A diferencia de otros delitos, la piratería no está  socialmente considerada como una práctica nociva; 8 de cada 10 mexicanos han comprado un artículo ilegal al menos una vez.

 

Por Gerardo Ortiz De Campo *

 

PUBLICIDAD

La piratería, o de manera más técnica los delitos en contra de la Propiedad Industrial y los Derechos de Autor, son ilícitos que deben ser vistos desde diversos ángulos, y sobre todo, debe de analizarse la percepción que, dentro de la propia sociedad, se tiene de las personas que no sólo compran productos apócrifos, sino también de aquéllas que los comercializan, distribuyen, fabrican e importan.

ontrariamente a lo que sucede con otros delitos federales también considerados como graves por el Código Federal de Procedimientos Penales, como el secuestro o el narcotráfico, la piratería es un ilícito que no tan penado por la sociedad mexicana.

Desde hace muchos años, han existido personas que encuentran una forma de obtener mayor beneficio de una situación en particular.

Inclusive cuando esta forma de obtener beneficios sea, en ocasiones, más cercana a la ilegalidad o dentro de ella, que cercana a las pautas que marcan las normas jurídicas. Un vivo ejemplo de esto es el caso de la comercialización de productos conocidos como “piratas”, que no son más que productos que ostentan de manera no autorizada una marca o reproducen un obra sin la debida venia del autor o de quien tenga en su favor los derechos de explotar una creación artística.

En septiembre de 2011, American Chamber of Commerce México publicó su más reciente encuesta sobre hábitos de consumo de productos falsificados  y los resultados fueron abiertamente reveladores, confirmando esta tendencia de aceptación hacia el consumo de productos pirata o falsificados.

En este estudio pudo concluirse que 8 de cada 10 personas encuestadas aceptaron haber adquirido o bajado de Internet algún producto pirata;  de este 80%, el 47% se encuentra en un rango de edad de entre los 16 y los 30 años.

Como parte de la misma encuesta, se preguntó a los participantes cuál era su percepción del fenómeno de la piratería, y la respuesta más común fue que era una manera de obtener productos de la misma o similar calidad a un menor precio. Más alarmante resulta la estadística que muestra que 94% de los encuestados dijeron conocer a alguna persona que comprara piratería, y 54% de los mismos aceptó que recomendaría a alguna persona comprar productos falsificados.

Estos números reflejan claramente que una gran parte de la sociedad mexicana está consciente que la piratería es ilegal pero decide consumirla dado su precio más “competitivo” con relación a su original, siempre y cuando, claro está, el producto que se consume no afecte su salud o su seguridad. La consumen, también, porque de primera mano este precio más competitivo se ve reflejado en su bolsillo (padres de familia que prefieren comprar una película pirata a gastar más de 400 pesos en una salida familiar al cine), más no se dan cuenta que el fomento a estas actividades pudieran incidir, a mediano plazo, tanto en su estabilidad laboral como en su seguridad y la de su familia.

Posibles soluciones

Estamos convencidos que para erradicar este problema no hay una solución única, ya que depende de la participación de diversos actores de nuestra sociedad para poder controlar, en un primer momento, y terminar con este problema que tanto daño causa no sólo a las industrias directamente afectadas, sino de forma mediata a los trabajadores que pierden sus empleos por falta de inversiones y a los comerciantes establecidos que ven cómo comerciantes ambulantes generan mejores ganancias sin la necesidad de pagar impuestos.

Las soluciones propuestas serían las siguientes:

A) Educación.- El fomento de una cultura de respeto a los derechos de creadores y de titulares de marca, desde pequeños, puede llevar a que los niños crezcan con esta idea de respeto y de intolerancia hacia las prácticas comerciales ilícitas.

B) Concientización.– De la mano con la propuesta anterior, es necesario concientizar a la sociedad que el consumo de productos pirata y falsificados lejos de beneficiar a la economía personal o familiar, tienden a crear un grave riesgo para la estabilidad económica del país, y por ende, la estabilidad económica de la mayoría de los mexicanos.

C) Fortalecimiento de acciones legales.- El Estado debe continuar con su labor de aplicación de la Ley para hacer respetar los derechos de autores y titulares de marcas para impulsar la creación de una imagen de intolerancia ante esta actividad.

El problema de la piratería no terminará sino hasta que se acabe, o por lo menos se minimice, la demanda de dichos productos por parte de los distintos miembros de la sociedad mexicana.

 

* Gerardo Ortiz De Campo  es Asociado de Grupo de Práctica de Propiedad Intelectual de Baker & McKenzie México

 

Contacto

Facebook  BakerMcKenzieMexico

 

Siguientes artículos

Actividad económica de EU mejora en julio: Fed de Chicago
Por

El índice del organismo registró un avance a -0.15,  frente a la cifra revisada desde -0.23.   Reuters CHICAGO...