Por Pedro Rangel* y Luis Godoy**

Un pago con tarjeta, un anuncio del presidente o un clic en una aplicación: Todo eso es un dato, o más bien son millones de migajas digitales que desafían la concepción de información que tenemos. Para entender este nuevo dinamismo digital, social y tecnocientífico, y para administrar la cantidad inmensa de datos que circulan en el mundo, la ciencia de datos se ha convertido en un campo interdisciplinario necesario para la toma de decisiones.

Muchas organizaciones han incorporado a la ciencia de datos como parte de su estructura, a través de equipos con capacidades matemáticas, estadísticas, y computacionales; pero también con conocimientos legales, económicos y políticos.

Los Directores de Ciencia de Datos, conocidos en el mundo anglosajón como Chief Data Officers, se convirtieron en la figura responsable de adquirir, analizar, procesar y aprovechar datos como activos estratégicos dentro de una organización, a fin de identificar nuevas oportunidades, patrones, relaciones y tendencias que permitan mejorar el desempeño organizacional.

En el sector privado, esta figura ha desempeñado un rol fundamental en la inteligencia de negocios y en la administración interna de datos interna de una empresa. En los años recientes y recientemente, la figura de los Chief Data Officers ha comenzado a ser de interés en del sector público.

En febrero de 2015, el entonces presidente de los Estados Unidos de América, Barack Obama, nombró por primera vez en la historia a un Director de Ciencia de Datos. El matemático DJ Patil, designado para esta encomienda, tuvo la responsabilidad de ayudar al gobierno de los Estados Unidos a maximizar sus inversiones en el desarrollo de ciencia de datos. Él fue el encargado de una iniciativa de datos policiales en la cual se logró integrar y distribuir más de 170 bases de datos de cientos de jurisdicciones que han servido para entender y analizar patrones y sesgos del uso de la fuerza pública.

Sin embargo, mucho antes que la Casa Blanca, algunos alcaldes innovadores ya habían utilizado el análisis de datos para la toma de decisiones de política pública. Un ejemplo es el programa Compstat, que fue implementado en la ciudad de Nueva York durante el gobierno del alcalde Rudolph Giuliani, mediante el cual se mejoró la efectividad del Departamento de Policía, logrando reducir el crimen en la ciudad.

El análisis y la apertura de grandes cantidades de datos para la toma de decisiones en el sector público es una tendencia global. A partir del lanzamiento de la Alianza para el Gobierno Abierto en 2011, múltiples gobiernos de alrededor del mundo han incluido en sus agendas de política pública, la apertura de las bases de datos de sus respectivas instancias gubernamentales.

La tesis fundamental plantea que, si los gobiernos hacen públicas sus múltiples y diversas bases de datos, la ciudadanía las analizará, procesará, y generará nuevos productos y servicios, así como soluciones innovadoras para atender problemas sociales.

Sin embargo, esta tesis sólo sería correcta en un contexto de plenas habilidades: funcionarios especializados del gobierno con los conocimientos para la correcta generación de las bases de datos; así como más ciudadanos con las habilidades técnicas necesarias para sacarles provecho.

Nada más alejado de la realidad. Una gran mayoría de países se ha enfrentado a una escasez de habilidades al respecto, tanto para la generación de las bases de datos, así como para innovar a partir de las mismas.

Por una parte, la mayoría de los gobiernos aún no han modificado sus procesos para la generación de bases de datos que cumplan las características técnicas para ser procesados, además de que la información que a información que generan los gobiernos es limitada, los datos que publican no están integrados y una buena cantidad de las bases de datos que se han publicado no tienen valor público, o no pueden ser aprovechados.

Por otra parte, los ciudadanos que utilizan las bases de datos generadas por los gobiernos realmente son grandes empresas y unas cuantas startups que tienen la capacidad económica y el personal que posee las habilidades técnicas necesarias para el análisis de técnica para explotar grandes cantidades de datos.

Lo anterior significa que los gobiernos han utilizado muchos recursos humanos y económicos y humanos relevantes para la publicación de sus bases de datos, en beneficio de unas pocas grandes compañías, las cuales han generado nuevos servicios dirigidos principalmente a las clases medias y altas, pero en menor medida hacia el sector de la población con mayores necesidades.

A fin de superar estos retos, distintos gobiernos han resaltado la necesidad de profesionalizar la figura de los Chief Data Officers en sus instancias gubernamentales. Por ejemplo, el 14 de enero de 2019, en los Estados Unidos se aprobó una legislación que exige a cada uno de los titulares de las agencias federales designen a un oficial de ciencia de datos. Chief Data Officer.

En México, existen diversos entes del Gobierno Federal que están desarrollando iniciativas de innovación a partir de sus propios datos, tales como los proyectos DataMéxico de la Secretaría de Economía, o la app Litro por Litro de la Profeco. Por su parte, el Gobierno de la Ciudad de México lanzó recientemente la Agencia Digital de Innovación Pública, la cual se ha convertido en un referente nacional en el uso y apertura de datos.

En cuanto a la generación de habilidades para la población, este año el Consejo Universitario de la UNAM aprobó acertadamente la creación de la nueva Licenciatura en Ciencia de Datos, y cada vez existe más oferta por parte de instituciones especializadas en la materia.

Aún falta mucho por hacer a nivel global en cuanto al desarrollo de habilidades. La hora de los Chief Data Officers en el sector público ya está aquí. Sin embargo, es importante no olvidar que el desarrollo de habilidades es indispensable para el éxito de esta política, y que la publicación de bases de datos no debe de ser un fin en sí mismo, sino un medio para lograr un mayor bienestar para la población.

La hora de los Chief Data Officers y de la ciencia de datos en el gobierno ya está aquí.

*Maestro en Políticas Públicas. Harvard University

**Maestro en Administración Pública. Columbia University.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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