En el dinámico y competitivo ambiente empresarial del siglo XXI, un buen líder debe combinar las enseñanzas de los líderes del pasado con nuevas características.

 

¿Qué tienen en común los inventores del avión, el entrenador que dio su nombre al máximo trofeo de futbol americano y los líderes empresariales del siglo XXI? La respuesta a bote pronto es sencilla: su liderazgo. En efecto, las cosas son diferentes hoy de como lo eran a principios y mediados del siglo pasado, pero la esencia del líder está en la forma de afrontar los retos.

Sobre el liderazgo corporativo se han escrito libros y centenares de documentos. Ello sólo habla de la importancia que ciertos individuos cobran dentro de las organizaciones de cualquier tipo (gubernamentales, privadas, políticas, sociales, militares, etc.) debido a su contribución al valor agregado que pueden generar para su institución.

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Los hermanos Wright

La historia de los hermanos Wright es la de dos hombres que, gracias a la aplicación sistemática de una serie de principios, lograron lo que los mejores y más inteligentes científicos de su época sólo imaginaban. Estos principios se traducen en:

  • Concebir ideas a través de un conflicto constructivo, es decir, someter las ideas de uno al escrutinio del otro, con pleno respeto mutuo.
  • Resolver primero la parte más difícil de un problema. El objetivo de los Wright no sólo era volar, sino hacerlo con equilibrio y control; en vez de concentrarse en cómo despegar, sabían que primero había que solventar estos dos complejos factores.
  • Experimentar constantemente para mejorar. Cada vez que alguien experimenta con una idea o un objeto, existe la posibilidad de encontrar vías para mejorarlo. Al experimentar, Orville y Wilbur Wright buscaban comprender, aprender y mejorar.
  • Abordar un problema de manera lógica y a la vez contar con opciones ilógicas. Uno de los retos que enfrentaban era preservar la flexibilidad de las alas sin afectar el eje del avión, lo que parecía irrealizable. Gracias a la experimentación descubrieron la torsión de las alas: al torcer una caja de cartón en dirección opuesta a cada uno de sus extremos, ésta mantenía su rigidez; rápidamente cayeron en la cuenta de que el mismo principio podría aplicarse a la construcción de las alas del aeroplano.
  • Preservar en la pasión constante por el conocimiento. Cada vez que algo les interesaba a los Wright, empezaban de inmediato a buscar información sobre ello.
  • Prestar una atención meticulosa al detalle. Al planificar siempre ponían atención en los detalles: dividían el problema en partes más pequeñas y documentaban todo lo que hacían.
  • Pocos miembros de un equipo podrán presumir de la misma confianza que Wilbur y Orville tenían uno en el otro. Con ella, los hermanos ponían literalmente la vida de uno en las manos del otro, pues el más mínimo fallo podía resultar fatal.

 

Vince Lombardi

Reconocido como uno de los mejores entrenadores en la historia del fútbol americano, razón por la que el trofeo anual del Super Bowl de la NFL lleva su nombre, era un líder que supo sacar lo mejor de cada uno de sus jugadores a través de prácticos principios:

  • Motivar y fomentar la cooperación. Una de sus frases más célebres es: “Los éxitos de una organización son el resultado de la combinación de esfuerzos individuales.” Lombardi creía en el talento individual de sus jugadores; por ello los motivaba y promovía la cooperación.
  • Planear y trabajar acorde al plan. De acuerdo con Lombardi, todo plan requiere cuatro etapas:
    • –Incompetencia inconsciente (no se sabe que se va a hacer y no se tiene experiencia haciéndolo).
      –Incompetencia consciente (se experimenta por sentido común lo que se debe hacer de acuerdo con el qué y el cómo que establece el líder).
      –Competencia consciente (se sabe exactamente qué se tiene que hacer y cómo hacerlo, pero se requiere poner toda la atención para que las cosas salgan de acuerdo con lo deseado).
      –Competencia inconsciente (cuando las cosas se hacen bien sin tener que pensar cómo).
  • No rendirse. Lombardi decía que “El mayor logro no es nunca caerse, sino aprender a levantarse de cada caída”. Para crecer hay que empezar a hacer cosas nuevas y no creer que lo sabemos todo.
  • Incentivar el segundo esfuerzo. Ligado al anterior, cada jugador tiene que dar un extra para predicar con el ejemplo: dar más que el resto y convertirse en el modelo a seguir, especialmente cuando las cosas no salen bien a la primera, es lo que hace el líder.
  • Tener una mentalidad ganadora. La competencia existe en cualquier actividad; como grupo es importante que un líder lo deje muy claro. Ganar no se trata de algo ocasional, sino del objetivo que siempre se tiene en mente y, como en el futbol, al dirigir una empresa el principal objetivo es ganar.
  • Ser parte del equipo. Todo buen líder tiene que saber escuchar las necesidades de un aprendiz, rodearse de gente con capacidad, confiar en ellos y compartir su visión.

 

El líder del siglo XXI

El tema del liderazgo genera cada vez más atención por la celeridad de los cambios en el entorno (tecnológico, económico, social) de las organizaciones, que demanda nuevos enfoques y comportamientos gerenciales. Además de los factores tecnológico-productivos, el marketing y las finanzas, el líder de este siglo se enfoca en el capital humano.

En el dinámico y competitivo ambiente empresarial del siglo XXI, un buen líder debe sumar las enseñanzas de los líderes del pasado combinadas con nuevas características: como los Wright, atreverse a fomentar el conflicto constructivo como fuente de creatividad, correr riesgos y experimentar para aprender, rompiendo moldes de pensamiento; como Lombardi, ejecutar las etapas de incompetencia y competencia ajustándose a un plan, aprender a compartir el trabajo y la gloria del éxito, y desarrollar mentalidad ganadora.

A ello podría agregarse:

  1. Aprovechar lo que se tiene. Administrar los recursos que tenga a su alcance para lograr los objetivos. Los Wright no tenían mucho, Lombardi sólo tenía jugadores.
  2. Ir más allá de una idea. Desarrollar una visión a largo plazo para detectar oportunidades y anticiparse a posibles problemas. Gracias a ello existen los aviones y el mariscal de campo puede cambiar la jugada para llegar a la meta.
  3. Saber comunicar. Un campeonato se puede perder si algún jugador entendió algo diferente sobre la jugada decisiva.
  4. Creer. Los Wright creyeron en su máquina porque ignoraron a quienes les dijeron que era imposible que un aparato más pesado que el aire pudiera volar.
  5. Resolver. Solucionar los problemas que vayan surgiendo de manera inmediata y efectiva; tomar decisiones con valentía y no esconderse ante sus posibles consecuencias.
  6. Ser firme en la disciplina. No amilanarse ante los problemas y saber exigir y exigirse. Si Lombardi citaba a entrenamiento a las 9:00 horas y un jugador llegaba a esa hora, ya era tarde.
  7. Ser honesto. La honestidad es un valor ético que debe estar presente en cualquier persona con liderazgo. Si el equipo detecta esta honestidad, comprenderá que están delante de un líder que no les va a dejar en mitad del camino y tendrá su confianza ganada.

Sin importar si un líder nace o se hace, no hay duda de que el líder es valorado o valorada en su empresa por ser impulsor y generador de valor agregado en ella.

 

Contacto:

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Instagram: larry_d_rubin

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Página web: SpencerStuart

 

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