El desarrollo económico mundial no tiene que antagonizar con las necesidades del ser humano y del planeta. Si logramos trascender esta dualidad y convertirla en una sola realidad, entonces todos habremos ganado.

 

Después de ver una unión económica tambalearse una vez más y los precios del petróleo desmoronarse, la caída de las bolsas en todo el mundo, la desaceleración de China y el desplome de las monedas en los países en desarrollo punzan como un balde de agua fría. El arduo panorama económico por el que estamos pasando invita a pensar en algunas de las tendencias más importantes que definirán la escena mundial en un futuro más cercano de lo que imaginamos.

 

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Infraestructura y financiamiento

El mundo necesita urgentemente de financiamiento. Parte del mundo en desarrollo ve al Banco Mundial —proveedor de capital, consejo y recursos— dominado por la visión de Estados Unidos y Europa. Así es como surge el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB, por sus siglas en inglés), que pasó inadvertido entre la crisis griega y el sobresalto por la economía china. El AIIB representa una pieza estratégica en el suministro mundial de capital. Cuenta con el respaldo de 57 países, pasando por Medio Oriente, Sudamérica, África e incluso —quién lo imaginaría— Alemania. Su primer gran proyecto es un cinturón económico y ruta marítima que, al igual que la Ruta de la Seda, prevé conectar comercialmente a Asia, África y Europa, y potenciar su crecimiento. También se espera que ayude a soportar las cada vez mayores necesidades de infraestructura de África. Así, la demanda por inversión seguirá aumentando en todo el mundo, pero asignarlo eficientemente será lo que se ubique en el reflector. Esto nos lleva a considerar los siguientes puntos.

  1. Cambio climático
    A pesar de la importancia de desarrollar la infraestructura de los países, la realidad es que este tipo de inversión, como la conocemos hasta ahora, implica un fuerte impacto en el medio ambiente en un momento en que vivimos en un planeta que no fue hecho para que el ser humano habitara en él debido a los cambios drásticos que ha experimentado recientemente. La pregunta entonces es ¿cómo integrar estas dos realidades y convertirlas en un catalizador para el crecimiento, en una fuente de sustentabilidad e innovación?
    En un mundo donde se espera que los sistemas de agricultura, climático y migratorio comiencen a colapsar en algunas décadas, la demanda de infraestructura en sistemas de emergencia se elevará drásticamente. Por primera vez, las sequías que ocurran a miles de kilómetros de distancia tendrán un efecto mayor al de solamente elevar los precios, y la escasez de comida y recursos afectará dramáticamente incluso a países que tradicionalmente no se ha pensado que se verán afectados. ¿Cuántos hemos pensado que mientras no vivamos cerca de las costas todo estará bien?
    Al final, la primavera árabe inició debido al alza de precios ocasionado por sequías que ocurrieron en lugares tan alejados como China, Argentina y Rusia, y un estudio de la Universidad de Berkeley señala que de incrementarse la temperatura 2 grados Celsius en las siguientes décadas (una cifra baja de acuerdo con nuevas estimaciones), la violencia entre individuos y entre grupos (pensemos en guerras civiles) aumentaría en más del 50% en muchas partes del mundo. El Departamento de Energía de Estados Unidos ha predicho que el Ártico perderá su hielo de verano el siguiente año, 84 años antes de lo proyectado en modelos pasados, y en agosto de este año una ciudad en Irán experimentó una temperatura de 74°C (en su índice de calor), la segunda más alta registrada en la historia de la humanidad.
    La globalización nos ha brindado, entre otras cosas, conectividad e innovación. Sin embargo, hay una cierta ironía en juego, plasmada en su misma existencia, pues será la globalización la que provocará que nadie quede libre de los efectos del cambio climático.
  2. Comercio internacional
    Frecuentemente se cita a China como un estandarte en la lucha contra la pobreza valiéndose casi exclusivamente de su crecimiento económico. Logró sacar a 500 millones de personas de la pobreza entre 1981 y 2008, debido al desarrollo industrial que patrocinó desde los años setenta, basado, en parte, en su expansión comercial. Pero los beneficios del comercio internacional no vienen sin una gran advertencia. La realidad es que las políticas por las que se rige la Organización Mundial del Comercio (la autoridad reguladora en el tema) nunca han incorporado las preocupaciones del cambio climático que la comunidad científica y organismos intencionales promueven. El libre comercio y los esfuerzos que ha conllevado provocaron que la transición a energías renovables –que debería estar hoy en día en su apogeo– haya fracasado. La transición ocurrirá; el problema es que tomará décadas en ocurrir, y con ello millones de vidas, vidas que pudieron haberse salvado. Así, hoy nos vemos envueltos en un dilema de crecimiento económico “como de costumbre” y una necesidad de sustentabilidad. Pero es ahí donde radica el potencial innovador de las millones de empresas que basarán sus servicios en esquemas “verdes”, así como el de nuestra forma de comerciar.
  3. El papel de las ciudades
    El crecimiento futuro será timoneado por las ciudades y no los países del mundo, de acuerdo con el periódico inglés Financial Times. Se espera que en los próximos 10 años, 660 ciudades serán las encargadas de aportar 65% del PIB mundial, donde 440 de éstas se ubican en países en desarrollo, afirma McKinsey Global Institute.
    Así, la gran pregunta es cómo asegurar que estos epicentros logren cumplir el papel que les ha sido asignado. Tomando los puntos que mencioné anteriormente, un ejemplo cercano es cómo podremos satisfacer las necesidades de agua y transporte, de educación y empleo, de bienestar y dignidad humana, para los millones de mexicanos que viven en la Ciudad de México y que seguirán ingresando en el futuro. Las mismas preguntas se hacen Bangkok y Nueva Delhi, São Paulo y Beijing. Pero el potencial innovador de las ciudades puede facilitar cumplir estos objetivos. Provoca una sensación de alivio y expectación pensar lo que depara la unión de distintas ideas y perspectivas en un solo lugar. Éste es el gran potencial de las ciudades.

Con todo esto en mente, la pregunta radica en si podremos fomentar para los países en desarrollo la etapa de industrialización por la que pasaron Europa, Estados Unidos y el este de Asia, o si seremos capaces de impulsar un nuevo modelo de crecimiento, urgente para las economías, sus habitantes y el planeta. Enfrentarnos a un planeta desconocido para el ser humano requerirá de una capacidad enorme de adaptación colectiva. Pero lejos estamos de tener un oxímoron: el desarrollo económico mundial no tiene que antagonizar con las necesidades del ser humano y del planeta. Si logramos trascender esta dualidad y convertirla en una sola realidad, entonces todos habremos ganado.


Referencias
– Dobbs, R. (2015, Agosto 6). Redefining EM: Cities, not Countries, are Key to Growth. Financial Times.
– Dobbs, R., Remes, J., Manyika, J., Roxburgh, C., Smit, S., & Schaer, F. (2012). Urban World: Cities and the Rise of the Consuming Class. McKinsey Global Institute.
– Hsiang, S., Burke, M., & Miguel, E. (2013). Quantifying the Influence of Climate Change on Human Conflict. Science Magazine Vol. 341 No. 6151.
– Maslowski, W., Kinney, J.C., Higgins, M., & Roberts, A. (2012). The Future of Arctic Sea Ice. Annual Review of Earth and Planetary Sciences Vol. 40: 625-654.
– Morris, H. (2015, Agosto 11). Bandar Mahsshahr in Iran experiences ‘second hottest temperature ever’. The Telegraph.
– The World Bank. (2015). Country Overview: China.


 

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