Magnolia Bakery tiene todo para generar un negocio masivo, pero prefiere no hacerlo y apostar por un concepto casero. Aun así, ya están presentes en más de 10 países y la rentabilidad de su operación en su tienda principal, en Nueva York, se equipara a la de marcas de lujo como Louis Vuitton.

 

Todo empezó como un emprendimiento de un par de amigas en Nueva York. La pequeña panadería de la calle Bleecker Street, en el barrillo West Village, se hizo popular en el vecindario, gracias a los cupcakes que se horneaban cada día con ingredientes frescos.

Hoy, las pastelerías de Magnolia Bakery siguen cocinando todo con ingredientes frescos del día. Ninguna de las tiendas tiene equipo industrial, pero han logrado consolidar el negocio y abrir locales en Los Ángeles, Chicago, Beirut, Kuwait, Doha, Dubai, Abu Dabi, Tokio, Moscú y México.

“En nuestra tienda principal en Nueva York, en la Tercera Avenida, reportamos un margen de ganancia que nos permite equiparar el desempeño con la tienda de Louis Vuitton, en la misma calle”, dice a Forbes México Steve Abrams, CEO de Magnolia Bakery.

 

Cupcakes, fama y negocios

La historia empezó en 1996, cuando dos amigas, Jennifer Appel y Allysa Torey, tuvieron la idea de iniciar una pastelería con cupcakes caseros y decoración vintage.

“En Estados Unidos es común que las amas de casa horneen panecillos como postre para la cena, pero antes de Magnolia difícilmente podías ver una tienda enfocada en postres caseros como los cupcakes o el pudín de banana”, dice Abrams.

La fama del negocio se disparó cuando, en mayo de 2000, la serie Sex and the City transmitió una escena afuera de la pastelería. Carrie Bradshaw, la protagonista, dice a su amiga Miranda que son los mejores pastelillos en la ciudad. De ahí en adelante, la tienda se ha convertido en parada obligada para los fans de la serie que llegan a Nueva York.

Mientras estas dos amigas cumplían su sueño, Abrams se dedicó a los bienes raíces. Los caminos entre las emprendedoras y Steve y su esposa, Tyra Abrams, se cruzaron, y en 2007 los Abrams compraron el negocio y lo catapultaron.

“Creo que necesitaba esa experiencia previa en bienes raíces para generar un buen ojo para las locaciones. Cuando tienes un negocio de alimentos, mucho del éxito está determinado por la ubicación”, explica el empresario.

Actualmente, Magnolia tiene 19 tiendas; la primera en México abrió en noviembre pasado, en Polanco, y se ha convertido en una sensación.

 

La receta del éxito

Después de Magnolia surgieron muchos negocios orientados a los cupcakes, pero Steve Abrams afirma que no todo se trata de eso. La carta de Magnolia Bakery incluye pasteles, galletas y dos de sus armas secretas: el pudín de banana y el café con un toque de rosas.

Catapultar el negocio y hacerlo crecer sin que pierda su esencia ha sido el mayor reto. Con la expansión viene una serie de normas que deben seguirse: capacitar a la gente, generar estándares de preparación de alimentos y escoger las locaciones adecuadas.

“Estamos en mercados cosmopolitas donde vendemos una atmósfera. Cuando entras a una tienda de Magnolia Bakery sabes que comerás algo delicioso en una atmósfera que te hará sentir bien. Ha sido un gran reto que hemos disfrutado, y es justo eso lo que marca la diferencia con la competencia”, dice Abrams.

La firma es una compañía privada que no revela información sobre ingresos; sin embargo, como un referente puede considerarse que sólo en Estados Unidos la firma Crumbs -que abrió en 2003 con el mismo concepto- anunció en 2011 que saldría a bolsa en una operación de alrededor de 66 millones de dólares. Los pastelillos se volvieron cosa seria en el mercado.

Para Abrams, todo se resume a una cosa: dirigir el negocio con cariño y mantenerlo fiel a su esencia:

“Nos gusta llegar a nuestras tiendas, ponerlas a funcionar, verlas crecer. No abrimos una tienda nueva hasta que no vemos que las demás operan de manera exitosa. Al final, somos una empresa familiar; Magnolia es otro miembro de la familia y queremos verlo feliz.”

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