Con toda la fiebre mundialista de Rusia 2018 no podía dejar de escribir, aunque sea una columna al respecto y antes de empezar, les adelanto que fue redactada durante la última semana de junio.

En esta ocasión quiero hacer referencia a los países que hay detrás de los equipos que participan en la cancha de juego, ya que sólo vemos a 11 jugadores representando a 350 mil islandeses, o a más de 200 millones de brasileños y nigerianos.

Supongo que la enorme euforia que se genera en cada partido está enmarcada por la expectativa de los pobladores del país que juega. La expectativa de poder competir en “igualdad de circunstancias” contra una potencia mundial como Alemania. La expectativa de que por 90 minutos no importan las diferencias económicas y sociales: en la cancha son solamente 11 vs 11.

Sin embargo, resulta interesante revisar esas desigualdades entre países. Es impresionante ver los diferentes sistemas políticos y económicos a los que pertenecen cada uno de los jugadores. Lo que representan y a lo que se enfrentan.

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Por ejemplo, Islandia con tan sólo 350 mil pobladores y 103 mil km² de territorio, podría enfrentar en la fase de octavos de final a Francia, que cuenta con 66 millones de habitantes (casi 200 veces más que Islandia) en 640 mil km² (solamente 6x más km² que Islandia). Ni qué decir del PIB de cada uno: Islandia 29 billones de dólares (bn) vs Francia 2,900 bn. Es decir, Francia cuenta con 100x más dinero que Islandia para poner sus mejores 11 jugadores en la cancha, ¿en verdad puede ser una pelea justa?

Si le preguntamos a los islandeses la respuesta es un contundente: Sí. Es tan justa que en la Eurocopa 2016 pasaron por encima de Inglaterra que cuenta con un PIB de 2,900 bn (prácticamente igual que Francia) para llegar a cuartos de final y que Francia los eliminara con un marcador de 5-2, sin que el dinero de cada país influenciara el resultado, ¿será?

¿De acuerdo con un artículo de The Economist titulado “What makes a country good at football?”, elementos como la riqueza, tamaño e interés mostrado en el fútbol por cada país puede explicar los resultados que su selección obtiene. Entonces, ¿importa cuánta lana tiene cada nación para que pueda ser campeón del mundo? Parece que sí.

Lo bonito del fútbol es que estadísticamente cada partido es un dato de referencia independiente. Es decir, cualquier cosa puede pasar. México le puede ganar a Alemania y convertirse en un “outlier” en la serie estadística de los cientos de juegos de la poderosa selección teutona. Sin embargo, al unir varios puntos que parecen independientes en un modelo estadístico que incorpora varios cientos de encuentros, o puntos independientes, se puede ver una clara tendencia. Ahí es donde los “grandes” equipos tienen una mayor probabilidad de ganar.

En la estadística “extendida” ganan los que no son machos, pero sí son muchos, que por lo mismo tienen bastante lana y su población es una fiel seguidora del fútbol nacional.

El artículo profundiza y presenta que países como Senegal (15 millones habitantes / PIB 19 bn) difícilmente podrían competir de “tú a tú” con potencias económicas, ya que en algunas ocasiones los entrenadores de esta selección tuvieron que desparasitar y alimentar a varios de sus jugadores antes de poder entrenarlos. Aun así, al momento de escribir esta columna, Senegal le ganó 2-1 a Polonia (38 millones habitantes / 615 bn) y empató a 2 nada más ni nada menos que con la tercera economía más grande del mundo: Japón (126 m.hab / PIB 5,167 bn)

¿Cómo podemos explicar algo así? Una forma es recurriendo al punto estadístico platicado anteriormente: en un partido se puede dar el resultado que sea. Como beneficio para Colombia, siguiente rival de Senegal en la fase de grupos, la estadística está de su lado.

Senegal tendría que converger a su línea de tendencia y perder. No sólo la estadística acompaña a Colombia, también lo hace su población de casi 50 millones de personas y sus 327 bn de PIB. Lo cual lo pone 22x por encima de Senegal en términos económicos y 3x en términos de población.

Y, por si fuera poco -agregaría el autor del citado artículo de The Economist– la popularidad y el interés por el fútbol en cada país contribuye de manera importante a la correlación existente entre variables en el modelo estadístico utilizado. ¿What?

Así como lo lees, en países donde las búsquedas en Google sobre fútbol acapararon el 90% de la atención del auditorio, hay una mayor posibilidad de resultar campeones en el mediano y largo plazo. En Colombia olvídate de las búsquedas, cuando juega la selección colombiana, el país se tiñe de amarillo. Todos (y no exagero) se ponen la camiseta el día del partido. Resulta casi abrumador para los que no sean fanáticos de este bello deporte. Para los que sí lo somos, es inspirador y emocionante. Épico.

