La infraestructura en comunicaciones y transportes debe ser un medio para convertir al país en una plataforma logística de alto nivel, y no un mero fin presupuestal.

 

 

Una economía emergente requiere de una logística eficiente; la infraestructura es clave para el desarrollo. En materia de desempeño logístico y competitividad, México tiene –gracias a su ubicación geográfica y a la apertura comercial– el potencial para constituirse en una plataforma logística de alto nivel incorporada a la cadena de valor global. No obstante, ese potencial contrasta con las condiciones actuales en las que se encuentra el país en materia de logística.

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De nada sirve dar pasos hacia adelante si después damos un paso atrás. En el periodo que comprende de 2012 a 2014, México perdió tres lugares en Índice de Desempeño Logístico elaborado por el Banco Mundial, al pasar del 47 al 50, posición que ya había ocupado en 2010. A grandes rasgos, esto significa que parte de los aciertos económicos de los últimos 20 años no han sido plenamente capitalizados debido a las deficiencias logísticas, lo que le ha restado competitividad al país.

La falta de infraestructura de transporte ha demostrado ser un factor de suma relevancia para explicar este rezago. Ahora bien, la necesidad de desarrollar infraestructura en este rubro, no supone simplemente invertir más recursos, sino hacerlo bajo esquemas planeados, que tomen en cuenta las particularidades de cada estado, región o industria en la que se pretende invertir, así como las necesidades de quienes llevarían a cabo las obras.

 

El PNI, el papel de la industria privada

En el rubro de comunicaciones y transportes, el Programa Nacional de Infraestructura 2014-2018 contempla proyectos interesantes que apuntan a desarrollar plataformas de transporte multimodal, es decir, a conectar vías férreas, puertos y carreteras. Para ello, el programa contempla una inversión de 389,016 millones de pesos, de los cuales el sector privado aportará 134,141 millones, es decir el 34%. Una aportación bastante significativa, que es mayor aún si se toma en cuenta que de los 1.3 billones destinados al rubro general de comunicaciones y transportes, la iniciativa privada aportará el 56.8%.

La iniciativa privada desempeñará un papel importante en la edificación de infraestructura durante los próximos años, y sin duda alguna se encuentra técnicamente preparada para asumir el reto; sólo requiere de lineamientos que incentiven su participación.

 

Proyección, contratación y ejecución

En ocasiones anteriores hemos sido testigos de cómo las expectativas de inversión del sector privado, planteadas en el PNI, han quedado por debajo de lo previsto, debido, en parte, a la falta de esquemas de participación y garantías. Hoy, esos esquemas, aunque perfectibles, existen, lo cual representa un avance y aumenta las posibilidades de que las proyecciones se cumplan. Sin embargo, para lograr que los objetivos del PNI se lleven a cabo, es importante no sólo la cantidad de recursos destinados a los proyectos, sino que estos se inviertan bajo lineamientos como la proyección-estratégica, la contratación-transparente y la ejecución-eficiente.

La participación de la iniciativa privada –y, por tanto, la inversión– estará asegurada siempre y cuando se cuente con las garantías que permitan realizar las obras de manera ágil y oportuna. El cumplimiento de las directrices, proyección-estratégica, contratación-transparente y ejecución-eficiente, asegura, además, que cada peso que se invierta en obra repercuta en beneficio de la sociedad.

La infraestructura en comunicaciones y transportes debe ser un medio para convertir al país en una plataforma logística de alto nivel, y no un mero fin presupuestal. Para ello, el sector público y la iniciativa privada deben trabajar juntos; ambos sectores se verán beneficiados de lograr un país más competitivo.

 

 

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