República Dominicana ocupa la posición 101 del Índice Global de Competitividad. Aunque avanza cuatro posiciones, este año aparece  entre los últimos lugares en la región.

 

Por Geizel Torres

 

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No cabe duda de que subir cuatro pues­tos en el Índice Global de Competitividad, que ela­bora el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), nos obliga a ver el vaso “medio lleno” y a sentirnos optimistas porque vamos por buen camino. Sin embargo, no se puede omitir que la región avanza y hay que reforzar y afinar el motor que nos lleva al otro lado de la raya: a las grandes ligas de los países más competitivos.

De acuerdo con Lawrence Pratt, direc­tor del Centro Latinoamericano para la Competitividad y el Desarrollo Sostenible (CLACDS), la Escuela de Negocios INCAE, “República Dominicana es una economía inclinada a la eficiencia que busca la manera de entrar a esta ‘primera división’ de los paí­ses que desarrollan economías orientadas a la sofisticación y la innovación.”

Para el especialista, los factores posi­tivos que inciden en el desempeño del país tienen que ver con su buena oferta de infraestructura, especialmente en aeropuertos, puertos y carreteras, y la disponibilidad de asientos de líneas áreas, lo cual brinda una adecuada conectividad, sobre todo para mantener el dinamismo de sectores importantes como el turismo. Resalta también la transferencia de tecno­logía por parte de la inversión extranjera directa (IED).

No obstante, el país sigue padeciendo de problemas importantes en pilares fun­damentales para su nivel de desarrollo. En cuanto a las instituciones existe poca confianza en los políticos y en el manejo de fondos públicos, así como cuestionamien­tos a la independencia judicial y el favo­ritismo en la toma de decisiones. Al igual que en otros países de la región, los costos asociados a la violencia y el crimen son par­ticularmente altos. La educación tiene pro­blemas en varios niveles, sobre todo en la calidad de la enseñanza primaria, la calidad de las matemáticas y las ciencias, y el acceso a Internet en las escuelas. Asimismo se observan problemas relacionados con la prevalencia de barreras al comercio y la eficiencia del mercado laboral.

Por otro lado, ejecutivos de empresas establecidas en República Dominicana, entrevistados para el informe, señalaron de forma específica que los principales problemas que enfrentan son la tasa impo­sitiva, el acceso al financiamiento y la corrupción.

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América Latina se estanca

Para el especialista del INCAE, América Latina inició una desaceleración de su economía en 2012 y continuó un año des­pués. Para 2014 se espera que la región crezca apenas 2.5% anual, exacerbado por la caída en las exportaciones y los precios de las materias primas, así como por una menor IED. De forma general, la región adolece de poca productividad, calidad de la infraestructura, desarrollo de capacida­des e innovación.

Esto se refleja en que tres de las prin­cipales economías de la región (México, Brasil y Perú) sufrieron retrocesos, por lo que el informe recomienda a la región rea­lizar reformas urgentes estructurales e inversiones productivas en infraestruc­tura, competencias educativas e innova­ción, a fin de retomar el crecimiento de las décadas pasadas.

La nación mejor valorada de toda Amé­rica Latina y el Caribe fue Puerto Rico, ubicada en el puesto 32 del total, seguida de Chile, que quedó en el lugar 33. El pri­mero retrocedió 2 puntos en el ranking, mientras que el segundo escaló una posi­ción con respecto al estudio 2013-2014.

Otros aspectos sobresalientes en el estudio son las diferencias abismales entre los países del Caribe. A pesar de que Puerto Rico goza de una buena posición dentro del índice, presenta más burocra­cia estatal y mayores restricciones en su legislación laboral, mientras que en Haití (137) los problemas principales son el difícil acceso al financiamiento y su falta de infraestructura.

Entre los países similares se encuen­tran Jamaica (86) y Trinidad y Tobago (89), que reportan a la burocracia guber­namental, la corrupción y el crimen como sus principales problemas, mientras que quienes buscan invertir en Repú­blica Dominicana (101) deben lidiar con impuestos excesivos y un difícil acceso al financiamiento.

Del otro lado de la línea se encuentran Chile (33), Panamá (48) y Costa Rica (51) como los mejor valorados de Latinoa­mérica, mientras que Haití y Venezuela son los más rezagados.

En la región de Centroamérica y el Caribe, el informe presenta una mejoría notable, donde es necesario señalar a países como El Salvador, que subió 13 posiciones con respecto al año pasado y ahora se ubica en el puesto 84, y Hon­duras, que avanzó 11 para situarse en el número 100.

Guatemala hizo lo propio y avanzó ocho escalones, en tanto que Nicaragua se queda en la misma posición 99 que ocupó el año anterior. A pesar de que Panamá es el mejor valorado de la región centroamericana, el país canalero perdió ocho lugares con respecto a 2013. Según Pratt, esto se debe al acceso que tienen los inversionistas a la mano de obra de calidad, lo cual se refleja en las variables de baja matrícula en edu­cación básica y secundaria, uso deficiente del talento y baja disponibilidad de cientí­ficos e ingenieros.

A nivel mundial, el país que mejor pun­teó en el ranking fue Suiza, que para mejo­rar más su competitividad debe obtener más mano de obra calificada y permitir menores regulaciones gubernamentales en sus leyes de trabajo. La otra cara de la moneda es Guinea (144), cuyos mayores problemas son el acceso al financiamiento formal y una alta tasa de corrupción gubernamental.

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