Volver a descubrir lo que pasa en la fuente de música es increíble. Mi vida profesional empezó alrededor de ella, y poco a poco la fui abandonando. Afortunadamente, la oportunidad volvió, y el regreso fue al lado de Lila Downs, una cantante espectacular.

 

El tono de Lila era serio. Apareció con su guitarra y comenzó el encuentro cantando “Humito de copal”, para después dar el pésame a los periodistas por los tiempos que corren. Inmediatamente después compartió que Balas y chocolate, el disco que lanzó esta semana y que en preventa consiguió acreditarse como Disco de Oro, tiene como razón de ser un desahogo ante la presencia inminente de la muerte, pues hace un par de años a Paul Cohen, su pareja, le dieron pocas esperanzas de vida, por lo que Lila decidió que empezaría a familiarizarse con la muerte en forma de catarsis con la música. Afortunadamente, el resultado fue un disco espectacular, pero lo más importante, que el diagnóstico no se consumó y hoy su pareja sigue a su lado.

Lila fue introspectiva en la plática. Confesó que el arte la ayudó a convertirse en la mujer que es hoy en día, ya que en su adolescencia, la oaxaqueña fue una joven enojada con lo que pasaba a su alrededor, pero la música la ayudó a canalizar todo lo que en el momento la atormentaba, como la discriminación y las injusticias, no sólo propias de nuestro país, sino del mundo, por lo que en su obra siempre hay un dejo de reflexión y denuncia, pues como artista no puede permanecer indiferente a lo que ocurre. Esto la ha llevado a convertirse en un estandarte no sólo de México, sino que su voz ha llegado a mover las fibras más sensibles también en América Latina y Europa.

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BBiDRISDowns, con su voz grave, lanza un “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”, haciendo alusión a la tragedia más reciente de nuestro México, la desaparición forzada de los 43 jóvenes de Ayotzinapa. Sabe que la herida está aún muy lejos de cerrar, y suma lo que está en sus manos y en su garganta para expresar el sentir de sus paisanos en busca de respuestas. Esto lo hace al lado de Juanes, un cantante colombiano con quien en el sencillo “La Patria Madrina” comparte el pesar de ver a un país dolido, pues ambas naciones son hermanas de un dolor similar, y esto se hace evidente en cada nota de este poderoso tema que tiene la virtud de, al final, sumar un grito de esperanza.

“La música nos puede ofrecer un camino de catarsis. Quizá no ofrecemos respuestas a todas las cosas que vivimos, pero sí nos hace sentir, y eso nos ayuda a entender un poco más el momento que estamos viviendo”, compartió con una voz dulce, completamente distinta de la que vibra en sus discos.

lila-downs-courtesy-2015-billboard-650Finalmente, Lila aseguró que aunque la situación no es la mejor, el mensaje para quienes la siguen, y que buscas respuestas en su música, es muy claro: “Tengo que ser optimista por esa sangre indígena que corre por mis venas, tengo que creer en las bondades de nuestra tierra y creo que los buenos somos más. Así que creyendo en el poder de la música compusimos varios temas, en esta ocasión a ese misterio interminable de nuestras vidas que se llama la muerte.”

Sin duda, Balas y chocolate es una pieza de colección. El disco como objeto ofrece mucho más que canciones, ya que está ilustrado por Humberto Valdez, un artista plástico que fue capaz, a través de su obra, de plasmar de forma exquisita los iconos que nos identifican como país en nuestros claros y oscuros.

 

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