Un trato de 28,000 millones de dólares dio origen a la compañía petrolera pública más grande del mundo en 2013, pero también abrió las puertas del infierno para la economía rusa. Ésta es la historia.

 

Por Nathan Vardi

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En marzo de 2013, un grupo de banqueros y abogados se reunió en las oficinas del Deutsche Bank en Frankfurt para controlar la transferencia de casi 28,000 millones de dólares (mdd) en moneda estadounidense desde una cuenta controlada por el gigante petrolero estatal de Rusia, Rosneft, a una controlada por cuatro magnates rusos multimillonarios: Mikhail Fridman, Viktor Vekselberg, Len Blavatnik y German Khan.

El cierre de la venta de TNK-BP, la tercera compañía petrolera más grande de Rusia, propiedad 50% de British Petroleum y 50% de los multimillonarios rusos, marcó otra jugada de Vladimir Putin para centralizar el poder. El CEO de Rosneft, Igor Sechin, a menudo descrito como el segundo hombre más poderoso de Rusia después de Putin, y a veces llamado Darth Vader, fue la figura central detrás de la operación. A veces pareciera que busca recordar a los oligarcas cuál es su rango, atormentándolos durante las negociaciones al llegar tarde deliberadamente a las reuniones en Moscú.

Como si se tratara de un thriller de James Bond, se seleccionó un lugar neutral para el cierre del trato: Frankfurt, Alemania, la capital financiera de Europa continental. Los representantes de los accionistas insistieron en que ahí serían capaces de verificar de inmediato y en tiempo real la transferencia de efectivo y los certificados de valores en una cuenta de depósito en garantía controlada por los multimillonarios, según revela una fuente cercana a los acontecimientos. Sólo después de que se mostró una captura de pantalla mostrando el nuevo saldo de 27,778,900,132.16 dólares, la transacción fue considerada culminada.

Putin estaba en éxtasis. “Esto es algo importante, no sólo para el sector energético de Rusia, sino para toda la economía rusa”, dijo mientras se anunciaba el acuerdo. La compra de TNK-BP por 55,000 mdd transformó a Rosneft en la empresa petrolera pública más grande del mundo y consolidó a Sechin como zar de la energía mundial, y a Putin como el titiritero detrás de él.

La mega fusión energética de Sechin y Putin puede parecer un “buen” acuerdo estratégico para Rusia, pero para Fridman, Vekselberg, Blavatnik y Khan, cuyo patrimonio neto acumulado ronda actualmente los 55,000 mdd, la venta de la mayor compañía petrolera rusa en la primavera de 2013, con el West Texas Crude cotizando a 92 dólares por barril y los bancos occidentales bombeando créditos a Rusia, puede considerarse la toma de ganancias más brillantemente cronometrada de la década. Sin embargo, también pudo haber desatado una cadena de acontecimientos en los mercados financieros globales, que ha contribuido a la caída de la moneda rusa, que se desplomó 40% frente al dólar en 2014. El Estado de Putin se ha sumido en la recesión.

 

El nacimiento de TNK-BP

En 2003, British Petroleum comenzó a trabajar con Fridman, sus otros socios multimillonarios y su petrolera TNK, creando una empresa conjunta 50-50 llamada TNK-BP. Alcanzaría ingresos anuales por 60,000 mdd y pagaría a sus propietarios dividendos en magnitudes de decenas de miles de millones durante más de una década. De hecho, el efectivo generado por TNK-BP ayudó a meter a los cuatro rusos a las listas de los hombres más ricos del mundo y mantiene a BP segura como una potencia petrolera, representando 27% de sus reservas.

Pero fue una asociación inestable. Los multimillonarios rusos sintieron que BP estaba tratando a TNK-BP como una subsidiaria extranjera, enfocándose en gastos de capital para construir reservas en vez de otras cosas, como el pago de dividendos adicionales. Al mismo tiempo, el personal de BP en Rusia se vio envuelto en problemas con la policía, y en un punto su entonces jefe en Rusia, Robert Dudley, abandonó el país y dirigió TNK-BP desde un puesto de avanzada secreto después de que él y otros empleados de BP no pudieron renovar sus visas. Dudley es actualmente CEO de BP.

