El nuevo gran proyecto del doctor Soon-Shiong en teoría funcionará así: un paciente con cáncer llegará al hospital para su diagnóstico. Todo, desde su ADN hasta las proteínas en su sangre, serán analizadas al instante a través de una red propia y superrápida, los datos serán recogidos de forma automática en tiempo real, sin plumas ni papel. En cuestión de minutos, los equipos recomendarán los medicamentos para el tratamiento.

 

 

Por Matthew Herper

 

T. Denny Sanford, quien hizo una fortuna de 2,800 millones de dólares (mdd) vendiendo MasterCards y que ahora se encuentra en su faceta de filántropo, ha venido a ver lo que se ha publicitado como el futuro de la medicina. Un día de verano en Los Ángeles, Patrick Soon-Shiong, el médico más rico en la historia, está atrincherado dentro de su sede clandestina listo para mostrarle el lugar.

Soon-Shiong, de 62 años, lo guía a través de una maqueta de una habitación de hospital futurista: hay un parche que mide la frecuencia cardiaca, la temperatura y la presión arterial del paciente, y un cubo blanco de tres pulgadas, llamado HBox, que conecta todos los dispositivos a una red informática. Le muestra un cuarto oscuro cubierto de pantallas de computadora: un centro de control desde el que un puñado de médicos puede supervisar a cientos de pacientes, incluso cuando los pacientes están en casa. Finalmente, abre varios programas informáticos que hacen que los médicos conozcan hasta el último artículo científico del día, el mejor tratamiento disponible. Es un conjunto asombroso de juguetes guiados por datos alimentados por 1,300 mdd en adquisiciones furtivas, casi todas hechas con el dinero de Soon-Shiong.

“Creo que es exactamente lo que necesitamos en este mundo”, dice Sanford. “Yo también tengo un grupo hospitalario. Creo que estamos en 40 hospitales y 150 clínicas, pero los costos se están volviendo locos, y la falta de comunicación entre estas organizaciones es vital para corregirlos.” Soon-Shiong interviene: “Los hospitales no están organizados ni financiados; incluso no tienen el conjunto de habilidades necesarias para crear este tipo de infraestructura de comunicaciones. Francamente, el gobierno debió haberlo hecho.”

Sin embargo, incluso después de esa demostración, lo que Sanford está comprando exactamente sigue siendo poco claro. Vistas por encima del hombro de Soon- Shiong, las demostraciones lucen fantásticas, pero nadie con quien yo haya hablado ha echado mano efectivamente a todas esas piezas de tecnología. No existe un plan de negocio real. No hay un modelo de fijación de precios. Todo lo que tienen es la palabra de Soon-Shiong, lo que resulta algo espinoso. Aunque Soon-Shiong es innegablemente brillante, también es innegable que es un fanfarrón, visión ampliamente compartida por todo el espectro médico.

“Lo que funciona en el papel, lo que funciona en el laboratorio y lo que funciona en un complejo centro médico académico son cosas muy diferentes. Patrick es un hombre espectáculo, y asegura: ‘He resuelto los problemas que todo el mundo en los últimos 20 años no ha sido capaz de resolver’”, dice John Halamka, director de información del Beth Israel Deaconess Medical Center en Boston y una de las primeras personas en tener su genoma secuenciado.

A mí también me resulta molesto. Las relucientes oficinas centrales de Soon- Shiong, una fusión futurista de metal y vidrio donde unos 800 empleados corren a toda prisa, se encuentra en el barrio de Culver City de Los Ángeles, que ha dado a luz a decenas de fantasías de Hollywood, incluyendo El Mago de Oz. He pasado los últimos 10 meses tratando de desvelar el secreto. Soon-Shiong me ha permitido una detallada y exclusiva mirada al interior de sus esfuerzos —el Proyecto Manhattan de la Medicina— justo cuando él cerraba el acuerdo que los pondría en acción por primera vez en Providence Health & Services, un hospital sin fines de lucro del Ministerio de Salud Católica con sedes en Oregon, California, Alaska y Washington. Y también hablé con decenas de personas ajenas.