Pero entonces, si el PIB, el tamaño de la población e interés por el deporte son elementos contundentes para que un país aumente sus probabilidades de ser campeón, ¿qué pasó con China? Resulta que Xi Jinping se atormenta buscando la respuesta a la misma pregunta. Por eso, uno de los planes del presidente de China es que su país sea una súper potencia futbolística para el 2050. Lo mismo se propuso Estados Unidos hacia el 2020 justo después de ser el país sede del mundial en 1994. Si bien nos ha dado varios dolores de cabeza (el más doloroso en Corea-Japón 2002 cuando nos eliminó en octavos con un contundente 2-0 y la expulsión de nuestro gran ídolo Rafa Márquez) no está ni cerca de ser una súper potencia futbolística.

Algunos lo achacan al poco interés del pueblo americano por este deporte, ya que la población y el PIB vaya que los avala. Otros dirán que el fútbol es un deporte celoso que no se conquista con dinero, sino con el corazón. Y si no, díganselo a los panameños para quienes anotar su primer gol en un mundial significó una proeza nacional. Ese gol valió por 7 y en la psique de todo panameño bastó para derrotar a Inglaterra 7 a 6. Si para la FIFA no es así, allá ellos. “La marea Roja” ganó en Nóvgorod.

¿Y los chinos, apá? Población de 1,370 millones de habitantes (10x México) y PIB de 14,100 bn (12x México) no pudo calificar al mundial, a diferencia de Panamá o Islandia que sí lo lograron. Queda claro que el dinero por sí solo no logrará formar a esos 11 guerreros chinos capaces de ganarle a los 11 miembros de la “garra charrúa”. Se necesita aplicar ese dinero en el origen: en los niños. Para 2025 Jinping se ha propuesto que se enseñe fútbol en 50 mil escuelas.

Uruguay con sus 3.5 millones de habitantes y sus 63 bn de PIB, difícilmente llega a 2,500 escuelas en su totalidad. Con eso le alcanza para formar jugadores como Cavani, Suárez, Schiaffino o Varela. ¿Cómo le hacen para que la proporción tan alta de jugadores de talla internacional/habitantes sea tan alta? Sólo Dios lo sabe, pero sí podemos aprender algo: en proporción a su PIB destinan un monto importante al fútbol, la población está MUY interesada en este deporte y por lo mismo su práctica empieza desde que son muy pequeños. De ahí la idea de China de meterse en las escuelas.

Finalmente, ¿qué pasa con México? Somos más de 120 millones de mexicanos gritando al mismo tiempo los goles de “El Chucky” y “El Chicharito“. Contamos con PIB de 1,200 bn y tenemos un interés genuino por el juego. Muchas veces poco profundo y sofisticado, pero lo que nos falta de conocimiento lo subsidiamos con amor e ingenio. Y así es como concluye la investigación de The Economist. Una parte fundamental cuando se enseña este bellísimo deporte (el deporte más hermoso del mundo diría Luis Omar Tapia) es dejar libre al niño para que imagine. Sí, tal cual como nos dice “El Chicharito”.

Dejar que el niño imagine cómo mover el balón, crear espacios, hacer paredes y triangulaciones. La investigación demuestra que, si el fútbol se quiere enseñar a punta de teoría y con metodología rígida, sin permitir al joven imaginar y crear, el resultado será mediocre o malo. Así pues, se demuestra con la historia de la selección alemana, actual campeona del mundo.

Cuando existían 2 Alemanias, el fútbol en la Alemania Oriental (1949-1990) se enseñaba con mucho rigor y nula libertad de juego. ¿El resultado? La selección de Alemania Oriental (o Democrática) tuvo resultados muy pobres en comparación a la selección de Alemania Federal (u Occidental). La primera sólo logró clasificar a una copa del mundo (1974) y nunca consiguió clasificar a la Eurocopa. Jamás tuvieron un jugador como “El Kaiser” (Franz Beckenbauer) a quien le podemos agradecer la creación de la posición de Libero (parte de la libertad de imaginar y romper paradigmas en el juego).

En conclusión, en México tenemos un gran número de mexicanos de dónde escoger 11 grandes guerreros, contamos con el dinero para hacerlos competitivos (como se ha demostrado en campeonatos mundiales juveniles y olimpiadas), existe un enorme interés de la población en este hermoso deporte y somos bastante libres y nos permitimos imaginar una forma diferente de jugar fútbol: ¡a la mexicana!

Tenemos todo para ser campeones y después de los partidos jugados por El Tri de nuestro corazón parece que empezamos a cambiar la estadística para volvernos parte de ese grupo selecto de equipos a nivel mundial. ¡Venga México!

 

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