Después de varios retrocesos más, entre ellos la pérdida en 2011 de un contrato de perforación en el mar de Kara, que finalmente fue para Exxon Mobil, BP entró en negociaciones con Sechin para vender su participación en TNK-BP a Rosneft. A cambio, BP obtuvo 12,500 mdd y una participación de 19.75% en Rosneft, que era importante para BP porque la estructura permitía a BP continuar incluyendo algunas de las reservas de la petrolera rusa en sus libros.

Para los socios multimillonarios de BP, la mejor opción era vender la totalidad de su participación de 50% a Sechin, un aliado cercano de Putin y ex viceprimer ministro ruso con ánimos de construir una gran empresa petrolera nacional. Una compra en efectivo fue clave porque los multimillonarios rusos no querían convertirse en accionistas minoritarios de una Rosneft controlada por Sechin. Del mismo modo, Sechin no quería arriesgarse a diluir su control a través de la emisión de más acciones a este cuarteto de astutos inversionistas. El gran problema de Sechin fue que en realidad no tenía el dinero para pagar la recompra, así que tomó un préstamo de cerca de 40,000 mdd en efectivo para cerrar el trato, en parte a través del uso de créditos puente en moneda extranjera a corto plazo. Bancos de todo el mundo participaron en el financiamiento, incluyendo a JPMorgan Chase, Barclays, BNP Paribas y Unicredit.

 

La debacle

Pero poco más de un año después, en el otoño de 2014, Rosneft repentinamente estuvo en un aprieto. Tenía que cumplir con los pagos relacionados con los préstamos puente, pero para entonces la invasión de Putin a Crimea había motivado sanciones económicas, y la decisión de Arabia Saudita de imponerse a los productores de shale de Estados Unidos y disciplinar a los miembros de la OPEP, como Irán y otros productores como Rusia, había lanzado los precios del petróleo en caída libre. Sechin y Rosneft fueron efectivamente marginados de los bancos occidentales, y no había una manera fácil de que Sechin pagara más de 7,000 mdd en moneda extranjera que vencían en diciembre. Así, Sechin consiguió el respaldo del banco central de Rusia y orquestó una venta de bonos para recaudar rublos.

En diciembre, Rosneft colocó 10,800 mdd en bonos denominados en rublos, con tasas menores a las de los rendimientos de los bonos del gobierno de Rusia con fecha similar. Fue una operación misteriosa sobre la cual no se hizo casi ninguna otra declaración. El banco central ruso dijo que aceptaría los bonos como garantía de los bancos rusos que intentaban pedir prestado a tasas preferenciales, proporcionando esencialmente a los bancos comerciales una ventana de liquidez. Los compradores de los bonos nunca se dieron a conocer, y aún no está claro cuánto dinero se recaudó. Rosneft aún no ha hecho revelaciones importantes, y Sechin ha tomado la posición de que “la opción de bonos en rublos no se ejerció”.

Aun así, la turbia emisión de bonos tomó a los agentes del mercado por sorpresa, provocando especulaciones de que Rosneft vendería los rublos que acababa de levantar en el mercado abierto para comprar dólares para pagar su deuda. En respuesta, el rublo se desplomó a mínimos históricos, aun cuando los precios del petróleo parecen estar reafirmándose.

“Había sospechas de que esos rublos podrían ir al mercado cambiario”, dice Sergey Romanchuk, jefe de Divisas en Metallinvestbank en Moscú. “Ese trato fue una señal de alarma porque la gente tenía miedo de que se convirtiera en un nuevo instrumento que podría ser usado por otras compañías.”

 

El rescate

Los críticos de Putin calificaron de rescate la emisión de bonos de Rosneft. Sechin describió el ataque como una “provocación”. Rosneft declaró que ni un solo rublo recaudado en la emisión de bonos sería usado para comprar moneda extranjera. Sus ingresos provienen en su mayoría de sus exportaciones en moneda extranjera, y en un comunicado Rosneft dijo que “genera suficiente flujo de efectivo en moneda extranjera con el fin de cumplir con sus obligaciones de pago de préstamos”. ¿A dónde se fueron esos rublos? Rosneft se limitó a decir que serían usados para “financiar su proyecto en la Federación Rusa”.

