En el corto plazo, el impacto de los precios del petróleo se ha observado en la reacción del tipo de cambio. En lo demás, la economía mexicana está “blindada”. No obstante, en el mediano plazo una reducción “permanente” en los precios del petróleo podría llegar a tener un impacto negativo.

 

Por Gabriel Casillas

Los precios del petróleo han experimentado una caída significativa en los últimos seis meses, pasando de niveles cercanos a los 110 dólares por barril en junio de 2014 —en el caso del crudo WTI— a niveles por debajo de 50 dólares por barril actualmente. En mi opinión, existen dos razones que han llevado a este descenso:

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  1. Por el lado de la oferta, el gran incremento de la producción de petróleo en Estados Unidos, en los últimos siete años, donde se producían poco más de cinco millones de barriles diarios (mbd) en 2005, y a finales del año pasado ya se producían cerca de 9 mbd.
  2. Por el lado de la demanda, la fuerte desaceleración económica que ha registrado China, cuyas tasas de crecimiento en la actualidad oscilan alrededor de 7%, mientras que se ubicaban por arriba de 10% algunos años atrás.

Hacia adelante, desafortunadamente, parece que los bajos precios del petróleo “llegaron para quedarse”, debido principalmente a que estas dos características están lejos de cambiar en el corto plazo.

¿Cómo afecta esto a la economía mexicana? Ésta ya no está fundamentada en la producción petrolera. La producción de petróleo crudo y productos relacionados con el mismo representa menos de 6% del PIB, y las exportaciones de petróleo crudo representan únicamente 13% de las exportaciones totales. No obstante lo anterior, los menores precios sí plantean riesgos a la baja, particularmente en las finanzas públicas, donde la dependencia de los ingresos fiscales petroleros se encuentra actualmente cerca de 35%. Sin embargo, el impacto de los menores precios del petróleo en las finanzas públicas está limitado, debido a una serie de mecanismos de absorción de choques y ciertas características con las que ahora cuenta la economía mexicana:

  1. Programa de coberturas del gobierno. Por más de 10 años, el gobierno mexicano ha comprado coberturas (i.e. compra de derivados financieros) para proteger los ingresos petroleros del país. En este contexto, para el año fiscal 2015 el gobierno cubrió los ingresos relacionados con el petróleo en su totalidad en 79 dólares por barril, por lo que en este año no se tendrán que instrumentar ajustes al gasto público si los precios del petróleo continúan en niveles bajos.
  2. El régimen de tipo de cambio de libre flotación. Históricamente se ha observado que la relación peso-dólar y los precios del petróleo tienen una correlación negativa. Los precios del petróleo normalmente caen, al mismo tiempo que la divisa mexicana se deprecia frente al dólar. En este contexto, dado que los ingresos del gobierno que recibe de las exportaciones petroleras son expresados en pesos, una depreciación del peso ayuda a compensar parcialmente la caída en los precios del petróleo. En este contexto, si los precios del petróleo bajos “llegaron para quedarse”, es muy probable que el tipo de cambio continúe experimentando alta volatilidad.
  3. Políticas domésticas en México sobre el precio de las gasolinas. Debido a la alta y positiva correlación entre los precios del petróleo y de la gasolina, los precios domésticos actuales de ésta se encuentran por arriba de los precios internacionales, por lo que el gobierno está recibiendo mayores ingresos de la venta local de gasolina, lo que ayuda a atenuar el impacto de la caída de los precios del petróleo, tanto fiscalmente como desde un punto de vista de la balanza comercial, donde no necesariamente crece el déficit.

En resumen, en el corto plazo el impacto de los precios del petróleo se ha observado en la reacción del tipo de cambio. En lo demás, la economía mexicana está “blindada”. No obstante, en el mediano plazo una reducción “permanente” en los precios del petróleo podría llegar a tener un impacto negativo en los incentivos para invertir en los proyectos que están a punto de ser abiertos, producto de la reciente reforma energética.

 

Gabriel Casillas es director general de Análisis Económico de Grupo Financiero Banorte. Las opiniones que se expresan en el artículo no necesariamente coinciden con las del Grupo Financiero Banorte, por lo que son responsabilidad absoluta del analista.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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