México podría registrar en 2020 un déficit en energía, pese a ser la octava potencia petrolera del mundo y tener en el subsuelo abundantes yacimientos.

 

Por Orquídea Soto

 

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En energía, el escenario en México es kafkiano. En ese marco, el país se prepara para discutir la reforma al sector energético, al tiempo que el gobierno federal absorbe los costos vía subsidios.

Ésta es la fórmula que hoy tiene al país a la zaga: México ocupa el cuarto lugar en reservas de gas natural (es decir, tiene potencial para satisfacer la demanda, incluso, de varios siglos), pero carece de la capacidad para traer el gas a la superficie.

Su principal socio comercial, Estados Unidos, pronto será autosuficiente en recursos energéticos. Para 2035, se prevé que Estados Unidos sólo importará 9% de éstos (hoy importa 20%), mientras México —según la Secretaría de Energía— se convertirá en 2020 en un país estructuralmente deficitario en energía, a pesar de tener los recursos potenciales para no serlo.

Paradójicamente, la riqueza petrolera profundiza la desigualdad en México. Se estima que 48 de cada 100 mexicanos viven en la pobreza; en tanto, la población más rica se beneficia nueve veces más con subsidios energéticos.

El petróleo y el gas, juegan un papel clave en las finanzas públicas de México. Existe un potencial de producción tres veces mayor que en toda la historia petrolera, sin embargo, se registra una dependencia de 60% de las importaciones petroleras, lo que la convierte en una empresa presupuestalmente amarrada y con pérdidas en la mayoría de sus filiales desde 2005.

 

En electricidad

Entre 2005 y 2010, el gasto acumulado en subsidios energéticos representó 1.15 billones de pesos (bdp), equivalente a 10% del Producto Interno Bruto (PIB) anual medio en estos años.

En 2008, un hogar en el segmento de población más rico recibió por el conjunto de subsidios 9,000 pesos al año, nueve veces más de lo que obtuvo un hogar del segmento más pobre, señala el estudio ¿Quién se beneficia de los subsidios energéticos en México? (publicado por el CIDE en la serie El uso y abuso de recursos públicos), elaborado por John Scott Andretta, profesor investigador de la División de Economía del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE).

El subsidio eléctrico, en promedio, representa cerca de 1% del PIB. Las tarifas se determinan por sector y zonas climatológicas. Así, los más beneficiados son los productores agrícolas y el sector doméstico que pagan apenas 29% y 38% del costo.

México tiene uno de los sistemas tari­farios más complejos del mundo, con 112 estructuras tarifarias distintas, que varían de acuerdo al nivel de consumo, tempo­rada del año y zona geográfica del país, lo que provoca situaciones absurdas. Por ejemplo, a los usuarios de alto consumo, de 250 kW al mes, se les cobran tarifas más altas que en la ciudad de Chicago y el barrio de Manhattan, en Estados Uni­dos; mientras que en el norte de México, se subsidian consumos arriba de 1000 kW. De 2.9 millones de usuarios de elec­tricidad, 100,000 son de alto consumo.

“En el fondo subsidiamos aires acon­dicionados, mientras que en el sur del país se registran temperaturas altas y no hay beneficios porque su poder de cabil­deo es menor, al ser zonas con mayor pobreza”, acusa Severo López-Mestre, director de Mexenergy, una empresa mexicana que ofrece soluciones de ener­gía solar.

Por otro lado, están las pérdidas de energía, donde una quinta parte estaba asociada al robo de energía, fraude o alteración de medidores.

¿Cómo ha sobrevivido la CFE? Gracias a la protección gubernamental. Lo que la empresa gasta en subsidios, se compensa con aprovechamiento que el gobierno le aplica sobre sus activos fijos netos de operación a una tasa de 9%, lo que el año pasado equivalió a 44,000 mdp.

Además, la estructura de tarifas de CFE incluye un ajuste mensual del costo de los combustibles de aproximadamente 75% de los ingresos de la compañía eléctrica, que le permite compensar parcial-mente los incrementos en costos.