Pocos discuten el papel de Rosneft en el enturbiamiento del ya de por sí asustadizo mercado global de rublos. Con 19% del PIB ruso de 2 billones de dólares, el petróleo es la mayor fuente de ingresos del país, y las exportaciones de hidrocarburos están fuertemente gravadas. A 100 dólares el barril, unos 70 irían al gobierno; a 50 dólares, unos 22. Presumiblemente, Rosneft acumuló moneda extranjera el otoño pasado para hacer sus pagos de deuda. Analistas de la industria afirman que probablemente habría retenido dólares del mercado de divisas que normalmente habría utilizado para la compra de rublos para cumplir con sus obligaciones tributarias. Rosneft también tiene un gran programa de gasto de capital en Rusia financiado por rublos. “Ellos estaban usando el producto de la emisión de bonos para cubrir sus costos en rublos”, afirma Kirill Tachennikov, analista de BCS Financial.

Rosneft pagó su préstamo de 7,000 mdd a finales de diciembre. Unos días más tarde, el gobierno ruso se dirigió a los grandes exportadores de Rusia para que apoyaran al rublo en los mercados de divisas. Rosneft podría haber cumplido, pero con cerca de 20,000 mdd de deuda con vencimiento en 2015 (en su mayoría en dólares y euros) y planes de gasto de capital por 20,000 mdd, Rosneft tiene un dolor de cabeza de 40,000 mdd que empeora con cada caída en el precio del petróleo. De acuerdo con sus estados financieros, Rosneft tiene 20,000 mdd o más en efectivo, y ha solicitado al gobierno ruso la ayuda del Fondo Nacional de Bienestar. Sechin quiere la ayuda de Putin, pero otro rescate de bonos sería desastroso para el rublo.

 

La indiferencia

La economía de Rusia puede estar hundiéndose en la crisis, pero los multimillonarios Fridman, Khan, Vekselberg y Blavatnik han mostrado pocas señales de tener prisa por ayudar a la Madre Rusia con importantes inversiones o gastos de capital, a pesar de las súplicas de Putin.

Fridman, de 50 años, el tercer hombre más rico de Rusia, se llevó 5,100 mdd del acuerdo TNK-BP. Su compañero de universidad, Khan, de 53 años, recibió 3,300 mdd. El dúo creó una sociedad luxemburguesa, LetterOne, con el dinero de TNK-BP, y está tratando de comprar una unidad de la empresa de servicios públicos alemana de petróleo y gas por 6,000 mdd. Un portavoz declaró: “Estamos comprometidos con la reinversión de una parte significativa de los ingresos en Rusia y esperamos identificar oportunidades atractivas en el futuro cercano.”

Nacido en Ucrania, Blavatnik, ciudadano estadounidense desde 1984 con una fortuna de más de 18,000 mdd, ganó 7,000 millones por la venta de TNK-BP. Sus mayores activos: participaciones en el productor de químicos con sede en Houston LyondellBasell y en Warner Music. En 2014 celebró su triunfo en Rosneft mediante la compra del mamut dorado de Damien Hirst por 14 mdd. Blavatnik declinó hacer comentarios.

Vekselberg, de 57 años, conocido por su colección de arte –que incluye un nuevo museo en San Petersburgo con sus huevos Fabergé–, es ahora el segundo más rico de Rusia, con una fortuna de 14,000 mdd. Se embolsó 7,000 mdd con el acuerdo y usó parte de ellos para comprar Schmolz + Bickenbach, una compañía de acero suizo. “La mayor parte del dinero que recibió Renova [Vekselberg] del acuerdo se invirtió en Rusia”, insiste el portavoz Andrey Shtorkh.

Putin apoya a Sechin, su hombre fuerte, a pesar de la disminución de 50% (en dólares) del precio de las acciones de Rosneft en 2014. Él es un “buen administrador”, dice Putin. BP, que aún posee 20% de Rosneft, se está preparando para un golpe en el cuarto trimestre y podría verse obligada a deshacerse de su participación en Rosneft.

“El acuerdo TNK-BP ha sido una decisión costosa [para Rusia]”, dice Sergei Guriev, un economista ruso que huyó a Francia en 2013; no obstante, “los dueños de TNK hicieron un muy buen trato”.

 

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