Elegí escribir sobre una percepción social, que llevo comprobando algunos meses en la plática con personas de distintas clases sociales.

El resultado siempre es un juicio de valor, donde se ven cada día más líderes como los “del face”, con millones de seguidores que no los conocen ni tantito.

Pareciera que todo es conveniencia, y el predicar con el ejemplo es cosa del pasado. Antes los líderes se distinguían por tener ideales claros, y hacer valer su palabra, hoy pareciera que es todo lo contrario, los ideales de muchos se han cambiado por intereses y compadrazgos y de cumplir la palabra ni hablamos, porque ello genera esa extraña sensación de hartazgo generalizado, que prevalece en muchos ciudadanos mexicanos, y ahora escribo.

Me dirán que desde hace años se ha ido muriendo el liderazgo político de este país, pero antes, al menos, se tenía un poco más de vergüenza.

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Hoy la realidad política y social de nuestro país se parece cada día más a una cuenta de Instagram, y a fotitos de mentira, a veces algunos se juntan frente a los flashes, a decir lo que la gente desea escuchar, en momentos de dolor y solidaridad, y luego pareciera que sólo se juntaron para tomarse otra foto “para el face” que incrementará su popularidad.

Hoy abundan los líderes virtuales, que sólo están como imagen calada para sobrepuestos. El sonido de un pitido intermitente se escucha en terapia intensiva. Es el liderazgo el que se podría dejar en la plancha.

Porque no se puede hablar de liderazgo, cuando no se tiene palabra. Cuando dices algo en medios y luego buscas desdecirte, cuando te dicen, que sí, pero no te dicen cuándo. Cuando algunos esperan que todo se olvide, y vemos la mano del que se acaba de recargar en la pintura fresca diciéndote que no existe nada.

No se puede hablar de liderazgo, cuando las fachadas se intentan vestir de otro color y son blancas y claras para todos. O cuando no se ven los millones detrás de la estela de luz.

Hoy a nadie flashean, las personas lo respiran en el aire, y a un año de elecciones se activan muecas políticas constantes, con la única intención de hacerse notar, y si tuvieras que decir otra frase diríamos: “Otra foto para el face”.

México no puede seguir viviendo de discursos incumplidos y malversaciones políticas. Los líderes se hacen y nacen por convicción y ejemplo, no por imagen. Y las personas lo empiezan a notar mucho más que antes, porque la vida se los ha mostrado y demostrado con hechos. Porque no hemos aprendido lo suficiente y porque tenemos lo que toleramos como sociedad.

En un ayer no muy lejano, quizá semana, vimos personas de los partidos decían estar a favor de dar dinero a la reconstrucción. Cuando por principio el dinero ni suyo es. Recordémosles, que es del pueblo de México, nadie les pide su dinero, sino que nuestro dinero, sea entregado a esa causa. Y que deberían ser dados de campañas políticas y no de otros lados. Hoy algunos se desdicen y juegan con el discurso para salir lo menos raspados posibles, y lo peor dar lo menos posible. Así las conveniencias de nuestros líderes.

¿Por qué digo que está muerto el liderazgo?, porque no se puede hablar de liderazgo sin el poder la palabra hecha acción.

Lo que hoy vemos, es lo que queda de los colores de las banderas de los partidos. Un desdibujo de algo que fue, un desteñido en las mantas. Descoloridas y percudidas. Ante los ojos del pueblo,  llevan muchos años en terapia intensiva y sostenidas sólo por un respirador artificial.

Hoy México tiembla más allá de las capas tectónicas. El 19 de septiembre nos costó muchas vidas. Ahora a cada segundo se juega con el futuro total de un país entero. Hoy no sólo hay edificios de paso restringido y al borde del colapso.

Pareciera que muchas cosas están así, y para muestra botones que detonan bombas por todos lados: el tema del fiscal, con pincitas y miedo que hace correr a quienes pueden alzar la voz. Y perdón, pero de petróleo ni hablemos, pues hoy se ve claro que están viendo a quien embarrar de chapopote.

Hoy deberían de olvidarse de los millones en radio, televisión, espectaculares, playeras, y todo eso que termina siendo basura enrollada en los postes y otros lugares de la vía pública. Para hacer algo por lo que si vale la pena vivir.

La gente está cansada del juego discursivo: “Es que no dijimos cual, es que no dijimos cuanto” Y todo nos suena como que “a chuchita la bolsearon”, así se percibe.

La realidad está colgando de un hilo.

Y hoy, ya nadie le dice a un niño: ¡Mira qué bonito payaso!, cuando sabemos a nivel emocional y de cierto, que ese payaso está enclosetado y con el tiro de gracia en la cabeza.

Por eso digo que el liderazgo de muchos está moribundo y en terapia intensiva, como la carne cruda.

Recordemos que un líder:

  • Predica con el ejemplo
  • Le da peso a su palabra
  • La hace valer

Y no hay que olvidar eso.

 

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