La sobreoferta de crudo que mantiene los precios tan bajos orilló a recortar personal y proyectos de las grandes compañías en todo el mundo. Las empresas están sufriendo, sobre todo las medianas y pequeñas, y en el futuro puede haber quiebras, fusiones y adquisiciones. Pero la historia de los petroprecios no termina todavía. 

 

Desde que comenzaron a caer –sin freno– los precios internacionales del petróleo en la segunda mitad de 2014, todo el mundo espera una reversión de la tendencia en función de los países productores, algo que no ha ocurrido.

Lo más cercano que ha pasado es la propuesta de Arabia Saudita y Rusia, hecha ayer (16 de febrero de 2016), de estabilizar –pero no recortar– la producción de petróleo a niveles de enero de este año. El acuerdo sólo avanzará si los integrantes de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) también se comprometen a congelar su producción. El optimismo se desvaneció pronto en los mercados y los precios del WTI y el Brent cayeron por debajo de los 30 dólares por barril.

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Los petroprecios bajos no han reducido considerablemente la producción ni la sobreoferta, pero las empresas sufren en sus balances. Cuando alcanzó su pico de 9.6 millones de barriles diarios en junio de 2015 y hasta la primera semana de febrero de 2016, la producción de petróleo crudo de Estados Unidos sólo ha bajado 5.2%, es decir, menos de 500,000 barriles diarios, de acuerdo con datos de la Administración de Información Energética de EU (EIA, por sus siglas en inglés).

Arabia Saudita, el tercer productor de crudo más grande del mundo (y el que tiene los costos más bajos de operación), alcanzó su pico en el verano pasado al extraer 10.5 millones de barriles diarios. Para este año se prevé que mantenga la producción promedio en 10.3 millones de barriles por día, según estimaciones de Credit Suisse.

La sobreoferta de crudo que mantiene los precios tan bajos orilló a recortar personal y proyectos de las grandes compañías en todo el mundo, aunque eso no significa, ni mucho menos, su desaparición. Pero las empresas están sufriendo.

“Para las grandes compañías, si bien es un problema de capitalización, van a poder sobrevivir con ciertos cambios y cancelación de proyectos. También será la oportunidad para que se deshagan de activos”, dice Alexandro Padrés, socio de la firma estadounidense Sherman & Sterling.

Pero las medianas y pequeñas, muchas de ellas protagonistas de la revolución del shale oil en Estados Unidos, están al borde de la quiebra o ahorcadas por la deuda.

De 500 empresas globales de exploración y producción, 175 están en riesgo de caer en quiebra en 2016, de acuerdo con un reporte de Deloitte.

Firmas estadounidenses que extraen shale oil y shale gas con fracking, como Samson Resoruces y Hercules Offshore, se declararon insolventes en 2015, y otras como Goodrich Petroleum y Halcon Resources, no tienen muchas posibilidades de sobrevivir este año sin recurrir a la bancarrota.

A pesar de este panorama oscuro, estas empresas también encontrarán oportunidad de reestructura o abrir la puerta a las fusiones y adquisiciones, dice Padrés.

En medio de esta coyuntura, ¿qué pasa con México y los contratos que acaban de ganar las empresas privadas en las tres primeras fases de la Ronda Uno? Los primeros frutos de la reforma energética se verán en tres años, de acuerdo con declaraciones del comisionado presidente de la Comisión Nacional de Hidrocarburos, Juan Carlos Zepeda, el 15 de diciembre de 2015 al anunciar los ganadores de la fase tres.

Esto daría tiempo para una recuperación del precio del barril de petróleo al que apuestan muchas de las compañías. ¿Cuándo subirán los precios? Si se ven las reservas que tienen los países más importantes, parece que aún falta mucho tiempo. Pero los precios bajos no destruirán la industria, sólo la transformarán. El problema no es el precio, sino qué tanto tiempo se prolongue así.

 

Compañías en problemas, pero la producción sigue

La caída de los precios internacionales también se ve en la cantidad de pozos en operación. En Estados Unidos, al 29 de enero de 2016 había 619 plataformas petroleras en operación, 924 menos que en la misma fecha de 2015, de acuerdo con la firma de análisis Baker & Hughes.

En el caso de México, Petróleos Mexicanos (Pemex) perforó 274 pozos de exploración y producción durante 2015, 49% menos de los 538 que operaba en 2014, de acuerdo con la base de datos de la empresa productiva del Estado.

