Hace más de una semana advertimos que la llegada del precio del dólar a los 20 pesos, y más allá, era inminente con independencia del “efecto Trump. Esto ocurrió el lunes 19 por primera vez en el mercado al menudeo, y el alza siguió hasta que la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos dio a conocer que dejaba sin cambios su rango objetivo de tasa de interés.

Asimismo, el miércoles criticamos la postura de quienes, con la caída del peso a nuevos mínimos históricos, pedían la intervención de la Comisión de Cambios.

Y es que cuando se hace esto, lejos de alejar la especulación, se fomenta más, porque los inversores saben que se ha bajado el precio de manera intencional, por decisión política. Los fundamentos económicos internos permanecen intactos.

De este modo, se vuelve una apuesta casi segura de ganancia el abrir nuevas posiciones en contra de la divisa local. Como resultado, la depreciación es más prolongada y pronunciada de lo que hubiese sido sin la “mano negra” de la autoridad cambiaria.

Como ya decíamos, el miércoles la Fed dejó sin cambios su rango objetivo para la tasa de fondos federales, y de inmediato, el dólar comenzó a desinflarse.

Al cierre de este artículo  ya ningún banco quedaba vendiendo dólares a más de 20 pesos.

Según algunos analistas técnicos como Allan Ramírez (@Capitalista1), la cotización podría caer hasta los 18.88 pesos cuando más, antes de retomar fuerza al alza con rumbo hacia los 21 pesos en la siguiente ola alcista.

La realidad es que se trata sólo de estimaciones, pronósticos que pueden o no cumplirse.

En cualquier caso, lo que sí es un hecho es que se confirma que era falso el supuesto ataque especulativo contra nuestra moneda. El mercado por sí mismo, ante las nuevas circunstancias que en todo momento son cambiantes, perdió presión. No hizo falta intervención alguna.

Los populistas a quienes les encanta despotricar y exigir que “haga algo” por parte de la Comisión de Cambios (integrada por funcionarios de Hacienda y Banco de México), se han quedado sin chamba por el momento.

No obstante, llamamos la atención sobre factores importantes: el dólar se fortaleció y podría volver a hacerlo por el “efecto Trump” tras los debates, como también por renovadas expectativas de que en noviembre o diciembre la Fed ahora sí suba los tipos.

Eso ya lo sabemos y no tenemos ningún tipo de control sobre ello. Sin embargo, el gran elefante en el salón sigue ahí.

Las causas originales y fundamentales de la debilidad del peso–y que sí dependen de nosotros- continúan empeorando: el elevado y creciente endeudamiento público con todo y el recorte presupuestal propuesto para el próximo año; la expansión del crédito en el país a cargo de los bancos privados a un ritmo hasta cuatro veces mayor al del crecimiento estimado del PIB para 2016; el gasto gubernamental deficitario; la ausencia de un Estado de derecho pleno en el país; el pésimo mensaje populista que se transmite al mundo con lo que se prevé contenga la Constitución de la CDMX y sus derechos inventados, y un largo etc.

Dicho de otro modo, si no vemos el árbol para mejor observar el bosque, nos daremos cuenta de que la mesa sigue más que puesta para que después de una baja temporal del precio del dólar, éste se vuelva a disparar.

Tome en cuenta que en este momento ni siquiera estamos atravesando una crisis nacional o global, pero tarde o temprano llegará. Cuando lo haga, los 20 pesos por billete verde se nos van a hacer baratos, y la inflación en México podría acelerarse.

Como prevención a esto último, Banxico debe continuar su ciclo alcista de tipos de interés en su próximo anuncio de decisión de política monetaria del 29 de este mes. La inflación subyacente a la primera quincena de septiembre continúa su tendencia al alza y se ubica ya en 3.05 por ciento a tasa anual. No olvidemos que la inflación al productor excluyendo petróleo cerró agosto en 5.5 por ciento también a tasa anual. Las presiones por ese lado van a seguir.

En suma, nos mantenemos “cortos” respecto a peso. Si lo bueno “casi no se cuenta”, es porque hay aún más cosas malas que quieren que se callen. No pasará en este espacio.

 

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