La eficacia es una cualidad esencial en ambientes de trabajo dentro la sociedad del conocimiento. Hablamos de la capacidad de lograr exactamente lo que se desea: grandes efectos.

 

 

“La mejor manera de predecir el futuro es crearlo”.

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Peter Drucker.

 

 

Soñar sin actuar genera muy buenos ideales, pero ningún resultado.

En la sociedad del conocimiento, como se ha venido denominando a esta nueva era de tecnologías y especialización de profesiones, hay muchos ejecutivos de empresa con un elevado nivel de herramientas intelectuales. Sin embargo, a pesar de que esta característica es imprescindible y bien valorada por el mercado, los ejecutivos eficaces son los perfiles más difíciles de encontrar.

Dice Peter Drucker, gurú de management, que a los ejecutivos no se les paga por tener una gran sabiduría, sino por organizar un equipo de colaboradores y trabajar bien.

“Existen cinco prácticas o habilidades que hay que adquirir para ser una persona eficaz. Estas son: gestionar el tiempo, colaborar con el resto del equipo y realizar aportaciones valiosas, potenciar sus puntos fuertes y hacerlos productivos, concentrar sus esfuerzos en aquellas tareas que son más importantes para conseguir unos buenos resultados, y tomar, valga la redundancia, decisiones eficaces”, concluye Drucker.

Ahora, si recordamos el significado latino de la palabra eficacia, nos daremos cuenta de las potencialidades que guardan en su interior las personas con esta cualidad humana. El término está compuesto por el prefijo ex (hacia afuera); fic (hacer) y el sufijoai (cualidad). La eficacia, pensando desde la etimología, es la capacidad de lograr los más grandes efectos. Los eficaces son sabios porque saben provocar efecto: lo que sueñan lo concretan, pero a lo grande.

Así, mientras la eficiencia se mide con indicadores concretos, como la producción, el dinero y el esfuerzo gastado, la eficacia se mide en términos del efecto final: calidad, satisfacción, comodidad, holgura, consistencia, anhelo realizado.

Pero volvamos a los usos y costumbres de los eficaces. Drucker señala que de las cinco prácticas o habilidades de este tipo de personas, el recurso tiempo y el foco en tareas vitales, son las dos claves sobre las que reposan las otras tres cualidades.

Para los eficaces existe algo sumamente claro: pueden conseguirse todo tipo de recursos, flujo de efectivo, maquinaria, personal e inversiones, excepto el tiempo. Son sabios porque con antelación saben que el tiempo es finito para las organizaciones. Saben que se trabaja a contracorriente con el recurso restrictivo, por lo que su gestión es básica para el logro de los grandes efectos.

Bajo este señalamiento, los eficaces saben a qué dedican su tiempo y adoptan medidas para eliminar tareas que hacen perder el tiempo propio y el de los demás. En segundo plano, pero no menos esencial, las personas eficaces aprenden a establecer preferencias y a concentrarse en tareas de prioridad alta, las que más aportan a sus empresas o proyectos.

Una vez logrado esto, dice Drucker, los eficaces aprovechan las cualidades y los puntos fuertes del equipo, adoptan medidas para desarrollar su talento y el talento de los demás, y ponen el foco en las cualidades, no en las debilidades.

Si los eficaces son las personas que detectan el factor “tiempo” y el adjetivo “importancia”, poco importan sus demás cualidades o matices. Así, los eficaces pueden ser líderes carismáticos, o bien, totalmente grises; creadores de frases fabulosas, o simples silentes; populares y odiados, brillantes en la mesa de discusión, o parcos verbales. La raíz de la eficacia no se sustenta en cualidades humanas específicas, sino en la capacidad, como decían los romanos, de crear grandes efectos.

El presidente Harry Truman no tenía ni una pizca de carisma, pero fue uno de los jefes de Estado más eficaces de la historia de Estados Unidos durante su mandato, de 1945 a 1953. A pesar de contar con los índices de popularidad más bajos de la historia presidencial en aquel país, los análisis políticos y académicos sobre su gestión son positivos: Truman pudo reconvertir la desordenada economía de posguerra, atacar la grave escasez, las numerosas huelgas, sortear la crisis atómica de Hiroshima, vivir la fundación de las Naciones Unidas, participar en el Plan Marshall para reconstruir Europa, abordar el comunismo, y sustentar la creación de la Organización del Tratado del Atlántico Norte. Eficacia contra carisma y popularidad.

Por el contrario, otro líder carismático, como Gandhi, a pesar de haber sido encarcelado varias veces, presionado por el Imperio británico y vivir numerosos obstáculos en su trayectoria social y política, fue el único personaje que pudo llevar a la India a su independencia. Fue eficaz, de tal manera que él mismo se definía a sí mismo no como un visionario, sino como un idealista práctico: “Si tengo la creencia de que lo puedo hacer, seguramente podré adquirir la capacidad de hacerlo, aún si no la tenía al principio”.

Pero regresemos al ambiente de trabajo, la oficina y la empresa. ¿Por qué es tan necesaria la eficacia en el mundo actual, atravesado por vertiginosos cambios e incertidumbres económicas? Sencillamente porque la eficacia (tiempo y prioridad) son las dos claves con las cuales es posible actuar con urgencia, aterrizar lo deseado, y causar grandes efectos.

Como bien apunta el director global de Desarrollo Estratégico y Crecimiento de Grant Thornton, Paul Raleigh: en el mundo de los últimos meses existe un irónico panorama laboral con el que nos enfrentamos. La necesidad de las empresas de contar con líderes y personal capacitado y eficaz, mientras raudales de personas no se han podido montar a la era del conocimiento y sus habilidades laborales están por debajo de los requerimientos de corporativo y empresas. ¡Y el desempleo crece cada vez más! ¡Irónico!

“En una mano, los líderes empresariales están pidiendo a gritos a la gente más calificada, y en la otra, franjas de desocupados están pidiendo a gritos un trabajo. Esto está respaldado por un reciente estudio de McKinsey, que sugiere que sólo el 42% de los empresarios creen que los graduados están bien preparados para desempeñar su carrera, en comparación con el 72% de los proveedores de educación”, apunta Raleigh.

Esto nos sugiere que los nuevos sabios son las personas eficaces: aquellas capacitadas para domar el tiempo, focalizarse en lo vital e importante, y actuar a partir de una colaboración con el resto del equipo para conseguir buenos resultados. ¡Grandes efectos!

Cierro con esta conclusión de Drucker: “Los líderes capaces no empiezan preguntándose ¿Qué quiero hacer?, sino ¿Qué debe hacerse? A continuación, se preguntan: De todas estas cosas importantes, ¿cuáles son las que debo hacer yo? No abordan las tareas que no pueden hacer bien. Comprueban que se satisfagan todas las necesidades, pero no son ellos quienes las satisfacen. Nombran a alguien más. ¡Los líderes capaces comprueban que sus colaboradores sean eficaces! No tienen miedo de los puntos fuertes de los demás”.

 

 

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@mariorizofiscal

 

 

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