El evento inyectó 120 millones de dólares en la economía local  en 2012 y logró  que muchos hoteles del centro de Chicago  cubrieran todas sus plazas.

 

Reuters

 

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Lollapalooza, el festival musical de tres días que se celebra en el Parque Grant de Chicago, fue  más grande que nunca con un programa que homenajeó sus raíces alternativas y amplió su atractivo a aficionados de la música folk, dance, rap e incluso del country.

La concurrencia alcanzó la cifra récord de 300,000 personas, que se juntaron para escuchar  a casi 150 bandas en ocho escenarios a lo largo del kilómetro y medio de césped del parque ubicado a la orilla del Lago Michigan.

La variedad musical fue tan dispar como los asistentes. Adolescentes con camisetas sin mangas y de colores brillantes se movieron el viernes con la música dance de Dillon Francis, mientras que el domingo, en el cierre del festival, predominaba la ropa negra entre el público que escuchaba a los veteranos The Cure.

Vampire Weekend puso la nota pop y fresca, mientras que el cantante de country-rock Eric Church se dedicó a cantar sobre beber Jack Daniels y consumir drogas.

El grupo de folk Mumford and Sons, una de las atracciones principales de los festivales musicales de este verano europeo, atrajo a las mayores multitudes el sábado, que escucharon sus canciones de banjo y guitarra acústica “I Will Wait” y “The Cave” después de que otro grupo folk en alza, The Lumineers, calentase el ambiente desde el escenario.

La nueva edición del Lollapalooza volvió a agotar las entradas, justificando que es el concierto más grande de los que se celebran en Chicago. El evento inyectó 120 millones de dólares en la economía local en 2012, y en esta ocasión hizo que muchos hoteles del centro de la ciudad cubrieran todas sus plazas.

 

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