aunque no tenga el puesto de líder.

El nuevo líder es creativo y transformacional, prepara a la organización para la innovación (80% del crecimiento de las empresas más exitosas viene de este rubro), desarrolla un clima de respeto a las ideas, apertura, aprendizaje e igualdad; al mismo tiempo es disciplinado, competente, da retroalimentación honesta y una clara dirección.

Ella o él no traen soluciones disruptivas e innovadoras, pero ayudan a la organización con las preguntas correctas, habilitan procesos, metodologías y tienen un compromiso con la búsqueda de soluciones. Asumen riesgos y manejan por entornos desconocidos para darle un valor agregado a clientes, colegas y accionistas.

Hay otro factor -no menos importante-  que estuvo presente en el Foro Económico Mundial de este año: la responsabilidad social. Con la crisis de confianza en los gobiernos populistas y/o vacilantes en la toma de decisiones importantes, el rol del director general asume mayor relevancia al determinar el propósito, valores, integridad, respecto a la diversidad y sentido de pertenencia con las nuevas generaciones que ya no buscan un trabajo, sino uno que les ayude y dé sentido a sus ideales.

El mundo vive una crisis sin precedentes históricos. Más de 2,000 millones de personas están aisladas socialmente, miles están falleciendo al día a causa del covid- 19, algunas bolsas en el mundo perdieron casi 50% de su valor en pocas semanas, la baja de la actividad económica puede dejar centenas de millones de personas sin trabajo formal y otros tantos, sin fuentes de ingresos.

El líder trascedente está liderando el camino, conectando mentes y corazones, mirando hacia adelante y creando “the new normal”. Éste no desperdicia una crisis, logra modelar un nuevo paradigma, pone a las personas en primer lugar y en la secuencia trabajará con ellas para desarrollar un nuevo futuro.

Como comentó Warren G. Bennis en una publicación de Harvard de 2006 (justamente sobre preparación para una pandemia): “En una crisis continua, una guerra o una pandemia, la gente quiere mucho más. Quieren líderes que se esfuercen por unificar a sus seguidores. Quieren líderes con la capacidad de Winston Churchill para articular la amenaza común e inspirar a la gente a superarla juntos. Durante un largo asedio, la gente busca esperanza a sus líderes. Sobre todo, quieren que esos líderes sean individuos capaces de la grandeza y que aspiren a ella”.

¡No hay de otra! Para superar el momento actual de crisis y desconfianza, el líder actual puede y debe transcender. Debe tener gran capacidad de escuchar a su equipo, organización y traer perspectivas disruptivas para el nuevo entorno. Debe desarrollar un ambiente de prosperidad, donde su gente pueda conectar con su propósito y el de la compañía, además de construir equipos extraordinarios para desafiarlos constantemente. En concreto, debe utilizar de manera férrea metodologías y disciplina para crear el futuro.

Como dice Gandhi, encarnará ella o él mismo en el cambio que desean ver en el mundo.

 

Contacto:

 

André Maxnuk es CEO de Mercer México y América Latina

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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