A pesar de que en algunos países las economías están reabriendo después de meses de encierro por la pandemia de Covid-19, la realidad es que mientras no exista una vacuna (para lo que la mayoría de los expertos piensa que todavía faltan varios meses o hasta más de un año) van a seguir existiendo restricciones, y riesgos que pueden cambiar rápidamente.

A la par, cada vez nos damos más cuenta que un mundo post-pandemia no va a ser igual que el mundo en el que vivíamos hace unos meses. Esto representa un gran reto para los líderes, ya que tienen que preparar a sus organizaciones para operar en la situación actual sin certidumbre de cuánto va a durar, y a la vez prepararlas para un futuro incierto.

Al interior de las organizaciones, los líderes tendrán que ser ágiles y tomar decisiones rápidamente con información imperfecta. Quedarse cruzados de brazos a esperar a que la pandemia pase, o a tener más claridad de los efectos de ésta y lo  que el futuro nos espera, no es opción. El objetivo de estas decisiones debe ser, primero, hacer a la empresa más resiliente en el corto plazo, y segundo, prepararla en el mediano plazo para crecer en una nueva normalidad.

Al hablar del corto plazo, el manejo de costos y la búsqueda de eficiencias, así como maneras para proteger, o incrementar las ventas, revisando la oferta de productos y canales de distribución, será de gran importancia. Y en el mediano plazo, los líderes deben tomar decisiones que preparen a las compañías a operar dentro de la nueva realidad mediante la reconfiguración de la oferta de productos, canales, cadenas de suministro, y la manera en que trabajan los equipos.

En este ambiente es importante tener una organización ágil para ejecutar y cambiar de rumbo. La manera en la que los líderes pueden lograr esto es creando equipos autónomos, con experiencia multifuncional, que se sientan empoderados para tomar decisiones y ejecutar. Los líderes deben dejar claro el propósito y objetivos de la organización, que ayudarán a guiar a estos equipos aún y cuando tengan que cambiar de rumbo debido a nueva información. Esto también permitirá que trabajen de manera remota más efectivamente.

Es aquí donde interviene el aspecto más urgente para un líder durante una crisis: proteger a su equipo, el alma de la compañía. Y también aquí la agilidad tiene un rol importante, pues redefinir las reglas del futuro en temas de trabajo y monitorear de cerca el nivel de satisfacción e involucramiento a lo largo de la organización fortalecerá el desempeño de las personas, aún trabajando de manera remota por tiempo indefinido.

En conclusión, la agilidad cobra aún más importancia en tiempos de crisis. La habilidad de un líder para recibir, entender y aceptar que el cambio es una constante y lograr que su organización actúe ágilmente de acuerdo a eso, será clave para las empresas al avanzar hacia la “nueva normalidad”.

Contacto:

Emilio González es director General de Nu México*

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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