Los mexicanos seguimos quejándonos de todo y echándole la culpa a todo el mundo, principalmente al gobierno. ¿Y nosotros qué? Si queremos tener un mejor gobierno, tenemos que ser mejores ciudadanos.

 

 

Inició el año y la primera festividad ciudadana es la famosa rosca de Reyes; como costumbre, toda la gente hace los primeros deseos del año y eleva sus plegarias para que todo vaya bien en el 2014.

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Tomo el ejemplo de una sobrina cuando escribía sus peticiones a los Reyes Magos y les pedía que le fuera bien al país y que tuviera un mejor gobierno. En esa misma reunión, varias personas opinaban al respecto que eso estaría muy difícil, sobre todo por el supuesto paquete fiscal y los nuevos impuestos.

Al día siguiente, en algunos noticieros, escuchaba a los comentaristas hablar de nuevo sobre el tema de los impuestos y no escuché más que quejas; lo curioso es que en este programa no se dieron cuenta que lo único que hicieron desde la óptica periodística era quejarse de todo, de lo bueno y de lo malo. Como radioescucha, me quedé frío porque, para ellos, todo lo bueno y todo lo malo está mal.

Llego a la conclusión de que los mexicanos seguimos quejándonos de todo y echándole la culpa a todo el mundo, principalmente al gobierno, no importa cuál sea, no importa cuál partido o que persona, nada está bien y los ciudadanos sólo somos víctimas de los malos gobiernos. Bien decía un artista internacional después de terminar un concierto en México, que el público mexicano es el más difícil del mundo, el más exigente; es cuestión de cultura.

En esta tónica, he oído comentarios de mucha gente que se queja de las reformas que se lograron el año pasado. Cada vez que alguien me comenta sobre las reformas les pregunto lo mismo y obtengo la misma respuesta. La pregunta que siempre les hago, es: “Oye, ¿y ya leíste el dictamen de la reforma de la que me estás comentando?”. Y la respuesta es invariable: “No, pero… no estoy de acuerdo porque oí que…”.

Hubo un caso en el que era tal su insistencia, que le terminé mandando el dictamen y la justificación de la reforma; días después, le llamé para comentar el tema y, por supuesto, no se había dado el tiempo para leerla.

Es preocupante que los mexicanos, primero, sólo nos quejemos, segundo, no nos queramos informar y, tercero, que existan comentaristas que caigan en el camino fácil de buscar audiencia a través de la queja fácil. Los mexicanos estamos llenos de lugares comunes y repetimos conceptos fáciles sin ton ni son.

Esto me hace pensar que México tardó tanto tiempo en generar las reformas necesarias no sólo por culpa de los políticos, como acostumbramos a decir, sino que también todos somos cómplices del estatus quo del país, ya que es más fácil vivir quejándose y echándole la culpa a otros que cumplir las obligaciones y/o exigir a las autoridades.

El asunto de las reformas es crucial para México, los burócratas y la administración pública no se ha dado cuenta de lo que implican los cambios que se deberán de implementar con estos cambios y, al mismo tiempo, nosotros los ciudadanos tampoco; para nosotros también implica un cambio de actitud y de civilidad. Lo que me hace recordar que, como lo dice la frase del político y escritor español, Gaspar Melchor de Jovellanos, “los pueblos tienen el gobierno que se merecen”.

Si queremos tener un mejor gobierno, no queda de otra: tenemos que ser mejores ciudadanos.

 

 

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