Los últimos años han estado cargados de acusaciones respecto a que el mercado más grande de metales preciosos en el mundo, el londinense, es manipulado por las entidades privadas encargadas de esa “fijación” de precios del oro y la plata.

 

El miércoles pasado se anunció que el famoso London Silver Fixing (LSF), dejará de existir tan pronto como el próximo jueves 14 de agosto. Una buena nueva porque es la aceptación implícita –nunca de manera oficial– de que el precio de los metales preciosos monetarios, en específico el de la plata, es arteramente manipulado.

Pero vayamos por partes. El LSF es el mecanismo por el cual tres bancos de lingotes –HSBC, Scotiabank y Deutsche Bank– por medio de una conferencia telefónica diaria al medio día establecen en el mercado de Londres, el precio referencial de la plata. Miles de contratos entre mineras, inversores y compradores en todo el mundo se celebran usando este indicador en fechas específicas.

Sin embargo, los últimos años han estado cargados de acusaciones respecto a que el mercado más grande de metales preciosos en el mundo, el londinense, es manipulado por las entidades privadas encargadas de esa “fijación” de precios del oro y la plata. Los señalamientos van en el sentido de que aquellas se estarían coludiendo con comerciantes externos a quienes se les adelanta información confidencial, para sacar provecho del privilegio que les significa establecer el precio mundial.

Existen ejemplos de que este tipo de prácticas se da incluso en entidades que mucha gente supone como autónomas y muy cerradas como la Reserva Federal. Recordemos que en abril del año pasado se dio a conocer por admisión propia de la Fed, que filtró “por accidente” sus minutas –un día antes de publicarlas, a funcionarios de Goldman Sachs, JPMorgan Chase y Citigroup entre otros bancos. No sabemos cuántas veces antes, sino es que siempre, se ha hecho esto tras bambalinas. Basta que un solo empleado con acceso a los documentos los filtre a escondidas. Después de todo, siempre habrá gente dispuesta a pagar y cobrar por este tipo de información.

Lo mismo pero a escala masiva y cotidiana es lo que habría estado ocurriendo en el LSF.

Pero, ¿qué ocurrió bien a bien para que la historia de 117 años del LSF terminara de manera fulminante? Muy sencillo. Órganos reguladores como la británica FCA (Financial Conduct Authority) y el alemán BaFin se dieron a la tarea de iniciar una investigación seria, ante las acusaciones de manipulación de los precios referenciales del oro y la plata.

A mediados de diciembre pasado, BaFin exigió al Deutsche Bank (DB) diversos documentos privados para descubrir la trama que, según diversos estudios, tendría cuando menos diez años operando. Como consecuencia, en enero el DB anunció que dejaría de participar en el LSF y en el análogo London Gold Fixing (LGF). Este último determina dos veces al día, por la mañana y por la tarde, la cotización referencial del oro con cinco bancos participantes.

Fuentes revelaron a Reuters que el DB pretendía vender sus asientos en el LSF y el LGF a otros miembros de la Asociación del Mercado de Lingotes de Londres (LBMA, por sus siglas en inglés), pero ante el fracaso, no les quedó de otra que dejar en definitiva las operaciones. La última vez que asientos cambiaron de manos fue en 2004 cuando N.M. Rothschild, vendió su lugar en el LGF a Barclays.

No cabe duda que en las condiciones actuales de corrupción del mercado, y su exposición, ya nadie quiere entrarle a un juego del que seguro saldrán muy lastimados y sancionados.

Es así como la salida de DB del LSF, fue definitiva para cavar su tumba, pues los dos participantes aislados que quedan ya resultaban “insuficientes”. Llama la atención que pese a que DB quería salir corriendo de inmediato ante la presión legal de BaFin, fue la propia FCA británica la que los “convenció” de mantenerse en el Fix por tres meses más. Un sospechoso interés oficial en mantener por el mayor tiempo posible este mecanismo de manipulación.

Aunque se percibe un optimismo por parte de los seguidores del mercado del oro y la plata en que el fin del LSF hará caer como dominó al LGF, y que por ende los precios de ambos metales subirán pronto, se debe poner los pies en la tierra. Es positivo que se entierre a uno de los principales centros de manipulación de los precios, pero estamos lejos de que esta termine mientras siga el esfuerzo colosal por revivir imprimiendo dinero el maltrecho sistema financiero y monetario global, cuyo protagonista es el dólar, y este siga teniendo signos vitales.

Además, la LBMA ya está en consultas para encontrar al sustituto del LSF, y si este no se basa en el mercado completo, solo será el mismo corrompido esquema con actores distintos. Eso, sin olvidar que del otro lado del Atlántico, la Fed y Washington son los más encumbrados y furtivos manipuladores de los metales monetarios… y todavía siguen muy activos.

Pero que no se malentienda. La manipulación de los precios del oro y la plata sí terminará, pero cuando el imbatible mercado se termine imponiendo por la fuerza, a los fallidos esfuerzos actuales del sistema de dinero fíat (irredimible) por sobrevivir. No por nada los metales preciosos físicos continúan siendo acumulados en masa sobre todo por aquellos asiáticos capaces de ver lo inevitable. Mientras llega la gran crisis del dólar, seguirán agradeciendo a los manipuladores la oportunidad que les han dado de comprar a precios bajos. Cuando en Occidente despierten de su borrachera de crédito, se darán cuenta de la mortal herida que se han infligido al “regalar” su oro a cambio de su propio papel moneda. En el pecado llevarán la penitencia.

 

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