Consejo de Administración, Junta directiva o directorio, son los tres nombres, pero con una sola oportunidad de crear valor empresarial.

 

 

En Latinoamérica las principales instancias de gobierno de las organizaciones tienen varios nombres, sin embargo los retos y desafíos son comunes. En las próximas publicaciones de este blog, usted podrá encontrar una referencia a los principales temas de los Directorios–Consejos de Administración–Juntas Directivas en el contexto latinoamericano y algunas reflexiones sobre acciones prácticas para que estas instancias de gobierno añadan valor a su empresa.

El desafío de los Consejos de Administración depende predominantemente de las expectativas y responsabilidades que recaen sobre ellas.

En general, las expectativas y responsabilidades de las juntas directivas se han incrementado en el mundo de forma reciente. De los Consejos se espera hoy que sean los guardianes de los intereses de los accionistas y preserven el valor de la empresa. Su trabajo, entonces, es tomar decisiones de negocios con un horizonte de largo plazo que haga primar los intereses de todos los accionistas y de la propia organización.

En esta última consideración es preciso reconocer que hoy, cuando se hace alusión a los intereses de la empresa, se hace referencia a la necesidad de balancear intereses que confluyen en las organizaciones, como los de los accionistas, acreedores, inversionistas, empleados, clientes y hasta la comunidad donde opera la compañía.

Es por ello que un factor fundamental para “descifrar” la responsabilidad de los Consejos de Administración es su vocación por el largo plazo. Todos los directorios deben ser capaces de asegurar que sus acciones y decisiones velan por el largo plazo de la organización empresarial.

Los deberes de los miembros de las juntas directivas: diligencia y lealtad, no se pregona exclusivamente de los intereses de los accionistas, involucra también los intereses de la propia empresa.

Los deberes fiduciarios de los miembros de juntas directivas son universales y han sido consignados de diversas formas en la mayor parte de las legislaciones corporativas del mundo. Estos deberes hacen alusión al deber de diligencia: actuar con la prudencia de un buen hombre de negocios y, por otra parte, el deber de lealtad que implica actuar con transparencia y administrando cualquier conflictos de interés que pueda resultar de su participación en la decisión. Es por esta última vía que las discusiones de sostenibilidad y responsabilidad corporativa están presentes en la mayor parte de las mesas directivas del mundo. Sin embargo, la presión por los resultados de corto plazo por parte de los dueños sigue siendo un factor para considerar en los modelos de gobernabilidad.

 

 

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