¿Cuál fue la constante? El alcance del compromiso de Soon-Shiong. “Cuando fuimos a verlo y echamos un vistazo a lo que están planeando implementar, quedamos deslumbrados”, dice Gillies McKenna, director del Departamento de Oncología de la Universidad de Oxford. “Si puede hacer funcionar esto, y estoy de acuerdo en que será muy difícil, veremos un aumento exponencial en la cantidad de datos sobre los cuales podemos basar nuestras decisiones.”

Soon-Shiong lo explica de esta manera: “Tendremos más información a nuestro alcance de la que hemos tenido en la historia de la humanidad. Todos los días. No una vez al mes, no una a la semana. Todos los días.” Tal omnisciencia tiene el potencial de revertir los incentivos perversos —que hacen hincapié en los tratamientos y no en los resultados— empujando los costos anuales de salud de Estados Unidos más allá de los tres billones de dólares. También podría curarse la mayor parte de lo que nos aflige, incluso el cáncer.

 

El genio

Soon-Shiong está acostumbrado a los escépticos, como buen hijo de inmigrantes chinos en la era del apartheid en Sudáfrica. Se graduó de la preparatoria a los 16 años y de la escuela de medicina a los 22.

Soon-Shiong se fue de Sudáfrica a finales de 1970 y llegó a la UCLA en 1980. Como cirujano acaparó titulares al trasplantar células productoras de insulina a un diabético. El presidente de la Asociación Americana de Diabetes lo llamó “un bombo inapropiado”, diciendo que era “demasiado pronto para ver ésta como una cura o incluso una terapia”.

En 1990 comenzó una empresa para comercializar su trabajo sobre la diabetes y consiguió un contrato con Mylan para explorar los trasplantes de órganos de cerdos a personas, pero lo abandonó porque decidió que podría no ser seguro. Luego, en 1991 inventó la droga que hizo su fortuna: Abraxane, que empaqueta el medicamento contra el cáncer de mayor venta, Taxol, dentro de la proteína albúmina. La idea era que los tumores se comerían la albúmina y sacarían el veneno.

En 2005 se anotó una gran victoria: Abraxane fue aprobado por la FDA. Las acciones subieron 47%, pero una vez más Soon-Shiong se convirtió en el centro de la controversia cuando, meses más tarde, fusionó app con un vehículo privado de su propiedad. Brian Laegeler, analista de Morningstar, lo calificó como un “mal negocio para los accionistas minoritarios, ya que sólo sirve para llenar los bolsillos de Patrick Soon-Shiong”. La acción cayó 18% el día que se anunció el acuerdo. Soon-Shiong dice que el aumento a largo plazo de las acciones reivindicó el movimiento. En 2007, las acciones repuntaron nuevamente. La firma era la única fabricante de heparina anticoagulante, cuyo producto no tuvo que ser retirado del mercado luego de un caso de contaminación que mató a 81 personas. Soon-Shiong dividió y vendió la compañía, diciendo que eran “dos negocios únicos”. El de genéricos, incluida la heparina, fue a Fresenius en 2008 por 4,600 mdd.

En 2010, el negocio de fármacos Abraxis fue comprado por el gigante de biotecnología Celgene por 4,500 mdd. Soon-Shiong poseía alrededor de 80% de cada uno.

El año pasado, un estudio mostró que el fármaco extendió la vida de pacientes con cáncer de páncreas en 1.8 meses. Las ventas se dispararon 90% y se proyecta que alcancen los 2,000 mdd para 2017. Las acciones de Celgene —Soon-Shiong sigue siendo el accionista mayoritario— subieron al mismo ritmo.

Ingenio, determinación y suerte le habían dado a Soon-Shiong una enorme riqueza, que actualmente calculamos en 12,000 mdd, pero también lo dejaron con la fama más de un hombre de negocios con reputación dudosa que de un científico; eso le duele, dicen sus confidentes. “Shiong tiene el reconocimiento de la comunidad de negocios, pero es muy distinto del reconocimiento de que él es el hombre que construyó la estructura intelectual que permite un aumento de 80% en las tasas de supervivencia al cáncer”, dice Michael Crow, presidente de la Universidad Estatal de Arizona.

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Foto: Ethan Pines.

