La belleza de Lisboa no radica en el orden o la majestuosidad de sus edificios, sino en lo que se respira, en la gente que camina por sus calles e incluso en su caos.

 

Viajar a Lisboa es transportarse en el tiempo, sentir por un momento (y no en un mal sentido, sino todo lo contrario) que temporalmente abandonamos Europa y que estamos en un continente desconocido.

Puedo decir que Lisboa es una de las ciudades con más personalidad que he conocido. Si Lisboa fuera un hombre, sería alguien mayor y con muchas historias que contar. Su belleza no radica en el orden o la majestuosidad de sus edificios, sino en lo que se respira, así como en la gente que camina por sus calles e incluso en su caos.

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Un recorrido por Lisboa no está completo si no se visita la plaza Restauradores, que es el centro de encuentro y conexión a todos los rincones de la ciudad y el punto de arranque ideal para después visitar el barrio de Chiado y entrar al Museo del Fado.

El paseo continúa por el barrio de Alfama y sus características callejuelas angostas y llenas de edificios habitacionales, con ropa colgada por las ventanas. No hay lugar donde sea posible convivir con más gente local que éste; sus calles siempre están llenas de gente, niños jugando y parejas disfrutando de un buen vino tinto en sus terrazas.

dosAl recorrer la Alfama hay que estar mentalizado de que nos perderemos: el trazo es un laberinto que siempre llega a un punto interesante, y si tienes suerte, éste te llevará a un mirador en el que podrás tener una postal ideal de la ciudad, pero si quieres ver un atardecer de ensueño, el lugar es el Miradouro Da Gracia, sin duda el cierre a un día perfecto.

El Castelo de San Jorge, el Monasterio de los Jerónimos y la Torre de Belem son claves en este reconocimiento de Lisboa, ciudad en que el medio de transporte ideal es el tranvía. Si eres un poquito más aventurero, rentar una moto es ideal y definitivamente la perspectiva de la visita cambia.

Si tienes más días, visita la costa Ericeira, el Palacio de Sintra, Cascais y Estoril. Por supuesto, en cualquiera de estos lugares busca un restaurante pequeño donde puedas probar bacalao. En algunos verás tantas versiones de este platillo que te quedarás impresionado. Incluso, dicen que existen 365 recetas, una para cada día del año. Yo, por lo menos, intenté 8 distintas y ninguna me desilusionó.

slide_279393_2074671_freeCon toda la certeza puedo decir que en Lisboa es donde he visto a los hombres y mujeres más atractivos. La forma de vestir es distinta, quizá no son tan cosmopolitas como en otras ciudades europeas, pero ese desenfado y aparente desapego los hace espectaculares. Además, su actitud es distinta, pues al no ser Portugal un punto turístico tan concurrido como España, Italia o Francia, se notan agradecidos con la visita de extranjeros y hacen lo posible por que tu estancia sea especial, y aunque no hables portugués, te aseguro que siempre harán el intento por entenderte, ayudarte y hacer de tu visita una experiencia inolvidable.

 

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