Viviendas de precio accesible con alta conectividad y ecotecnologías. Esta es la promesa de Quiero Casa, una empresa que nació para ayudar a los trabajadores de la Ciudad de México a tener un hogar cerca de su trabajo, pero justo esta cualidad puede ser su mayor reto en un entorno donde los terrenos escasean.

 

Fotografía y video: Julio Hernández

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¿Quieres enfrentar una misión imposible? Ahí va: encuentra una casa o departamento en venta cerca de un Metro o avenida principal por menos de un millón de pesos en la Ciudad de México. La misión cada día se torna más difícil.

La Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda (Seduvi) estima que en el Distrito Federal hay un déficit de vivienda de 200,000 casas, un problema serio para una ciudad donde el traslado promedio de la casa al trabajo alcanza 1.5 horas, tres horas diarias en auto o transporte público al día, según un informe de la firma Regus.

Con esto en mente, dos emprendedores crearon una constructora de vivienda que quiere contribuir a una ciudad más sustentable, donde los trabajadores no tengan que desplazarse gran parte de su día sólo para asistir a trabajar. Con ello, afirman, no sólo hay mejor calidad de vida para los habitantes, también se reducen las emisiones de carbono por traslados.

La empresa se llama Quiero Casa. Los fundadores son José y Salomón Shabot y su proyecto nació en 2009. Desde entonces, ha completado 18 desarrollos de vivienda popular, media y residencial. Para 2015, prevén completar la construcción de 2,000 viviendas en la Ciudad de México.

“La ubicación encabeza la lista en los componentes exitosos de nuestro modelo de negocio, que en promedio aportan un 50% menos de huella de carbono, que cualquier otro desarrollo ubicado fuera del área metropolitana. Construimos vivienda vertical en zonas bien comunicadas del DF, con el equipamiento urbano necesario para volverla eficiente para quienes la habitan, en términos de movilidad y accesibilidad a escuelas, centros de trabajo, comerciales y comunitarios”, dice José Shabot, cofundador de la empresa en entrevista.

El emprendedor explica que la orientación y materiales con los que trabajan ayudan a mantener los hogares frescos y bien iluminados, lo cual reduce también el costo de la electricidad.

¿La excepción del sector?

Durante 2013, las principales empresas vivienderas se vieron seriamente afectadas luego de que el presidente Enrique Peña Nieto anunciara cuatro ejes de un nuevo Plan Nacional de Vivienda.

Las políticas implicaban nuevas reglas para ejecutar los desarrollos habitacionales, una noticia que pegó al desempeño de las firmas en la Bolsa Mexicana de Valores, pues el mismo día del anuncio (en febrero de 2013), el índice Habita (que engloba a seis de las principales vivienderas) retrocedió casi 4%.

Eso fue el principio de una debacle que terminó en fuertes reestructuras para las principales empresas del sector, entre ellas Geo, Urbi y Homex.

Cuestionado sobre el impacto de las nuevas disposiciones, José Shabot afirma que no fue fácil vivir la caída de grandes empresas.

“Muchas de esas empresas son nuestras amigas. Fue una crisis que impactó a todo el sector. Lo cierto es que Quiero Casa ya estaba trabajando con un modelo de negocio que nos permitió no sólo continuar operando de manera normal, sino además lograr un crecimiento constante y sano en las ventas, ya que teníamos una reserva territorial y oferta de vivienda intraurbana y accesible que nos mantuvo en una posición adecuada durante el bache inmobiliario”, asegura el emprendedor.

La estrategia de Quiero Casa reside principalmente en el “deber ser” de una vivienda de calidad, pues sus desarrollos se encuentran asentados en zonas con equipamiento urbano ubicados cerca de  centros de trabajo.

Los cambios en la política de vivienda gubernamental beneficiarán principalmente a las nuevas constructoras, pues el objetivo central fue evitar la construcción de viviendas en lugares inadecuados, con calidad y dimensiones inferiores al estándar de 42 metros cuadrados o sin servicios públicos básicos, afirma la consultoría KPMG.

“Este nuevo movimiento abre oportunidades a las empresas pequeñas y medianas, a inversionistas interesados en construir y comercializar viviendas, así como a otros que apliquen recursos, tecnología y experiencia a capítulos para los que habrá créditos no sólo para adquisición de vivienda nueva, sino para compra de casas usadas, renovación y ampliación, subasta de vivienda abandonada y renta”, señala en un análisis Alejandro Ruiz, socio líder de la industria de la construcción de KPMG México.