Por otro lado, la producción de gas shale en Estados Unidos ha caído solamente 8%, pero si se ve la producción por el número de equipos, se ha desplomado 64%.

“La estrategia de producción es mantenerla con reparaciones e incrementar el factor de recuperación de pozos”, dijo Ramses Pech, especialista del sector energético en Caraiva y Asociados.

Hasta ahora la mayoría de los productores de gas shale en EU han sobrevivido a los bajos precios desde que Arabia Saudita aumentó sus niveles de producción hasta llevarlos a 10.5 millones de barriles diarios en el verano de 2015.

Pese a que el precio del WTI se mantiene por debajo de los 30 dólares, la mayoría de los ‘frackers’ siguen operando debido a que el gas shale sigue siendo más barato que el petróleo y continúa la demanda por el mismo. Pero las compañías, sobre todo las medianas y pequeñas, enfrentan presiones financieras.

“Los productores de shale son chiquitos, algunos tan pequeños que producen un barril diario. Muchos de los productores han desarrollado sus instalaciones con crédito y tienen un nivel alto de endeudamiento”, comentó Jorge Suárez-Vélez, socio fundador de SP Family Office en reunión con periodistas el pasado 21 de enero.

Bajo este contexto, muchos productores tienen que entrar a una carrera de resistencia para soportar la crisis de precios bajos. Pero la meta parece estar aún muy lejos; con el regreso de Irán al mercado y la baja demanda de China, los precios pueden permanecer bajos por un tiempo más, sin tomar en cuenta que Arabia aún tiene margen para incrementar su producción.

“La mayor fuente de sorpresas incrementales sigue siendo, a nuestro juicio, Arabia Saudita por su flexibilidad y escalabilidad de producción”, dijo Credit Suisse en un análisis publicado el 26 de enero.

 

Si los precios no suben, la industria se adaptará

Bank of America Merrill Lynch prevé en un análisis publicado el 9 de febrero que los precios del crudo Brent y WTI se recuperen entre los 75 y 80 dólares en el largo plazo. En los próximos cinco años, el precio podría oscilar entre 25 y 50 dólares por barril.

¿Los productores sobrevivirán a estos precios? No todos, pero eso abrirá la puerta a otras oportunidades, considera Alexandro Padrés, socio en Sherman & Sterling.

“Las grandes compañías van a poder sobrevivir, con ciertos cambios y suspensiones de proyectos. Además, es la oportunidad para que se deshagan de activos.”

Para las pequeñas y medianas seguramente habrá incumplimientos en sus pagos de deuda, pero eso también dará paso a las reestructuras y posibles fusiones y adquisiciones, confirmó el especialista de la firma con sede en Nueva York.

Pese a todo, las compañías siguen invirtiendo en tecnología para abaratar costos y hacer la industria más rentable con estos precios, indica BofA Merril Lynch.

“Dicho de otra manera, aquí suponemos que la tecnología ha planteado de forma permanente la capacidad de la industria para desarrollar nuevas fuentes de suministro a un costo mucho más bajo.”

 

Una apuesta a largo plazo

Bank of America también plantea en su análisis que debido a la sobreoferta en el mundo, el suministro de petróleo ya no es una limitante para el crecimiento global. Los países que resienten más la caída de los petroprecios son los que aún dependen del oro negro para balancear sus presupuestos.

Los ingresos del petróleo representan alrededor del 45% de los ingresos del sector público en Rusia, el 21% en Malasia, 18% en México, 17% en Colombia y el 11% en Indonesia, según BofA.

México sigue en el camino de despetrolizar sus finanzas mediante recortes presupuestales y más recaudación por otras vías, y a la vez realizó tres subastas de campos. En la última, las 15 áreas de extracción licitadas fueron entregadas a compañías privadas. La otra pregunta que surge es, ¿sigue siendo rentable para las compañías operar estos campos a los precios actuales?

“Le están apostando a que suba el precio. Invierten para recuperar en el mediano plazo”, dice Alexandro Padrés, aunque recuerda que las compañías están sujetas a condiciones contractuales para comenzar su producción en determinado momento.

El panorama actual no es nada halagüeño para la industria de hidrocarburos, y aunque no significa su destrucción, sí vendrá una transformación de la misma. Así lo ve el especialista de Shearman & Sterling.

“El horizonte se ve un poco oscuro. Estamos en una época de transición y no hay que perder de vista que las inversiones son a largo plazo.”

 

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