El gran proyecto

El nuevo gran proyecto de Soon-Shiong en teoría funcionará así: un paciente con cáncer llegará al hospital para su diagnóstico. Todo, desde su ADN hasta las proteínas en su sangre serán analizadas al instante a través de una red propia y superrápida, los datos serán recogidos de forma automática en tiempo real, sin plumas ni papel. En cuestión de minutos los equipos recomendarán los medicamentos para el tratamiento.

Una vez que el paciente es enviado a casa, la misma tecnología viajará con él, permitiendo a los médicos mantener una vigilancia en tiempo real, y a los administradores de los hospitales evaluar la eficacia y los costos de los procedimientos y medicamentos, y comparar sus datos con los de otros hospitales de todo el país.

Esta visión se produjo durante el proceso de aprobación de Abraxane en 2005. Los médicos estaban tomando malas decisiones. Un estudio encontró que dos tercios de los pacientes con cáncer de páncreas recibieron el tratamiento equivocado. Soon- Shiong se dio cuenta de que el poder de cómputo no era suficiente para solucionar este problema si no lo combinaban con un sistema nervioso de alta tecnología. Al igual que un mecánico hurgando por partes, empezó a comprar empresas para construir su nueva máquina.

Eligió Eviti, con sede en Filadelfia, que ofrece servicios a aseguradoras para que éstas se cercioren de que los oncólogos no receten medicamentos inadecuadamente (y cobren por sus errores). Treinta oncólogos y enfermeras estudian detenidamente las últimas publicaciones médicas para asegurarse de que la información esté actualizada.

Otra compra: iSirona, una empresa en Panama City, Florida, que intenta conectar las máquinas de los hospitales con los sistemas de historiales médicos electrónicos. Soon-Shiong afirma que puede integrar 6,000 dispositivos médicos diferentes, incluyendo oxímetros de pulso, dispositivos de control de la presión arterial y básculas de baño, así como cientos de diferentes tipos de software clínico y financiero de todos los grandes vendedores de equipo médico. También hay otras tecnologías: Qi Imaging, una herramienta que permite visualizar tomografías y resonancias magnéticas en dispositivos móviles; Glow- Cap, un frasco de pastillas de 80 dólares que se ilumina cuando los pacientes en casa tienen que tomar su medicina y permite a los médicos saber que están abriendo la tapa. Compró y reestructuró National Lambda Rail, una red de computadoras del gobierno de alta velocidad, a un costo de 100 mdd, para que todos estos datos pudieran pasar rápidamente de un lugar a otro.

Todas estas piezas —y docenas más que ha comprado o construido— se combinan en una estructura corporativa tan bizantina como su producto en general. Sus 800 empleados están repartidos en oficinas en 14 ciudades, y NantWorks, la compañía matriz, alberga nueve unidades separadas, todas con diferentes grupos de inversionistas y cada una aparentemente diseñada para operar en forma independiente en el mercado bursátil.

La primera salida a bolsa, programada para el próximo año, probablemente será NantHealth, su apuesta de tecnología de la información para el cuidado de la salud, lista para sacar provecho de los nuevos esquemas de pago creados por ObamaCare. Entre sus inversionistas se encuentran Verizon, Celgene, BlackBerry y la Autoridad de Inversiones de Kuwait.

 

Potencial y dificultades

El Proyecto Manhattan de la Medicina, de Patrick Soon-Shiong, se sintetizan en una cifra: 47 segundos. Ésa es la cantidad de tiempo, las promesas médico-empresario, que ahora le toma a la “supercomputadora” que ha amalgamado completar un análisis genómico hasta llegar a la identificación de la proteína individual en el cuerpo de alguien que es susceptible del tratamiento con un fármaco.

Es una afirmación impresionante, con una promesa infinita. Y una que no ha sido verificada, al igual que todas las que vuelven polarizante a Soon-Shiong.

Cuando en octubre pasado Soon- Shiong describió por primera vez, dramática y fantásticamente, su plataforma en público, durante la Cumbre de Salud Forbes en Nueva York, los prominentes médicos, científicos y ejecutivos del cuidado de la salud asistentes lo consideraron el mejor conferencista del evento (95% de los encuestados los calificó de bueno o excelente). Sin embargo, muchos de ellos estaban confundidos o escépticos.

