El gol es una celebración sublime, pero hay algo más valioso y rentable: el negocio que los empresarios están haciendo con los 18 equipos del fútbol mexicano y que, hasta hoy, les ha permitido ofrecer grandes sueldos a los jugadores… y disponer de una audiencia hipnotizada.

 

Por Ivan Pérez

 

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El valor de la colección de arte de Carlos Slim supera los 800 millones de dólares (mdd). Pero, con todo y su belleza, ninguna de las obras le permi­tía ser aclamado por las multitudes. Algo más popular y nada artístico le podría dar más reconocimiento.

La noche del 12 de diciembre de 2013, en el Estadio Nou Camp, en León, los Pan­zas Verdes derrotaron al América 2-0 en la final de ida del fútbol mexicano. Carlos Slim, dueño de 30% del equipo local, bajó a los vestidores para felicitar a sus jugadores. Días después, el León derrotaba a las Águilas del América en el Estadio Azteca y volvía a coronarse después de 21 años.

El fútbol en México es un deporte que siguen más de 70 millones de personas y ganar una liga es, desde el punto de vista de la mercadotecnia, más valioso que un cuadro de Monet.

Pero no es el único empresario que tiene presente esta circunstancia. Los equipos del fútbol nacional tienen un valor, en conjunto, de 1,901 mdd; éste es el costo de las 18 franquicias de la Liga MX, donde Carlos Slim, Emilio Azcárraga Jean, Ricardo Salinas Pliego, y empresas como Cemex, Femsa, Oceanografía, Cementos Cruz Azul, han decidido invertir porque saben que ahí hay algo mucho más rentable que el simple cántico de un gol.

 

Empresarios, al ataque

Pachu­ca, León y Estudiantes ya son propiedad de Slim. El 31 de agosto de 2012, Grupo Pachuca anunciaba que vendía 30% de sus activos a Grupo Carso. Desde aquel momento, el negocio del fútbol mexicano se empezó a mover. También, hace unos meses, Grupo Salinas decidió poner en la mesa más de 40 mdd para adquirir al Atlas, pese a que meses antes las autoridades de la Liga MX habían sentenciado el fin de la multipropiedad (que un empresario o empresa tuviera más de un equipo en su poder). Al menos 11 de los 18 equipos de la Liga MX, tienen detrás una empresa que los respal­da.

Por esta injerencia, el balompié nacional ha incrementado el valor de sus contratos de publicidad, de tv y de sus jugadores. “La industria del fútbol mexicano se ha profe­sionalizado y eso permite que haya mejores ingresos”, detalla Rogelio Roa, director de la consultora deportiva Dreamatch Solutions.

Recientemente, la empresa brasileña Pluri dio a conocer que la Liga MX está entre las cinco mejores del mundo en el promedio de asistencia a sus estadios, lo que la coloca sólo por debajo de la ordenada y metódica Bundesliga de Alemania, de la poderosa Premier League de Inglaterra y de la Liga Española.

Al año se transmiten 560 partidos de fútbol. Son cuatro las cadenas de tv que transmiten la Primera División: Televisa (que cubre nueve clubes), TV Azteca (siete), Sky  y Fox Sports. A excepción de Tigres y Monterrey, el resto tiene su principal fortaleza en la venta de sus derechos de tv; por eso Las Chivas del Guadalajara, pese a los malos resultados de los últimos años, están “sanas” gracias a su contrato con Televisa que las dota de 100 mdd y al acuerdo que mantie­ne en Estados Unidos con Univisión por 80 mdd hasta 2018.

Algo más: gracias a la evolución de la tv satelital, la Liga MX es un producto de expor­tación. De acuerdo con un simple ejercicio hecho manipulando un control remoto en una tv, un partido del torneo local se puede ver en 41 países. Entre ellos algúnos que se antojan surrealistas: Maurita­nia, Chad, Siria y Yemen.

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Negocio en pocas manos

El pasado 15 de diciembre, Ricardo Salinas Pliego, presentaba su nuevo negocio: el club Atlas de Guadalajara.

Sin embargo, detrás de la algarabía del club se asomaba otro factor: la ética deportiva que prohíbe que una empresa o un grupo de personas sean capaces de contar con más de un equi­po bajo su propiedad. Más aun, en mayo de 2013,  Decio de Ma­ría se había pronunciado por reglamentar la prohibición de la multipropiedad, entre otras cosas porque impedía la sana compe­tencia en el negocio del fútbol.

La respuesta fue muy clara por parte de los grupos de poder: Grupo Salinas compró el Atlas pese a tener a Monarcas Morelia. Pero lo que hizo Ricardo Salinas Pliego no fue más que confirmar que prácticamente la mitad del fútbol mexicano (entre la Liga MX y la Liga de Ascenso) se halla bajo el esque­ma de la multipropiedad. Grupo Televisa, Grupo Salinas, Grupo Pachuca-Grupo Car­so, Cementos Cruz Azul, Grupo Caliente, Oceanografía y la Familia López Chargoy, tienen el control de 45.4% del fútbol profe­sional en México.

“Se ha criticado la multipropiedad, pero hoy escuchas menos casos como Celaya o los extintos Colibríes (franquicias que quebraron, no pagaron y sus jugadores re­cibían su salario en una bolsa de plástico). No sé si es un mal necesario, pero también es verdad que las televisoras han ayudado al fútbol mexicano”, argumenta Rogelio Roa, quien también fue directivo de Jagua­res de Chiapas.

Para Rodrigo Mort, las reglas del juego son muy claras: “Para que un club se man­tenga, necesita 70% de capital y 30% de conocimiento del deporte”.

Visto así, sin dinero, un equipo no entra al juego.

 

¿Y la infraestructura?

El camino para estar en el top de las me­jores ligas del mundo no sólo pasa por la calidad de los jugadores, sino también por la infraestructura en la que se disputan los partidos. Paradójicamente, y aunque en los últimos 10 años el fútbol mexicano ha remodelado sus inmuebles, han sido mejoras que difícilmente lo pueden re­conocer por disponer de los estadios más modernos del mundo.

Si hubiera que sacar una edad prome­dio de los estadios del fútbol mexicano, ésta sería de 35 años; del año 2000 a la fecha, sólo se han construido dos (Omni­life y TSM), y se espera que el próximo año concluyan las labores de la nueva casa de Los Rayados de Monterrey. Lo único que reglamenta la Liga MX es que para 2015 todos los estadios deben estar habilitados en su totalidad con butacas.

Además, los inmuebles de la Liga MX no pertenecen en su mayoría a los clubes; generalmente, son de los gobiernos esta­tales, asociaciones civiles o académicas.

Hasta que no ocurra esto, al menos un par de veces al año, los hombres y las em­presas más importantes de este país se sientan en la misma mesa para charlar de fútbol: es la Asamblea de Dueños.

Se reúnen en el Auditorio Joseph Bla­tter de la Federación Mexicana de Futbol (FMF), para definir el rumbo del deporte más popular de México.

En todas las juntas, los primeros en salir —casi siempre— de las instalaciones son los representantes de los dueños de las televisoras. No se van con las manos vacías. Consigo llevan una carpeta con el logo de la FMF y, sobre todo, los planes para sostener un negocio que hoy implica muchos millones de dólares.

Algo está claro: el fútbol dejó de ser para románticos.

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