El Centro Latinoamericano para la Competitividad y el Desarrollo Sostenible (CLACDS), think tank de la INCAE Business School, estuvo presente en el Foro Forbes: El futuro está aquí, desglosando los resultados del Informe Global de Competitividad 2015 del Foro Económico Mundial (FEM). Aunque con avances concretos, República Dominicana presenta, a su vez, enormes desafíos estructurales, de acuerdo con Ronald Arce, investigador del CLACDS.

 

Por Felipe Vallejos M.

Las primeras informaciones que se filtra­ron por la pren­sa nacional en septiembre de este año sobre el Informe Global de Competitividad eran favorables. En general, el estudio resaltó avances para República Dominicana en ámbitos como la inflación, los casos de malaria por cada 100,000 habitantes, la prevalencia de propiedad extranjera, intensidad de competencia local, la cantidad de suplidores locales y la flexibilidad en salarios.

Al mismo tiempo, el informe estimó que existen enormes desafíos u oportunidades de mejora en la tasa de impuestos, la corrupción, la educación de los trabajadores, la bu­rocracia gubernamental y el acceso a financiamiento, todos elementos que precisamente Ronald Arce resalta durante toda la entrevista. Aunque especializado en temas comerciales, de lo cual apro­vechamos para preguntarle, su agudo análisis de compe­titividad revela por dónde debe caminar el país si quiere seguir escalando.

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¿Hacia dónde va el país?

Formal, un tanto callado y muy educado. Todas características notorias a primera vista de Ronald Arce, costarricense que hace gala de la calidad educativa y el desarro­llo humano de su país. No por nada Costa Rica (50) lidera el Informe Global de Competitividad entre los países latinoamericanos junto a Chile (35) y Panamá (52). Por su parte, República Dominicana mira a media distancia los puestos más envidiables. Este año logró llegar al 98 de 140 países, lo que supone un modesto pero valorable paso desde el año pasado, cuando quedó en el sitio 101. En 2011 era 110 del mundo.

Arce es enfático en señalar el destacado crecimiento económico que ha vivido nuestro país en los últimos años. “Los líderes (de la región) son República Dominicana y Panamá, los que más crecieron. Nicaragua lo ha hecho bien. En el ámbito comercial, República Dominicana tiene un importante tamaño, entonces tiene un peso más importante en industrias de servi­cios, como el turismo. Es el destino más grande”, dice.

Dicho esto, el investigador se­nior de la CLACDS indica los desafíos que tiene el país en materia estructu­ral. Afirma que aunque el país ha mejorado en edu­cación, existen “enormes retos”. República Domi­nicana “tiene un rezago importante, su capital humano no está en los niveles ideales si aspira a más, en posiciones cerca­nas al 100, y transformar esto es una inversión a lar­go plazo. Debemos educar a las generaciones para que dentro de 20 años sean suficientes”, propone como medida.

Arce estima que, considerando que bajar salarios en una región que ya tiene salarios insuficientes no puede ser una oportunidad de competencia con países de mano de obra barata como China o la India, la clave está en formar a la masa profesional. “Necesitamos competir en los estratos más altos, que el recurso humano sea el más productivo posible porque es quien agrega el valor diferenciador para competir”, dice. El analista afirma que, en términos genera­les, República Dominicana debe mirarse al espejo y definir hacia dónde quiere ir y competir, con qué visión de mundo.

 

Un castillo de naipes

Ronald Arce siempre mantiene un tono calmo, pero es al mismo tiempo contundente con sus pronósticos. En pocas palabras, aunque el país crece y avanza en ciertas materias, los cimientos sobre los cuales se erige el modelo es sencillamente inestable.

República Dominicana, “en lo fundamental, tiene deficiencias: hay queja sobre el sistema institucional, que no está funcionando adecua­damente. El sector privado que contesta la encuesta para el Informe Global de Competitividad, señala que los recursos no se usan eficientemente, por burocracia. Si a eso agregamos un sistema institucional con temas pendientes y un sistema educativo con temas pendientes, estamos en un cimiento débil, un castillo de naipes”, señala.

Arce estima que aunque hay avances importantes, es en lo fundamental donde se falla. “La burocracia sigue siendo un pro­blema, así como la credibilidad del sistema político. Muchos empresa­rios dicen ‘mis inversiones no son más de largo plazo que un periodo de gobierno’”.

En cuanto a los pilares que miden la competencia de República Domi­nicana, Arce argumenta que como el país está en una liga intermedia, las exigencias pasan por institucio­nes, infraestructura y eficiencia de mercado. Por otro lado, a países más avanzados como Suiza se les mide por innovación y tecnología.

 

Vedas y mercados únicos

Preguntamos a Ronald Arce sobre un escenario hipotético: ¿qué pasaría si Estados Unidos cierra su mercado o veda productos latinoamericanos? En pocas pala­bras: “sería un desastre”. La razón, muy simple, “somos países que nuestro comercio y exportaciones van a Estados Unidos, nuestras importaciones son de allá y las inversiones que llegan a nuestros países provienen de ese país, princi­pal socio comercial. No hay tiempo de respuesta ante una veda de un gran socio comercial para buscarles un mercado nuevo”.

¿Qué hacer entonces? “Repúbli­ca Dominicana y otros países han buscado diversificarse con Asia y Europa. Hay que buscar oportuni­dades de negocio, analizar qué es lo que quiere el consumidor. Una cosa es lo que producimos, otra lo que el mundo quiere”, afirma.

Ronald Arce estima que la información sobre las necesida­des del mercado son importantes, pero más lo es mejorar el comer­cio entre países de la región, algo que República Dominicana ya hace, por ejemplo, con Haití, aun­que son relaciones afectadas por vedas e inestabilidad política, algo que Arce dice no es excepcional, sino más bien la regla común.

“Es un tema de confianza. Esto hace que aunque se firmen acuer­dos, cada institución quiere man­tener su poder. Esto nos resta com­petitividad porque, como le decía, tenemos un área de libre comercio de 200 millones de personas, pero comunicarse dentro de la región, aunque físicamente conectada, a nivel de transporte es un desastre, caro y lento”.

Al final, Arce considera importan­te sentarse a la mesa con voluntad y confianza mutua. Los acuerdos comerciales ya existen en el papel, es momento de ponerlo en práctica y dejar que las instituciones funcio­nen, mismo caso a nivel nacional. De lo contrario, dado el análisis planteado, el excepcional crecimiento económico de República Dominicana será en vano.

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