Por: Mtro. Reginaldo Martín Esquer Félix

De acuerdo con la OCDE, México se encuentra en la lista de los países con menor inversión en Investigación y Desarrollo con el 0.29% del PIB, y por debajo de países como Colombia (0.298%) y Chile (0.33%), siendo que el promedio de los países de la OCDE es del 2.67%, y desde luego estamos muy lejos del país mas avanzado en esta materia, que es Israel con una inversión del 5.43% del PIB.

Resulta obvio que nuestra puntería es catastrófica, ¿A dónde se va nuestro presupuesto? ¿Refinerías que no refinan? ¿Programas sociales?, en este camino estamos condenados al subdesarrollo cíclico. El país que más invierte en ciencia, investigación, tecnologías e innovación, es el que más posibilidades tiene para el progreso y prosperidad de sus ciudadanos.

Un país que invierte en ciencia y tecnología aumenta su productividad, genera empleo e inclusión, y desde luego despliega la competitividad que produce una ventaja comparativa, que aumenta las exportaciones y la multiplicación de más ingresos para esa nación. Todo ello finalmente provoca una economía de mercado con desarrollo inclusivo, con crecimiento sostenible económicamente, y con el enfoque en tecnologías limpias; ese crecimiento se da en condiciones amigables al medio ambiente. 

Veamos como estamos desde la perspectiva del marco jurídico. 

En el año 2002 se emite la nueva Ley de Ciencia y Tecnología que tenia como principal característica ampliar y pluralizar la gobernanza de las decisiones en la materia, generando instrumentos para regionalizar y descentralizar la ciencia y tecnología; es así como las entidades federativas establecieron sus propios consejos locales, lo que permitió mecanismos de coordinación entre los gobiernos y universidades estatales, investigadores del sistema nacional de investigadores y el CONACYT.

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Ahora sabemos de una nueva iniciativa de ley presentada por el Ejecutivo Federal, que anticipadamente podemos advertir que es regresiva porque retoma el concepto centralista de control por conducto de una Junta de Gobierno que determinará todos los planes y prioridades, y cuyos integrantes son designados por el Ejecutivo Federal, lo que implica la exclusión de estados y municipios, de universidades, del Sistema Nacional de Investigadores y representantes del sector productivo, lo cual desde luego creara discrepancias entre las partes.

Absurdamente, aquí también se contempla la incorporación de la Secretaria de la Defensa Nacional en el Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias, Tecnologías e Innovación que se pretende crear, lo cual desde luego no nos extraña por el papel que esta administración federal les atribuye empecinadamente a los militares, pero resulta un contrasentido de acuerdo con los fines que deberían perseguir.

Además, la iniciativa es contradictoria con el marco legal actual en materia de propiedad intelectual. Y para finalizar la serie de anomalías de la iniciativa, los criterios que consideran para la asignación de becas para estudiantes generan desventajas si se toma como base el criterio de las disciplinas, lo que genera un desequilibrio en la política pública de investigación.

Como pueden ver es un temporal pronosticado con anticipación, ya lo vemos venir.

Solo nos queda seguir pidiendo a los Diputados y Senadores prudencia, atingencia y decoro; que se convoque a un Parlamento Abierto, generando un dialogo inclusivo verdadero, que efectivamente se busquen consensos, sin imposiciones ideológicas. Las prácticas globales de los países ganadores nos marcan una clara pauta, no provoquen la judicialización de todos los temas nacionales.

El presidente estadounidense Eisenhower dijo que las decisiones más urgentes rara vez son las más importantes; este tema, definir cómo México tiene que invertir en Ciencia, Tecnología e Innovación, tiene esa rareza: es muy urgente y es muy importante. Seamos serios.

Contacto:

Mtro. Reginaldo Martín Esquer Félix, Consejero Nacional de Coparmex

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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