Hay algo en el cine de Jaume Collet-Serra (Sin escalasUna noche para sobrevivir) que lo hace muy entretenido. Quizá sea su prioridad por lograr precisamente eso: entretenimiento, diversión. O la ligereza de sus ideas al trasladarse a la pantalla grande. Aunque en el fondo, todo apunta a que el tomarse muy poco en serio le da el impulso necesario para superar al estreno veraniego promedio.

El caso de Miedo profundo (The Shallows, 2016) lo confirma. Después de un par de thrillers con Liam Neeson como protagonista, la nueva película de Collet-Serra cambia y transporta su emoción al agua, en teoría mexicana, donde los personajes principales son una parca Blake Lively, un tiburón y una gaviota.

Nancy (Lively) viaja a una playa secreta en costas mexicanas, la misma donde su madre capturó unas cuantas olas décadas atrás. Todo parece marchar bien. El agua es maravillosa, el clima también y los lugareños son amables. Un descuido hace que nuestra surfista texana termine cerca de una ballena que encalló, a mitad del área de alimentación de un gran tiburón blanco. Adiós, fin de semana perfecto.

La premisa es sencilla, como tiende a ser el cine de monstruos, ¿podrá sobrevivir la protagonista? Y, ¿cómo lo logrará? La tensión surge gracias al estira y afloja entre esos dos puntos. Si algo han demostrado las (imperfectas) cintas anteriores del director de origen catalán es que reconoce muy bien la oportunidad para tensar esa cuerda, quizá no de manera original pero sí efectiva.

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Asimismo tiene el ojo suficiente para montar secuencias verdaderamente emocionantes. Aun cuando no rompe el género, Collet-Serra se divierte dentro de sus límites. Décadas de largometrajes sobre tiburones nos han enseñado dónde y cuándo los ficticios escualos de celuloide atacarán. El realizador logra exprimirles jugo a los ataques a pesar de ello.

Hasta el inexpresivo rostro de Blake Lively es usado como herramienta dentro del relato. Las interacciones de la actriz con una gaviota (apodada acertadamente Steven Seagull) sirven como alivio cómico, entre mordida y mordida. En un duelo de actuación que el ave termina ganando, al estilo de ‘la Roca’ vs. James Franco en 127 horas (127 Hours, 2010).

Jaume Collet-Serra narra como si estuviera subido en una montaña rusa. Es el modelo patentado por Steven Spielberg en Tiburón (Jaws, 1975), pero simplificado, sin complicaciones. Ya sabemos dónde están las subidas, la manera en que tuercen las curvas, cuándo viene una sorpresa. Eso no resta emoción a experimentarlas otra vez, gracias a una solvente ejecución. Aquellos que estén buscando ideas profundas sobre el hombre contra la naturaleza o la fortaleza humana, se van a decepcionar, porque Miedo profundo nunca intenta jugar en esa cancha. Ni le interesa.

¿Qué el verano no es para divertirse? Bikinis y mordidas de tiburón para todos.

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