Por Eugenia Navarro / ESADE Business School

Después de ver títulos apocalípticos de libros como El fin de los abogados de Richard Susskind y numerosos artículos sobre si el abogado será sustituido por robots, muchos quieren conocer las claves del futuro de los despachos de abogados. La abogacía tradicional ha tardado mucho tiempo en reaccionar a los cambios de hábitos de compra de sus clientes o en entender cómo la tecnología puede transformar su negocio. La realidad ha arroyado a quienes no han podido adaptarse al entorno incierto y cambiante. ¿Cuáles serán las claves de las firmas del futuro?

  1. Cambios que se dirigen hacia dos modelos de negocio. Los expertos del sector vaticinan que más de un 30% del trabajo legal será estandarizable. Las firmas tendrán que apostar por un modelo de negocio determinado: o un enfoque hacia el trabajo estandarizable o bien realizar trabajo más “sofisticado” para procesos singulares y complejos, con altas rentabilidades. La abogacía tiende a polarizarse en estos dos sentidos y las reglas para jugar en uno u otro campo no son las mismas. En el modelo estandarizable, la inversión en tecnología y la industrialización del proceso son claves. Por otro lado, las firmas tradicionales podrán sobrevivir si acotan su trabajo a la parte más sofisticada del trabajo legal, invirtiendo en talento y manteniendo una alta rentabilidad.
  2. Romper los modelos clásicos establecidos de prestación de servicios jurídicos. Los modelos tradicionales de maestro-aprendiz en la típica estructura piramidal no serán adecuados para todos. Las firmas se reconvertirán en empresas de prestación de servicios jurídicos donde la flexibilidad de la fuerza laboral será la clave. Así pues, Axiom Law, el modelo más disruptivo de empresa de servicios jurídicos en el sector legal, ha crecido en base a una plataforma legal de talento, donde la contratación por parte de las empresas es muy flexible, ligada un proyecto determinado y sin revisiones por parte de socios. La abogacía revive ya el intrusismo de otros sectores como los seguros y el bancario, que prestarán (en algunos casos ya lo hacen) servicios jurídicos. Es muy probable que grandes empresas como Facebook, Amazon o Google entren también en el sector.
  3. Diversificación del talento. Las firmas de abogados son muy conservadoras y el talento que utilizan es muy parecido: mismas universidades, mismos másteres, mismos perfiles. En el futuro se enriquecerán si son capaces de incorporar perfiles de otras profesiones como ingenieros, periodistas o matemáticos. Las firmas con mayor diversificación de talento prestarán más servicios profesionales y utilizarán equipos multidisciplinares y multiculturales que aborden los problemas y soluciones desde una perspectiva más integral.
  4. Trabajar con cultura colaborativa y co-creación. El cliente y el abogado formarán parte del mismo proceso, trabajarán conjuntamente como parte de un equipo, la integración será mucho mayor y los niveles de fidelidad también, por el conocimiento de la cultura de la empresa y de las personas. La co-creación entre abogados y clientes generará nuevas soluciones y proyectos como parte relevante de los procesos de prestación de servicios jurídicos.
  5. Aparición de firmas y servicios jurídicos virtuales. La gran mayoría de webs del sector legal no son más que imagen corporativa y descripción de servicios, pero no interactúan con el cliente. La aparición de aplicaciones virtuales, menos costosas y de acceso inmediato, está en auge. Tener costosísimas oficinas en las mejores zonas no será relevante y sí lo será el acceso vía web o internet. La aparición de firmas y servicios virtuales será una realidad en el futuro, respondiendo a la necesidad de inmediatez y accesibilidad de los clientes.
  6. Eficiencia y eficacia en el proceso de prestación de servicios. Como en otros aspectos de la vida cotidiana, los servicios jurídicos deberán ser eficientes, la asignación de los equipos eficaz y las respuestas rápidas.
  7. Utilización de la tecnología para mejorar el servicio y ser más competitivos. La tecnología no es la panacea a todos los problemas de una firma de abogados. Es importante que primero se analice el problema o el “pain point” a mejorar con el cliente y luego se busque la tecnología más adecuada; y servirá en la medida que mejore la experiencia del cliente y la haga diferencial. Es verdad que la investigación y automatización generarán menos puestos de trabajo, pero aparecerán otras nuevas profesiones vinculadas con el derecho y que aportarán otro tipo de valor, como ya está ocurriendo, por ejemplo, con la aparición del Legal Project Manager, el ingeniero de procesos.
  8. Añadir valor. El cliente hará por su cuenta todo lo que no añada valor. Es decir, se producirá un mayor empoderamiento de los clientes. Internet mostrará los modelos y las experiencias de usuarios y se generará comunidad de ayuda. Los abogados del futuro se centrarán en el valor especializado que los hace únicos.
  9. La comunicación y el marketing como ventaja competitiva. La marca será cada vez más importante, tanto la personal como la corporativa, porque los clientes están cada vez más informados y seguros de lo que adquieren. La recomendación en la red será cada vez más relevante y la capacidad de aportar valor mejorará la percepción de la marca.
  10. Innovación como parte clave de estrategia de las firmas. Hacer lo mismo que siempre ha funcionado no servirá. Los modelos, los servicios y la manera de prestarlos se reinventarán no una sola vez sino varias. Los modelos evolucionarán y los servicios también, desde los asistentes legales virtuales que hablen en lenguaje natural hasta máquinas que midan la intención de delinquir.

La mejor manera de controlar lo que nos depara el futuro es inventándolo, de nada sirve resistirse al cambio; el abogado deberá entender lo que ocurre y adaptarse, con formación y con colaboración con otros profesionales, pero no hacer nada podrá suponer su fin. Los retos del futuro son muchos y apasionantes en el sector legal. Por ello, hay que prepararse, no se puede improvisar y eso implicará definir una estrategia competitiva.

La autora es profesora asociada del Departamento de Derecho de ESADE

 

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