El profesor de la Universidad Johns Hopkins (y colaborador de Forbes.com) Steven Salzberg, preguntó sobre la declaración de los 47 segundos: “¿Eso qué significa?” El último año, en aras de la claridad y credibilidad, pasé una cantidad desproporcionada de mi tiempo enfocado en su muy repetida promesa de 47 segundos. Resulta ser profundamente engañosa, ya que es un promedio de tiempo, no es tiempo para un individuo. Es como decir que McDonald’s puede entregar 800 cajitas felices el instante en lo que llegas a la ventana del Auto Mac sólo porque la compañía sirve 800 comidas al segundo en todo el mundo.

La verdadera pregunta es: ¿Qué tan rápido se puede analizar el genoma de un paciente en particular? Presionado, Soon-Shiong dice que la meta es 24 horas por cada paciente.

Eso sigue siendo asombrosamente rápido. David Feinberg, presidente del Sistema de Salud de la UCLA, confirma que obtuvo los datos de pacientes con cáncer en un par de días.

Randy Axelrod, vicepresidente ejecutivo en Providence, donde el sistema de Nant pronto será lanzado, dice que envió las secuencias de ADN de varios pacientes y las tuvo de vuelta en pocas horas.

Un análisis de Genomics England, un proyecto del gobierno que pretende secuenciar a 100,000 británicos, encontró que Nant es una de las pocas plataformas que podrían secuenciar consistentemente genomas del cáncer rápidamente.

Aún más impresionante, dice Soon- Shiong —y varios expertos le creen—: ya puede analizar 500 genomas al día, a la par con los centros de investigación de ADN más avanzados del mundo, y será capaz de hacer 4,000 por día a finales de 2015.

Además, Nant puede mover estos enormes conjuntos de datos a cualquier hospital en su red de forma casi instantánea.

La oportunidad de Soon-Shiong para silenciar a los escépticos llegará pronto. “Tienes estas ideas fantásticas; tienes estas personas fantásticas. Ahora llega el momento de mostrarlas”, dice Jim Davies, director de Tecnología de Genomics England.

En el St. John’s, un hospital de Los Ángeles para el que Soon-Shiong ha dado 85 mdd, un prototipo de un sistema da seguimiento en tiempo real a los tratamientos de los pacientes y a su costo. Y en breve se desplegará el sistema entero de Nant a escala completa en Providence Health & Services, que adquirió el St. John’s.

Soon-Shiong conoció al CEO del sistema, Rod Hochman, durante las negociaciones. Ellos desarrollaron la idea del uso de Providence no sólo como un laboratorio de pruebas para el software de NantHealth, sino también para sus pruebas genéticas, ya que buscan ofrecerlo a cada uno de sus 25,000 pacientes con cáncer cada año.

El cáncer es una enfermedad de la genética. Ocurre cuando un defecto genético o, más probablemente, una colección de defectos, hacen que las células se descontrolen y crezcan. Al identificar los defectos genéticos que están presentes, y escogiendo los fármacos para hacerles frente, los médicos pueden ser capaces de tratar tipos de cáncer que de otra forma serían intratables.

Soon-Shiong tiene un ejemplo, identificado mediante la tecnología Nant: Una mujer padecía cáncer cervical y su genoma ya había sido secuenciado. Cuando se capturó en las computadoras de Nant, encontraron que el virus del papiloma humano, que causa el cáncer, se había insertado en un gen llamado Her2. Éste es el destino del fármaco Herceptin contra el cáncer de mama; cuando se le administró Herceptin a la mujer, un medicamento que normalmente no se utiliza en el tratamiento del cáncer cervical, sus tumores se redujeron.

Al final, la declaración más reveladora pudo haber llegado en la Cumbre de Salud. Susan Desmond-Hellmann, que vio el ascenso de Soon-Shiong cuando era directora de Desarrollo Clínico en Genentech, antes de convertirse en rectora de la Universidad de California, San Francisco, y luego directora general de la Fundación Gates: “No lo subestimes.”

“En el fondo él sabe que ser el médico más rico del mundo no es el logro que quiere junto a su nombre. No es suficiente”, dice Crow, el presidente de la Universidad Estatal de Arizona.

“Mi búsqueda era y es mejorar la calidad de vida a través de la ciencia. Eso es lo que me motivó antes y eso es lo que me motiva ahora”, añade Soon-Shiong.

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Ilustración: Bob Daly. 

 

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