Al respecto, los Shabot adelantan que ya trabajan en la posibilidad de crear un proyecto en el que, con la sinergia de diferentes instituciones, se logre implementar el primer desarrollo de vivienda popular en renta.

“Esta idea surge ante la dificultad de ofrecer vivienda digna a las personas con menos de cinco salarios mínimos. El proyecto se enfoca en familias con un ingreso de 10,000 pesos que puedan mancomunar. Para lograrlo, sería necesario contar con un financiamiento por parte de Sociedad Hipotecaria Federal  para la construcción del desarrollo y un subsidio por parte de Infonavit y Conavi  para el plan de rentas. Asimismo, la gestión de contratos de renta entre dos y tres años por parte de Infonavit. Aún es complicado concretarlo, pero no dejamos de lado la posibilidad”, dice José Shabot.

 

Amenazas a un modelo prometedor

Si bien Quiero Casa no se enfrenta a la adquisición de predios a las afueras de las ciudades ni está sujeta de manera vital a los subsidios gubernamentales, sí enfrenta los retos de ser una constructora nueva enfocada en el Distrito Federal.

Los propios Shabot lo reconocen: cada vez es más difícil encontrar nuevos predios con las dimensiones necesarias para levantar desarrollos que hagan sentido a las proporciones de la inversión.

La colonia Doctores es ejemplo de esta problemática, pues la zona cuenta con poco más de 50,000 habitantes que se distribuyen en apenas 20,000 viviendas, mientras que en días laborables existe una población flotante de hasta 150,000 visitantes, los cuales utilizan los equipamientos y los centros de empleo de la zona.

La colonia Doctores ha entrado en un proceso de despoblamiento desde los sismos de 1985 y tiene contabilizadas cerca de 3,000 viviendas desocupadas por problemas estructurales y de mantenimiento.

“Las acciones de mejoramiento barrial y urbano buscan la recuperación de inmuebles con valor patrimonial, la creación de nuevos equipamientos para los vecinos, así como el mejoramiento de la infraestructura existente”, indica la Seduvi.

Pese a que la colonia tiene potencial y terrenos disponibles, el plan de reordenamiento habitacional está en discusión desde 2008, lo que dificulta el cambio de uso de suelo de predios que pueden pasar de bodegas industriales a edificios de departamentos.

 

Aulas itinerantes

El acercamiento de Forbes con los hermanos Shabot no sólo a fue a propósito de su emprendimiento. El encuentro también toca un punto importante: la sustentabilidad en las condiciones de trabajo.

José Shabot se desempeñaba como interno en una obra antes de fundar su propia empresa y ahí detectó un problema que hasta la fecha es todo un tema en el sector: el nivel de alfabetización de los empleados de la construcción.

“Trabajaba en una obra donde tenía que ir los sábados, que era día de pago, y me tocó ver que en algunos casos se les descontaba del pago y los trabajadores no podían reclamar porque no sabían leer. Es una situación preocupante.”

Actualmente, 20% de los trabajadores de la construcción no sabe leer ni escribir, y más de 90% carece de un certificado de secundaria; algunos incluso no hablan español.

A través de la fundación Construyendo a México Crecemos, IAP, la empresa de los Shabot empezó con un proyecto de alfabetización, educación primaria, secundaria y técnica, así como computación y algunos cursos humanistas a los trabajadores.

El proyecto implica un aula itinerante donde los trabajadores pueden tomar clases gratuitas por las mañanas antes de iniciar su día laboral.

“Llevamos el aula a sus lugares de trabajo y proporcionamos una hora de su jornada al día (otra hora la pone el trabajador).  Hasta la fecha, hemos logrado graduar alrededor de 700 albañiles y trabajadores de la construcción”, cuenta José.

El proyecto cuenta con el apoyo del Gobierno del Distrito Federal, que se ha sumado a la iniciativa con la instalación de aulas en algunos de sus proyectos, así como otras desarrolladoras miembros de la Asociación de Desarrollos Inmobiliarios, que también apuestan por una mejor calidad de vida para los trabajadores de la construcción.

“Esta iniciativa hace la diferencia en la calidad de vida que ofrecemos a los trabajadores dentro de las obras y a nosotros, como compañía, nos deja una gran satisfacción y orgullo el verlos superarse”, dice José Shabot.

trabajadores de la construcción

 

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