El autor de este blog usa como pretexto el complejo de Edipo y los entretelones de la vida familiar para recomendarnos una obra de teatro, una película y un libro.

 

 

Teatro. En 2013 se cumple una década de ausencia del genial dramaturgo Hugo Argüelles (1934-2003), maestro del humor negro en el teatro mexicano, autor de obras polémicas como El ritual de la salamandra (1979) en la que literalmente escenificó los complejos de Edipo y de Electra al interior de una familia mexicana clasemediera. Con mucha audacia, Argüelles imaginó los perversos romances entre madre e hijo y padre e hija para cuestionar el conservadurismo de la estructura familiar y exhibir el autoritarismo patriarcal o los chantajes maternos. Se trataba de un ejercicio lúdico (lúbrico) de ficción dramática que jugaba con las posibilidades más extremas de la realidad para desarrollar la intriga dentro del género de la farsa.

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Una obra en cartelera titulada El Edipo imaginario o embarázame y vete nos recuerda aquel dramón argüellano ya que su autor, Alberto Castillo Pérez, fue precisamente alumno del llamado Fauno barroco del teatro mexicano. El Edipo imaginario se publicó hace 21 años dentro del primer volumen de Teatro joven de México (Fondo Editorial Tierra Adentro, 1992), colección de cinco obras trabajadas dentro del taller de dramaturgia de Argüelles, al que pertenecía el entonces novel Castillo Pérez. En esta obra, el autor resignifica el complejo de Edipo al equiparar la relación madre-hijo con la de una mujer excéntrica que se impone a su pareja como una madre dominante, tratando de ver en él al hijo que aún no ha logrado concebir. El singular romance se sitúa en el borde de un incesto imaginario y revela las pulsiones territoriales que toda madre podría sentir hacia sus hijos, al llegar a considerarlos parte de su propiedad. La simbiosis de estos descabellados personajes es perfecta, pues tanto la amante-mamá lucha por poseer a su amado-hijo, como el edípico hijo-novio acepta complacer a su hembra-madre.

En la puesta en escena que se presenta los martes en el teatro Julio Prieto (antes Xola), bajo la dirección y producción de Rodolfo Portal de la Cruz, destaca el insólito humor de los personajes, encarnados por una muy sexy Yolanda Ventura (Graciela) y un muy sumiso Beto Torres (Eloíso), atizado por la juguetona presencia de Lupita Sandoval (la tía Josefita). Graciela ha invitado a Eloíso a su departamento para tener un romance fugaz, sin embargo, pronto le revela que su principal interés es quedar embarazada. Eloíso se aterra al saber los planes de Graciela, quien poco a poco demostrará sus verdaderas intenciones de madre dominante. Para sorpresa de Graciela, el infantil sujeto se anticipa a jugar el juego de ser su hijo, adoptando la posición fetal y pidiendo su mamila. A partir de entonces, la interacción edípica fluirá libremente entre ambos, siendo Graciela una diosa madre a la vez nutricia y devoradora, mientras Eloíso adopta el rol de “hombrecito, querubín, hijito, enano de circo”.

“Yo soy quien lo va a educar. Va a ser justo el hombre que necesito”, dice Graciela al fantasear con su embarazo. “¿Y si no es perfecto?”, le cuestiona la tía. “¡Lo mato, le juro que lo mato!” Las exageraciones de esta mujer que aún no ha sido madre, pero ya encarna los peores defectos de una progenitora desalmada, provocan la catarsis cómica. Ningún espectador, mamífero por definición, puede sustraerse al escalofrío que producen tales declaraciones maternas de amor-odio filial-carnal.

Los personajes transitan del humor fársico al delirio trágico, pues llevan en su locura el germen de la destrucción, como su arcaico modelo griego: Edipo rey de Sófocles. El Edipo imaginario o embarázame y vete escenifica una inteligente reflexión del dramaturgo Alberto Castillo Pérez sobre la importancia del rol materno en la vida del ser humano, desde una perspectiva humorística corrosiva poco explorada en el teatro mexicano.

 

 

Cine. Una visión absolutamente opuesta a la anterior es la que se muestra en el aclamado filme El árbol de la vida (Estados Unidos, 2011) dirigido por Terrence Malick, y excepcionalmente fotografiado por el mexicano Emmanuel Lubezki. En este drama aderezado de una visión cosmogónica mística, apreciamos a una madre tradicional (interpretada por Jessica Chastain): amorosa, consentidora, protectora y benévola, que sirve de contrapeso a la brutal autoridad del padre (interpretado por Brad Pitt) quien, cual macho alfa, ejerce el control sobre los individuos jóvenes (sus hijos). Jack, el hijo mayor, se rebela ante la figura paterna y desea fervientemente que su padre muera para poder ser feliz al lado de la madre. Nuevamente, asoma aquí el arquetipo edípico. Sin embargo, cuando el personaje crece y se vuelve adulto (interpretado por Sean Penn), entiende los motivos de su padre al darle disciplina y de alguna manera lo perdona antes de encontrarse con él en el mundo de los muertos. El árbol de la vida escenifica la animalesca pulsión de territorialidad al mostrar la lucha entre el padre y los hijos, aludida por Freud en Tótem y tabú, pero matizada luego por los sentimientos y emociones que otorgan humanidad y profundidad psicológica a cada uno de los personajes de esta película que no hay que dejar de ver en DVD.

 

Libros. Humanidad es una dimensión que a veces los seres humanos no conocemos del todo. Empeñados en entender el mundo desde una visión científica, cada vez destinamos menos credibilidad a los hechos insólitos. El breve libro Una unión inquebrantable, de Gregg Braden y Lynn Lauber (Urano, 2013), relata un episodio ocurrido a unos hermanos gemelos que se resuelve debido al poder de la conciencia humana. Con un poco de concentración, tal vez todos podríamos estar conectados telepáticamente, gracias a la complejidad de nuestro cerebro. La fraternidad de la especie podría consolidarse si prosperan los experimentos de “entrelazamiento cuántico” descritos en este libro, más dramático que científico. Para leerse en una sentada, obviando los defectos de la traducción castellana…

 

 

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