Yoshiyuki fabrica cyborgs para hacer frente a los problemas demográficos de Japón. También ha hecho una fortuna con el repunte de las acciones de su Cyberdyne.

 

Por James Simms

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Para Yoshiyuki Sankai, pasar de un chico jugando con electrónica a un empresario que empuja los límites de la robótica parecía destino. Quedó fascinado con la ciencia en tercer grado después de leer el libro de Isaac Asimov, Yo, Robot. “En ese momento decidí que quería ser médico —investigador, científico—, uno que construyera robots”, dice.

Desde su inicio en 2004, Cyberdyne se ha enfocado en abor­dar un tema central para Japón, un rápido enveje­cimiento, la reducción de la población y el aumento del costo de la atención mé­dica y del cuidado a los adultos mayores. De hecho, los inversionistas se abalanzaron sobre las acciones de Cyberdyne que se han  cuadruplicado en su oferta pública inicial en marzo del año pasado, intrigados por la promesa de su tecnología pionera. Eso pone a Sankai en nuestra lista anual de más ricos de Japón, por primera vez, con un patrimonio neto de 1,120 millones de dólares (mdd).

El primer producto de Sankai es el Hybrid Assistive Limb, o HAL, desarrollado durante más de dos décadas, al tiempo que daba clases e investigaba en la Universidad de Tsukuba, al norte de Tokio.

La gente puede tener a HAL conectado a una o ambas piernas para ayudarse con el movimiento si ha perdido movilidad debido a la edad o a enfermedades. También puede ayudar con trabajo pesado, ya sea que se trate de levantar a un paciente en un asilo para ancianos o una caja en una fábrica.

Ahora Cyberdyne está desarro­llando un exoesqueleto-robot de cuerpo completo.

Además, otro traje, sólo con piernas, un sistema de refrigeración y una chamarra blindada contra la radiación para proteger al trabajador, podría ayudar a desmantelar y limpiar los reactores que fallaron en la central nuclear de Fukushima Daiichi.

Estos robots utilizan pequeños motores alimentados por baterías recargables. Cuando los sensores conectados a la piel de una per­sona recogen pequeños impulsos eléctricos del cerebro que indican un movimiento inminente, estos motores ayudan a las extremidades a moverse.

El uso de HAL para el tratamiento médico también puede ayudar a la gente a recuperar el uso de sus pier­nas al entrenar al cerebro y mejorar el funcionamiento de su sistema nervioso. Ése es un uso que aún no está aprobado en Japón, pero que pronto podría estarlo.

Sankai, quien obtuvo un doc­torado en ingeniería por Tsukuba, inventó la tecnología de sensores y control de HAL. La universidad conserva las patentes, y Cyberdyne tiene su uso exclusivo.

Aunque el mercado para sus pro­ductos hoy es reducido, el Ministerio de Industria de Japón prevé que el mercado sólo para los fabricantes locales de robots para la rehabili­tación y el cuidado de los ancianos llegará a 1,000 mdd anuales durante la próxima década, frente a los 140 mdd de la actualidad. Durante ese periodo, se espera que el mercado de servicios robotizados en su conjunto, desde la logística, la inspección de infraestructura, los servicios médicos y de salud y el mantenimiento crezca siete veces, hasta los 22,000 mdd.

Sankai espera que su empresa se vuelva rentable este año. También se estima que Cyberdyne reporte in­gresos por 6,300 mdd y una pérdida de 4.8 millones para el año fiscal ter­minado el mes pasado, pero Nomura Securities prevé que sus ingresos se dispararán 10 veces en dos años.

Con un mercado tan nuevo, Cyberdyne tuvo que empezar de cero para construir un ecosistema completo. “Sin mercado, sin usua­rios, sin profesionales, sin industria, sin reglas sociales, teníamos que convertir esos cinco ‘sin’ en algo nuevo”, dice Sankai, de 56 años.

Quien fundó Cyberdyne y funge como ceo agrega: “Nuestro desafío era hacer algo para lo que no había mercado, pero que es un área impor­tante para la sociedad y ya requiere soluciones o lo hará pronto, pero el solo desarrollo de tecnología no resuelve los problemas sociales. Así que tenemos que cultivar una nueva industria y el personal para hacerlo.”

Con sus lentes oscuros y un peinado que recuerdan a la déca­da de 1970, Sankai ha liderado la carga. Creó un nuevo campo, que denominó cybernics (que combina cibernética, informática, ciencia de los nervios craneales, ciencias de la conducta, robótica y mecatróni­ca). Él ayudó a redactar las normas internacionales de seguridad para robots para tratamiento médico y de asistencia para la movilidad, inició un laboratorio y el programa de doc­torado en cybernics en su universi­dad (la mayoría de los graduados se ha unido a su compañía), y prometió capital de riesgo y apoyo para los ingenieros más talentosos de Cyber­dyne que busquen convertirse en empresarios, como él.

