Por Sergio Meneses y Carlos Navarro*

En muchas ocasiones, el liderazgo de una gran organización es ampliamente reconocido cuando sus colaboradores, liderados por el director ejecutivo (CEO), han mantenido una percepción intachable ante entidades reguladoras y sociedad en general, más allá de su probado desempeño de negocio y productividad. En este escenario, los resultados podrían dar la razón al crecimiento y la reputación de la compañía. Sin embargo, hay un elemento muy frágil que podría derrumbar en corto tiempo todo lo que se ha construido: los errores éticos cometidos por los CEO.

Ya sea con intención o por omisión, el precio que las empresas pueden pagar por estas faltas puede ser millonarias, pero el daño hacia su imagen, incluso si estas son subsanadas subsecuentemente, puede ser irreversible: la exposición ante la opinión pública y los medios de comunicación puede representar un lastre insuperable, dejando una marca muy difícil de borrar.

Los CEO, si bien son responsables de su actuar, también lo son de aquellos a quienes supervisan -como los gerentes, los directores o los jefes, etcétera-, por lo que un error ético de éstos, es “su error”.

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Aumenta sucesión forzada de CEO

En este sentido, el estudio de PwC “CEO Success Study 2016”, encontró que la sucesión forzada de directores ejecutivos por problemas éticos aumentó 36%, resultado que se dio a partir del análisis de 2,500 de las empresas más grandes del mundo en los últimos 10 años.

La incidencia mayor la muestran Estados Unidos y Canadá, ya que comparando el periodo de 2007-2011 con el lapso 2012-2016, ésta aumentó 102%, por arriba de Europa Occidental y las economías BRICS. Las organizaciones más afectadas son las grandes corporaciones, ya que el entorno regulatorio, así como la mayor vigilancia que tienen de la opinión pública, las hace candidatas idóneas.

Si bien no hay algún dato que refuerce la idea de que estos errores se derivan de actos ilícitos, las violaciones de tipo ético se cimentan ya sea en omisiones de los propios CEO o conductas de sus colaboradores que no fueron identificadas oportunamente, aun siendo legales, que no éticas. En ocasiones las señales que desembocan en un problema ético pueden desarrollarse con el tiempo, por lo que ignorar cualquier información por increíble que parezca podría impactar al futuro de la organización.

Acciones rápidas y tendencias en rendición de cuentas

La respuesta inmediata es crucial. No basta con enmendar los errores en el momento, sino reconocer cuáles fueron los deficientes procesos históricos que llevaron a un indeseable desenlace ético. Todavía resuenan los casos de grandes corporativos como Enron, Worldcom o Yahoo, en los que, en mayor o menor medida, las transgresiones éticas han acabado con organizaciones enteras, la transformación de otras y, en algunos casos, altas penas carcelarias.

El estudio de PwC identifica cinco tendencias que hoy definen la rendición de cuentas de los CEO: la opinión pública, el gobierno corporativo y regulaciones, el entorno operativo; la comunicación digital y el flujo constante de información.

Es claro que el escrutinio público ha jugado un papel fundamental, incrementando su ojo crítico y desconfiando de lo que se le presenta en primera instancia. No obstante, las normas y procedimientos más estrictos en Gobierno Corporativo, así como el endurecimiento de las regulaciones, han permitido una mayor vigilancia y una identificación más oportuna de desviaciones éticas.

Otro aspecto importante es la relación que las compañías mantienen globalmente, lo que ha incrementado los casos de vincularse con otras organizaciones que no poseen esquemas éticos sólidos, lo que podría causar eventos indeseados de gran impacto.

Finalmente, los CEO y los colaboradores en general están bajo una mayor exposición sobre sus actividades en medios digitales, lo que ineludiblemente los enfrenta con riesgos más grandes, así como con el hecho de rastrear con más facilidad evidencia que pueda comprometerlos. A esto se suma el flujo diario y constante de la información, que puede incidir rápidamente en una imagen negativa y perjudicial.

Indiferencia u omisión, una bomba de tiempo

La conducta que se espera de un CEO siempre va atada a las mejores expectativas, no obstante, en muchos casos esto no ha sido así. El elemento positivo es que se han dado pasos firmes para que los casos identificados se castiguen, y crear así una cultura a través de un sistema de conducta ético que permee a lo largo de la organización.

La indiferencia u omisión hacia las señales de advertencia, dejar pasar información valiosa o no darle seguimiento a alguna denuncia, por más inverosímil que parezca, podría tener consecuencias desastrosas. Si bien no todo error ético tiene que ser un ilícito, la reparación del daño es larga, si no imposible. Es así que todo líder debe encarar y actuar ante cada situación que implique un problema de ética, no sólo estableciendo políticas al respecto, ya que no hacer nada o encubrir alguna situación de este tipo sólo creará una bomba de tiempo esperando estallar.

*Sergio Meneses y Carlos Navarro son Socios de Strategy& de PwC México.

 

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Twitter: @PwC_Mexico

 

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