La atención empresarial se ha centrado en otras prioridades que han actuado como distractores del cuidado de una cultura corporativa, que hoy más que nunca es urgente recuperar.

 

 

 

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En algún tiempo, el elemento clave en el desempeño de las empresas era el ejercicio de una cultura corporativa en la que prevalecieran los valores que esgrimían y eran transmitidos a toda la organización para establecer y fortalecer vínculos con los trabajadores, clientes y proveedores.

En la actualidad tanto la velocidad  a la que corre la economía, como el fenómeno de la globalización, han dado paso a que la atención empresarial se centre en otras prioridades que han actuado como distractores respecto a ese enfoque original que hoy más que nunca es urgente recuperar, especialmente en una coyuntura en la que las organizaciones buscan mostrarse responsables, no solo socialmente sino con el medio ambiente inclusive.

La percepción positiva que una firma despierte en su entorno será el resultado directo de la práctica de los valores éticos  y sociales que la sustentan y son claramente revelados en su gestión, la cual inevitablemente influirá en el ánimo de clientes, empleados y proveedores, trascendiendo a lo que determinará su prestigio, aspecto importante para el surgimiento de nuevas oportunidades de negocio y la posibilidad de incrementar las ventas.

Las empresas que en el futuro se perfilarán como exitosas serán aquéllas que gocen del respeto del mercado en general, tanto por sus productos o servicios, como por los valores que representan. (reputación de que gocen).

En este terreno la tarea de los directivos involucra gran responsabilidad porque su gestión personal debe ser congruente con los valores que definen a la empresa, es decir, deberán predicar con el ejemplo.

En la búsqueda de empleo, intervienen muchos factores además del material; hay intangibles tales como la honestidad, el prestigio, la respetabilidad, el buen hacer.  Siempre es deseable pertenecer a organizaciones valiosas que brinden más que un salario; las personas ambicionan prosperar en un ambiente con el que armonizan.

Las organizaciones deben ejercer y proyectar valores claros, tanto entre sus propios colaboradores como al exterior para atraer a buenos empleados potenciales; una buena imagen es determinante tanto para la retención de los primeros, como para atraer a los últimos. La forma más visible para una empresa de transmitir buena imagen es a través de sus funcionarios quienes deben encarnar esos valores y ponerlos en práctica en su quehacer cotidiano y así satisfacer la demanda cada vez más exigente de tratar con entidades éticas y alta responsabilidad social.

En los tiempos recientes la Banca y los Servicios Financieros han sido, por conductas reprobables de muchos funcionarios y directivos, no pocas veces protagonistas de graves episodios de infracción de valores.

La observación de los valores hace mucho más que atraer talento, crea ambientes productivos y gratificantes en los que los esfuerzos se suman con fines comunes que les serán benéficos: la creación productos y servicios de gran calidad que refuercen a las marcas y reduzcan los riesgos de malas prácticas.

 

 

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