La clave para el crecimiento de la compañía está en conseguir más aprobaciones regulatorias para dis­positivos médicos como HAL, lo que permitiría la cobertura de seguros y la expansión del uso de la tecno­logía. Uno de los usos podría ser el monitoreo de la salud para detectar, por ejemplo, factores de predicción de accidentes cerebrovasculares. Alemania ya ha aprobado las piernas robotizadas para el tratamiento de los trabajadores lesionados y permi­te que el seguro de los trabajadores cubra el costo.

Sankai espera la aprobación de la Oficina de Alimentos y Medicamen­tos de Estados Unidos para uso mé­dico este año. Al final de los ensayos clínicos, la compañía ingresó una so­licitud el mes pasado para usar HAL con fines médicos en Japón y podría obtener la aprobación este año.

HAL ahora es usado en Japón para fines no médicos. Cyberdyne produce sus robots en su centro de investigación y desarrollo con sede en Tsukuba, pero planea construir una planta en la prefectura de Fukushima el año que viene.

Durante el último par de décadas el fantasma del estancamiento demográfico que recorre Japón ha llevado a muchos apretones de ma­nos políticos y pocos resultados.

Con la proporción más alta del mundo de personas mayores de 65 años y el costo de asistencia social y monetario en ascenso, el país ya ha entrado en territorio desconocido.

Durante la próxima década Japón espera que el desembolso de recursos públicos para el cuidado de sus adultos mayores se duplique a 175,000 mdd.

Y la población trabajadora para cuidar de las personas mayores se está reduciendo. La División de Población de la ONU prevé que en 2050 habrá 72 perso­nas mayores por cada 100 personas en edad de trabajar en Japón, frente a 41 en 2013.

Los experimentos escolares de Sankai con la electrónica le llevaron a construir tubos de vacío y radios de transistores, a hacer y probar su propio combustible para cohetes y tratar de construir un láser de rubí. Reprendido por la búsqueda de un rubí entre las joyas de su madre, Sankai decidió tratar de hacer uno derritiendo óxido de aluminio —el principal compuesto de los rubíes—, pero fracasó.

Sus otras pruebas incluyeron el uso de estímulos eléctricos para mover las patas de ranas y ver cuánto tiempo tomaría detener el flujo sanguíneo de un pez dorado si era enfriado con hielo seco, y cuánto podrían ser congelados y aún así ser revividos. Las pruebas con peces terminaron inmediatamente después de que su abuela se enteró y lo reprendió.

Mirando hacia atrás, “esa no fue una muy buena experiencia”, dice.

Hoy, no hacer daño está en el núcleo de la filosofía de Sankai. Dice que mantiene un estrecho control de su compañía para asegurarse de que su tecnología sea usada sólo con fines pacíficos, no letales y tampoco militares.

La primera vez que tocó la puerta de los inversionistas, levantó 55 mdd a través de la colocación privada de acciones sin derecho a voto. Cuando Cyberdyne salió a bolsa el año pa­sado, emitió dos clases de acciones: una normal y una clase especial que da el control de 86.4% de los votos, a pesar de que él posee sólo 39.7% de las acciones en circulación. La salida a bolsa recaudó casi 35 mdd, y la venta de más accio­nes un mes más tarde generó casi 9 millones. En diciembre, la compañía recaudó 346 mdd más en una nueva oferta.

La aventura anual de Cyber­dyne con los reguladores japoneses analiza los riesgos de la estructura de doble acción y la política de ética, diciendo que los beneficios a corto plazo podrían verse afectados si el comité de ética de la empresa de­termina que un uso potencial entra en conflicto con su política de uso pacífico.

A pesar de su filosofía pacífica, los nombres que eligió para su em­presa y su producto principal evo­can entidades mortales de películas de ciencia ficción: Cyberdyne es el fabricante de ficción de los cyborgs letales en The Terminator y hal, el nombre de la computadora asesina en el clásico de Stanley Kubrick 2001: A Space Odyssey, de 1968.

Sankai insiste en que se trata de una mera coincidencia, pero algunos dicen que eligió los nombres para desincentivar una adquisición por parte de cualquier persona que no tenga fines pacíficos.

Riendo, sólo dice, “Yo no sé nada de eso”.

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Foto: Irwin Wong.

 

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