Por Germán Padinger

La fuerza aérea de la India cruzó el martes el espacio aéreo paquistaní y bombardeo un campo de presuntos terroristas islámicos, como respuesta a un ataque suicida en Cachemira que causó al menos 40 muertos entre sus filas.

La operación causó una escalada de tensiones entre ambos países, y el miércoles se reportaron intensos enfrentamientos en la Línea de Control (frontera de facto entre ambos países en la región de Cachemira, reivindicada por ambos) e incluso el derribo de dos aeronaves indias por parte de Pakistán.

La crisis actual parece tener su origen en los conflictos entre militantes islámicos y autoridades indias en Cachemira, y Nueva Delhi incluso acusa al grupo Jaish-e-Mohammed, que tiene su base en Pakistán y se atribuyó el ataque suicida.

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Tras el ataque aéreo y el brote de enfrentamientos en la frontera la prensa india y paquistaní se ha puesto en pie de guerra, celebrando las operaciones y contabilizando bajas y daños causados como si se tratara de la puntuación en un partido de cricket.

La escalada llega, además, en la previa de las elecciones legislativas que tendrán lugar en la India entre abril y mayo, en las que el primer ministro Narendra Modi y su partido Bharatiya Janata se juegan el futuro en una contienda muy cerrada.

Aunque las tensiones latentes y los enfrentamientos en Cachemira son usuales desde la independencia de ambos países en 1947, la incursión india del martes supuso un cambio importante: se trata de una pocas veces en la historia que una potencia nuclear realiza un ataque aéreo sobre el territorio de otra potencia nuclear.

La India condujo su primer ensayo nuclear en 1974, y Pakistán lo hizo en 1998. Ambos programas atómicos con finalidad militar fueron desarrollados en la clandestinidad y ninguno de los países es firmante del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) ni del Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares o del de Prohibición de Ensayos Nucleares (CTBT).

De acuerdo al Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI), organismo que monitorea el desarrollo armamentístico global, la India posee en su poder entre 80 y 100 ojivas nucleares, entre aquellas desplegadas y listas para usar y las que se encuentran almacenadas.

Para la Federación de Científicos Estadounidenses (FAS), el estimado se encuentra entre 130 y 140.

Aunque es difícil establecer en detalle cómo se compone este arsenal, el ministerio de Defensa indio ha señalado en numerosas ocasiones que cuentan con la llamada “triada nuclear”, es decir la capacidad de lanzar armas nucleares desde sitios de lanzamiento terrestres, desde submarinos y desde aviones.

La doctrina nuclear de la India se basa en el principio de la disuasión mínima, es decir la necesidad de contar sólo el número de armas para desincentivar el ataque de un enemigo, y rechaza el primer uso, es decir que no tiene contemplado utilizar sus armas atómicas en forma ofensiva sino sólo en respuesta a una agresión, como señala SIPRI.

De acuerdo a este organismo y también a la FAS, el desarrollo de armas nucleares en el país se encuentra activo y apunta a aumentar el número de armas y su sofisticación.

En el caso de Pakistán, SIPRI reporta un arsenal de entre 90 y 100 ojivas y la FAS de entre 140 y 150.

Pakistán no posee la “tríada nuclear”, y por el momento cuenta con medios de lanzamiento terrestres y aéreos.

Como la India, el programa paquistaní también se basa en la doctrina de la disuasión mínima pero no declara específicamente si rechaza el primer uso o si por el contrario se reserva ese privilegio, en especial ya que el país se encuentra en inferioridad tanto en número de tropas como en armas convencionales con respecto a su vecino.

Al respecto, en los últimos años el país ha estado ampliando su arsenal de misiles nucleares de corto alcance, que puedan ser usados en el campo de batalla y con poca preparación.

La India y Pakistán han vivido en un estado de constante tensión desde su independencia de la corona británica en 1947, y en total pelearon cuatro guerras, tres de las cuales tuvieron su origen en el conflicto por Cachemira.

Desde su separación del Reino Unido Nueva Delhi mostró interés por obtener armas nucleares como medio de disuasión, y este interés se convirtió, desde su perspectiva, en necesidad tras la guerra con China en 1962 y las tensiones latentes con Pakistán.

La India montó el Centro de Investigaciones Atómicas Bhabha (BARC) en Trombay con este fin y se aprovechó del programa “Átomos para la Paz” (Atoms for Peace), un intercambio de tecnología nuclear con fines pacíficos promovido por Estados Unidos y sus aliados en los primeros años de la Guerra Fría.

De hecho, fue gracias al reactor de energía CIRUS fabricado por Canadá para la India y que entró en servicio en 1960, que Nueva Delhi logró acumular el plutonio necesario para su primer ensayo nuclear. El hecho generó fuertes críticas para el programa “Átomos para la Paz”, que también fue instrumental en iniciar los proyectos nucleares de Irán e Israel, entre otros, y provocó modificaciones en los sistemas internacionales de intercambio y salvaguardas.

En 1968 la India rechazó firmar el TNP, un tratado internacional que aceptaba la legalidad de los arsenales atómicos de sólo cinco países (Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido y Francia, o los cinco miembros del Consejo de Seguridad de la ONU) y promovía luego el desarme y la no proliferación. Tampoco firmó el CTBT ni el reciente Tratado de Prohibición de Armas Nucleares.

Y en 1974 llegó el primer ensayo nuclear, apodado “Buddha sonriente” (Smiling Buddha), y realizado en la zona de Pokhran, cerca de la frontera con Pakistán, con un poder de 8 kilotones. Se realizaron otras cinco pruebas, la última en 1998, como reporta la Atomic Heritage Foundation.

Motivado por las tensiones con la India, el programa nuclear de Pakistán también tiene sus orígenes en los años posteriores a la independencia y el país también se benefició del programa “Átomos para la Paz”. recibiendo su primer reactor nuclear de investigación de parte de los Estados Unidos en 1962.

Pero luego de ser derrotado militarmente por la India en las guerras de 1965 y 1971, las intenciones de Pakistán de obtener armas nucleares se hicieron rápidamente evidentes.

“Si India construye la bomba, nosotros comeremos pasto y hojas, pasaremos hambre, pero obtendremos la nuestra”, señaló poco después de la primera guerra el entonces ministro de Exteriores paquistaní, Zulfikar Ali Bhutto.

Pero los indios fueron más rápidos, y tras su ensayo de 1974 la comunidad internacional comenzó a suspender la cooperación nuclear con Pakistán por temor a que otro país obtuviera la bomba atómica.

En ese entonces parecía que el programa nuclear de Pakistán había llegado a un callejón sin salida, pero entonces apareció la figura de Abdul Qadeer Khan, un científico paquistaní que trabajaba en Holanda en URENCO, la compañía internacional de producción de combustible nuclear.

A. Q. Khan, como se volvió mundialmente conocido, robó numerosos secretos sobre el proceso de enriquecimiento de uranio a través de la centrifugadoras de gas y llevó todo este conocimiento a Pakistán, dando en 1976 un impulso al programa nuclear bajo el código de Proyecto-706.

En las décadas posteriores China prestó su asistencia en 1998 Pakistán condujo con éxito su primer ensayo nuclear en las colinas de Ras Koh, al suroeste del país.

“Hoy nos hemos emparejado”, señaló el entonces primer ministro Mohammad Nawaz Sharif.

 

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