Para satisfacer sus necesidades de inversión, la empresa ha tenido que recurrir al endeudamiento. Para marzo de este año, su deuda total era de 284,900 mdp, 46% mayor que la deuda de 2011 debido al reconocimiento de los contratos de los Productores Independientes de Energía. En estos contratos, el constructor privado hace todas las inversiones para el proyecto y al término de la obra vende la energía a la CFE.

Sin el respaldo del gobierno (subsidios y garantía de la deuda), el apalanca­miento de la cfe se vería diferente, más riesgoso, dice Sergio Rodríguez, analista de la calificadora Fitch Ratings.

 

En la gasolina

Los autos particulares generan 23% de las emisiones totales de gases efecto invernadero y el resto de los vehículos contribuyen con 21%. México parece ignorar ese dato, pues se impulsa el uso del automóvil a través de subsidios.

Entre 2004 y 2008, el precio al público de la gasolina aumentó 24%, mientras que el costo de importación de gasolinas aumentó 170% para Pemex. Entonces, el subsidio a gasolinas y diesel ha llegado a ser equivalente a casi seis veces el gasto total del Programa Oportunidades o el Seguro Popular.

Al respecto, John Scott considera que 75% del subsidio a la gasolina beneficia al 40% más rico de la población y apenas 12.5% (4%) llega al 40% (20%) más pobre de la población.

Además, complementa Gerardo Esqui­vel, profesor-investigador del Colegio de México, “los subsidios al combustible no reflejan los verdaderos costos en zonas agropecuarias y promueven comporta­mientos económicos distorsionados”.

 

En el gas

México es el principal consumidor de gas LP en el mundo, con 68 kg per cápita; mientras que en el mundo el combustible que más se usa es el gas natural.

Pemex Gas y Petroquímica Básica (PGPB) tienen el monopolio de la produc­ción e importación de gas LP en México; sin embargo, la distribución de éste hasta el usuario final se realiza mediante empresas privadas y el precio está regu­lado por la Secretaría de Economía.

Pemex tiene que importar aproxima­damente 30% del gas que se consume en el país, por lo que si el costo de comprar el combustible en el mercado internacio­nal es mayor que el precio establecido en México, el gobierno paga la diferencia; es decir, incurre en un gasto para subsidiar el gas LP.

En 2010, este subsidio costó a los contribuyentes 29,000 mdp. Además, de acuerdo con el análisis Subsidio al gas LP: caro e ineficiente, del CIDAC, 73% del sub­sidio beneficia a las empresas y familias con los ingresos más altos. En cambio, el gas natural se rige por los precios inter­nacionales. En México, tiene el precio más bajo para el cliente final. Respecto del gas LP es 60% más barato en la indus­tria, entre 6 y 15% en vivienda, y 40% más barato que la gasolina magna para los automóviles.

Sin embargo, no es posible acelerar el uso del gas natural en el país debido a que las tuberías del Sistema Nacional de Gasoductos están saturadas, con niveles de uso de 85% o más, reconoce la Secre­taría de Energía en la Estrategia Nacional de Energía 2013-2027.

En 2012, esas restricciones generaron continuas “alertas críticas” que provo­caron que los consumidores industriales bajaran sus niveles de consumo o susti­tuyeran el consumo de gas natural por otros combustibles más caros y contami­nantes. Amén de que representaron un costo de 18,900 mdp, lo que impactó en las tarifas eléctricas.

“Se necesita una nueva infraestructura de transporte y eliminar los cuellos de botellas de los sistemas de gas, así como ampliar la capacidad de importación en la frontera de Estados Unidos; de lo con­trario, se pararán las inversiones por falta de gas”, advirtió Francisco Barnés de Castro, integrante de la Comisión Regu­ladora de Energía (CRE), en el seminario La reforma Petrolera de México.

De acuerdo con la Secretaría de Energía, México se convertirá en el año 2020 en un país estructuralmente deficitario en energía.

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