La estrella de cine hongkonesa quiere filmar menos películas de artes marciales y más historias con mensajes de paz, y educar a Hollywood en el proceso.

 

Por Zack O’Malley Greenburg

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En una reciente visita a Los Ángeles, Jackie Chan se reunió con un grupo de famosos actores de Hollywood para cenar en la casa de Will Smith. Tan pronto como la cena terminó, Chan se levantó, tomó su vaso aún con un poco de agua y vertió el resto en una planta en maceta.

“¿Qué haces?”, le preguntó Smith, según recuerda Chan.

La estrella de Rush Hour explicó que en Los Ángeles, igual que en Beijing, la gente constantemente desperdicia el agua –incluso en periodos de escasez, ¿por qué no tratar de ahorrar una poca?

“Jackie –dijo Smith después de una breve pausa–, a partir de ahora, toda mi familia aprenderá a hacerlo.”

La conservación del agua no es la única área en la que Hollywood parece buscar a Chan para recibir orientación. Es uno de los pocos actores que ha encabezado éxitos de taquilla en Estados Unidos y China; lo más importante: es parte de un grupo selecto con una verdadera comprensión de los fundamentos de la industria del cine a ambos lados del Pacífico.

Su posición privilegiada en Oriente y Occidente es la razón principal por la que Chan ganó un estimado de 50 mdd este año, más que cualquier actor del mundo, excepto Robert Downey, Jr., y suficiente para ocupar el puesto número 38 en la lista Celebrity 100 de este año, justo entre Tiger Woods y Kobe Bryant.

Chan también participa en esfuerzos de conservación y filantrópicos a una escala más grande que la mayoría de los habitantes de Hollywood. Un embajador de Buena Voluntad de UNICEF que dirige su propia fundación caritativa, últimamente ha estado grabando montones de anuncios de servicio público dirigidos a los consumidores chinos para disuadirlos de la compra de productos hechos de tigres y rinocerontes cazados furtivamente.

Después que lo entrevisté en Los Ángeles a principios de este mes, Chan emprendió un viaje de ayuda a las víctimas del terremoto en Nepal antes de regresar a China para el Festival de Cine de Shanghai.

Una de las cosas que fueron mencionadas en nuestra charla: Chan quiere pasar esta fase de rodajes haciendo películas con más mensaje que antes.

“Miro Drunken Master, y está mal!”, dice, golpeando sobre la mesa para dar énfasis. “Nada de alcohol ni de peleas, tengo que corregirme. Quiero decirle a la gente, a través de las películas, lo importante que es la paz.”

También lo es la conservación del agua, y su evangelio ante celebridades se extiende más allá de la familia Smith. Chan me dice que un día, mientras cenaba al aire libre en Beverly Hills en una mesa cerca de la de Jay Z, hizo su ritual habitual después de comer, regar una planta cercana con lo que quedaba en su vaso. Jay Z le preguntó qué estaba haciendo, y Chan le explicó su misión.

“Jay Z dijo, ‘Ok, tengo que aprender de eso’”, recuerda Chan. “Creo que inspiro a mucha gente.”

 

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