En aras de beneficiar los intereses de unos cuantos, ¿el gobierno federal moverá todo un entramado legal para permitir la siembra de transgénicos?

 

Después de que el año pasado el Juzgado Federal Décimo Segundo de Distrito en Materia Civil en el Distrito Federal rechazara por unanimidad el amparo que interpuso la empresa trasnacional Syngenta en contra de la medida cautelar que impide la siembra de maíz transgénico en México, la compañía ha tenido que conformarse con seguir con la comercialización de semillas híbridas.

En una reciente plática con Jon Parr, el jefe mundial de Operaciones del gigante suizo, señaló que la compañía no tiene planeadas grandes inversiones en el país en los próximos años, a pesar de ser uno de sus 15 mercados más importantes de las 90 naciones en las que opera.

El de los transgénicos es un negocio que se le ha resistido a la empresa, uno de los cinco productores más importantes de organismos genéticamente modificados en el mundo. Sin embargo, las medidas cautelares que pesan en el país en contra de su siembra, así como la creciente oposición en Europa en contra de los mismos, no ha mermado las ganancias de Syngenta, que el año pasado registró ventas superiores a los 15,000 millones de dólares, lo que representó un aumento de 3% con relación a 2013, según su informe corporativo.

Aunque según ejecutivos de Syngenta la disposición judicial para prohibir la siembra de maíz transgénico no está atada a las inversiones, este mercado se ha convertido en uno de los más codiciados para las empresas del ramo, ya que la variedad de climas y suelos hace del país el territorio ideal para la producción de semillas que después podrían exportarse a otras naciones como El Salvador, Chile y Costa Rica.

Una estimación hecha por Agrobio –organismo que agrupa a las empresas de biotecnología en el país– en 2008 señala que el mercado en México podría alcanzar un valor de 280 millones de dólares, pero producir semillas de exportación podría triplicar la suma.

Tan sólo Monsanto, el líder mundial en este rubro, tiene capacidad para producir desde México semillas para Estados Unidos, Europa, Centroamérica y Filipinas, que juntos rebasan el 60% de la superficie mundial total sembrada de transgénicos.

En octubre de 2009, el gobierno mexicano dio luz verde a la siembra experimental de estos organismos, en medio de una polémica por las presuntas afectaciones en las especies nativas.

Colectivos han promovido recursos legales para evitar la siembra de maíz transgénico, lo que ha derivado en una intensa batalla legal con los gobiernos federales y las empresas. Las grandes firmas del ramo pueden estar esperando ganar la batalla legal para multiplicar sus inversiones en México; sin embargo, según activistas, ésta es una batalla que puede durar años.

Indudablemente, las medidas precautorias obligaron a estas compañías a cambiar sus planes. La pregunta es si, en aras de beneficiar los intereses de unos cuantos, ¿el gobierno federal moverá todo un entramado legal para permitir la siembra de transgénicos? Ejemplos sobran, y en este escenario sólo nos queda esperar el desenlace.

 

Contacto:

Twitter: @julianafregoso

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

Siguientes artículos

El pecado original de la riqueza
Por

Había que rascar en el pasado para desentrañar el origen de la relación que los mexicanos tienen con la riqueza. Y el re...