Juan Carlos Zepeda ha pasado casi 10 años regulando el petróleo y gas del subsuelo mexicano. En el camino, él y su equipo se encargaron de administrar y vigilar la ruptura del gran tabú del México contemporáneo: la entrada de la industria privada al sector petrolero.

Una semana antes de salir de la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH), el comisionado presidente cuenta a Forbes México el verdadero motivo de su renuncia anticipada, vinculada al nuevo momento que vendrá para el sector energético del país y Petróleos Mexicanos (Pemex) por parte del próximo gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

La empresa productiva del Estado recibirá una inversión adicional de 75,000 millones de pesos para aumentar la producción petrolera a 2.5 millones de barriles diarios, desde los 1.8 millones actuales.

“Lo natural era, para ese nuevo impulso, que la CNH tenga ya un nuevo comisionado presidente. Si bien me quedaban cuatro meses más de gestión, para mí, lo natural, lo lógico era terminar aquí”, revela el maestro en economía por la Universidad de Georgetown.

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El pasado 14 de noviembre, el funcionario anticipó su salida de la institución, estipulada para mayo de 2019, al 1 de diciembre de 2018. Esta decisión estuvo acompañada por supuestas presiones de la futura secretaria de Energía, Rocío Nahle, mismas que Zepeda desmintió.

No fue el primer episodio polémico con el cambio de gobierno. El antecedente más fuerte ocurrió en octubre ante una la iniciativa de ley, propuesta por el partido que domina el Congreso, Morena, de subordinar a los reguladores energéticos a la Secretaría de Energía (Sener), lo que propició, incluso, que la industria privada defendiera a las entidades reguladoras. Ante la presión desencadenada, su promotor, el diputado Mario Delgado, desistió y modificó la propuesta.

Pero antes de que las aguas se agitaran, el equipo de Zepeda entregó 111 contratos, y recibió a 74 empresas petroleras de exploración y extracción para que buscaran petróleo en territorio mexicano, de las cuales, 36 son mexicanas y nuevas.

Para dar una dimensión, el comisionado comparte un recuento de las inversiones totales de la industria privada de exploración y producción: 2,165 millones de dólares (mdd) en estudios de inversión; 1,018 mdd en pagos al Fondo Mexicano del Petróleo; 760 mdd en inversión ejecutada por contratos, así como 290 mdd en licencias de información, un total de 4,233 mdd hasta el momento.

“Eso es lo que en estricto rigor se ha invertido en México a favor por parte de la industria de exploración y producción al dia de hoy. Pero las inversiones fuertes están por venir”, agrega.

El compromiso mínimo de perforación es de 236 pozos en los próximos cuatro años, que representarían inversiones por 21,000 millones de dólares, asociados aún a la fase de exploración y e valuación. “Todavía ni llegamos a la fase de producción”.

Zepeda dice que si una tercera parte de los pozos tuviera éxito, detonaría compromisos de inversión en fase de desarrollo por 62,000 millones de dólares en los siguientes 10 años. “Esa es una estimación conservadora, asumiendo solo un 30% de éxito”.

 Los retos de la próxima administración

Zepeda reconoce que la próxima administración viene con una política energética “distinta”, pero “no mala”, y que será responsabilidad de la CNH asesorarla, incluso él fungirá como asesor externo cuando termine su gestión en la Comisión.

López Obrador y Nahle han prometido elevar la producción petrolera hacia 2024, y han pedido a la industria privada que aporte, por lo menos, 240,000 barriles diarios para cumplir con su meta al cierre del sexenio.

Mientras los petroleras entregan resultados, el gobierno detendrá las subastas contractuales 3.2 y 3.3 hasta 2021, tampoco habrá más asociaciones entre Pemex y privados,  mientras revisan contratos y temas particulares como la extensión de las áreas licitadas.

“Es posible llegar a los 2.5 millones de barriles diarios, es técnicamente factible pero requiere necesariamente el conjunto de toda la industria (…) si únicamente nos apoyamos en Pemex no es posible”, señala.

Pemex está bajo control presupuestario que, según Zepeda, debería cambiarse, pero ante estas condiciones y presiones de corto plazo para producir, la empresa se ha visto forzada a sacrificar inversión en exploración. “Todo esto lleva a un circulo vicioso”.

El funcionario mexicano explica que las tasas de restitución de petróleo se encuentran por debajo del 30%, desde las Probadas (1P), Probables (2P) y Posibles (3P).

“Eso debe sonar las alarmas de que debemos detonar enormes cantidades de exploración y no le podemos pedir a Pemex que lo destine a exploración, necesariamente requiere el concurso de toda la industria”.

En materia de gas natural, las tasas de restitución está por encima de 79%, pero esto no significa que “estamos a todo dar”. La parte más delicada de la matriz energética de México produce menos, por lo que reemplazar una cantidad menor de gas es más fácil. “Estás bien pero por las razones equivocadas”.

El Comisionado Presidente de la CNH advierte que México tiene cuatro grados de vulnerabilidad en materia de gas natural.

El primero es que 62% de la energía eléctrica se genera con gas natural. El segundo es que toda la industria importa 85% de ese gas, sin considerar el autoconsumo de Pemex. El tercero es que el gas natural lo importamos de un solo país (Estados Unidos), y una sola región (Texas). El cuarto es que nuestro país carece de capacidad de almacenamiento. “Hay una situación critica de vulnerabilidad”.

El primer paso para revertir este problema es acelerar el ritmo de las energías renovables con inversiones adicionales en redes de transmisión eléctrica ante la saturación que existe.

Otro reto, que suele verse como ventaja, es que Estados Unidos produce y vende barato su gas natural.

El órgano regulador ha propuesto una empresa del Estado que se enfoque en explorar y producir gas natural y condensados, además de incentivos fiscales como deducción inmediata en el Impuesto Sobre la Renta (ISR) a las inversiones de gas natural.

 La propuesta más estricta

Las autoridades energéticas han coincidido en el gran volumen de recursos prospectivos de gas natural shale que existen al norte del país.

De acuerdo con Sener, los recursos mexicanos son equiparables a cuatro veces la producción histórica de gas y aceite del megayacimiento Cantarell. Solo la Cuenca de Burgos podría tener 55% más de recursos que EagleFord en Texas, equivalente a 40 años de las importaciones anuales de gas natural.

Pero el propio López Obrador ha rechazado el uso de la tecnología de fractura hidráulica horizontal del subsuelo, mejor conocida como fracking, para extraer los hidrocarburos no convencionales.

Con la intención de darle viabilidad al fracking en nuestro país, Zepeda revela su última propuesta como regulador energético: prohibir el uso de agua potable con esta tecnología, es decir, que se utilice agua salobre (con altas cantidades de sal), municipal y reciclada.

“Podría ser el país que establezca la regulación más dura en materia de agua y creo que podríamos darle, aunque no sería fácil, viabilidad en zonas y campos no convencionales”.

Zepeda sabe, quizá mejor que nadie en el país, que la industria de hidrocarburos es de alto riesgo. “Yo nunca invertiría mi lana en esto”, dice, pero agradece a dios su participación en la CNH, donde ayudó a instrumentar el desarrollo de una nueva industria en el país.

Su futuro en el sector continuará en 2019, cuando se incorpore a una empresa administradora de fondos de capital orientada al desarrollo de proyectos de infraestructura y energía, pero sin interés en actividades de exploración y extracción de hidrocarburos.

 

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