Al transitar por cientos de lecturas, en algún momento de la vida leí que “se nace humano y se llega a ser persona” y este fin de semana pude confirmar que es cierto.

Se dice que el ser humano adquiere por el camino “habilidades y comportamientos propios de la persona”, es decir, aprende a ser racional, a ser moral, a distinguir entre el bien y el mal, a ser productivo de acuerdo con su sociedad, entre muchas otras cosas.

Podemos decir entonces que nacemos humanos y que desde la infancia somos personas en desarrollo. Partiendo de esta cavilación, considero importante analizar lo que estamos haciendo para que nuestros niños sean mejores personas, porque seres humanos ya son.

Como dije antes, pude comprobar que algo están haciendo Mary Carmen Cabrera y su equipo de BusinessKids, que están generando mejores personas con su programa de emprendimiento infantil.

De pronto me vi aprendiendo lecciones de los más de 50 niños emprendedores que participaron en el Cuarto Congreso Internacional BusinessKids. Estos pequeños, procedentes de cinco países, han pasado por uno o varios cursos en los centros de emprendimiento infantil de esta exitosa marca mexicana y los resultados no solo muestran a niños emprendedores, también dejan ver a “personas” felices cumpliendo sus sueños, ya que como dice Mary Carmen los niños son “emprendedores de parto natural”.

Por ejemplo, pude ver a niños del DIF que, a pesar de sus carencias sociales y económicas, se atrevieron a subir a un escenario en una noche de pitches -sin una idea de negocio- solamente a decir que las lecciones de emprendimiento que recibieron en el Congreso los motivaron a seguir adelante en la vida. También fui testigo de cómo estos pequeños fueron recibidos e integrados a sus dinámicas, sin ningún prejuicio, por el resto de los niños.

Otro momento interesante fue escuchar que uno de los menores bajo tutela del DIF le entregó una carta a uno de los pequeños emprendedores más avanzados, para hacerle saber que su historia de emprendimiento lo inspiró a superarse en la vida; todo esto de manera natural, sólo motivados por los valores de vida que enseña el emprendimiento.

En la noche de pitches también pude escuchar a niños preocupados por solucionar un comercio justo con artesanos o que venden productos para ayudar a salvar especies en peligro de extinción. Y no son solo sueños, ellos lo están haciendo. Aunque sus negocios por el momento son económicamente incipientes, desde su origen son ricos en aspiraciones genuinas, lo que hace a estos pequeños mejores personas.

Sin importar lo grande o pequeña que fuera su idea de negocio, estos chiquitines mostraron mucha más confianza en lo que están haciendo que la confianza que he visto en muchos adultos que han iniciado un negocio.

La libertad de ser y hacer, con sus correctos límites, es algo que BusinessKids ha sabido infundir a los niños y a sus padres. En una situación normal y conforme a los nuevos estilos de vida, los padres se han vuelto sumamente protectores y no descuidan ni un momento a sus pequeños; pero aquí todo fue libertad.

Lo pequeños pulularon por todo el hotel, albercas, playa, restaurantes, únicamente observados y guiados por uno o dos instructores. Hicieron barbaridades (de niños), pero sin dañar ni causar estragos. No hubo niños extraviados, lesionados o excluidos.

Realizaron actividades para fortalecer su espíritu emprendedor, participaron en un evento de pitches, se divirtieron en una noche de disfraces y fogata, vendieron sus productos, conocieron amigos de otros países y hasta organizaron un “reventón” en el autobús (los que regresaron a la Ciudad de México desde Acapulco, donde fue el Congreso).

El reventón fue observador por los padres, quienes a pesar del cansancio no dejaron de disfrutar a sus hijos sin reprimirlos. Los pequeños cantaron, bailaron, echaron porras, rieron y respetaron a todos en el autobús. El valor de este momento se reflejó en una frase de uno de los niños: “para qué quiero una Tablet, si tengo amigos”.

Fue muy interesante ver a niños de entre 5 y 6 años conviviendo con adolescentes de entre 12 y 15 años, sin ningún tipo de discriminación o distinción. Por tres días no existieron las barreras que siempre imponen los adultos: niños de un lado y niñas del otro, o niños pequeños de un lado y niños grandes de otro.

Todo eso ocurrió mientras los padres escucharon charlas de expertos para saber guiar a estos “emprendedores de parto natural”.

En condiciones normales, los padres hubieran dicho “bájate de ahí”, “no corras”, “no toques”, “no hagas”, “no grites” … no, no, no y no; mantenido reprimidos a estos pequeños que están desarrollándose como personas con las habilidades y valores que da el emprendimiento.

Yo aún no tengo la fortuna de ser padre, pero si un día ocurre no dudaré ni un momento en darle la oportunidad de ser un “emprendedor de parto natural”, que sepa servir a otros, a respetar, a no discriminar y, sobre todo, que se dedique a lo que más le guste en la vida, a eso que le salga de alma y viva de eso el resto de su vida.

 

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