Por Julián Andrade*

Luis Donaldo Colosio estaba destinado a gobernar México. Si bien su campaña se había complicado por el alzamiento zapatista, y por las reticencias de Manuel Camacho para apoyarlo, lo cierto es que no existían elementos para pensar que podía ser derrotado por Diego Fernández de Cevallos o por Cuauhtémoc Cárdenas.

Por eso su muerte, a balazos, cobra un cariz todavía más trágico y desata especulaciones, aunque la investigación de la PGR haya determinado que su asesino, Mario Aburto, actuó de modo solitario.

En efecto, la indagatoria es una de las más elaboradas y sólidas en la historia del país y se realizó, en la etapa en que estuvo a cargo de Luis Raúl González Pérez, de una forma profesional y meticulosa. Es más, buena parte de estos trabajos son públicos.

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Inclusive se desarrolló una línea que profundizó sobre el entorno político, lo que en los años noventa era una novedad, para indagar a fondo en las corrientes, grupos y clanes que pudieran haber participado en el magnicidio.

Personajes relevantes de la vida pública declararon ante el ministerio público y esto permitió el contar con elementos para descartar un complot de carácter político, lo que resultaba indispensable para normalizar la situación, en la medida de lo posible, pero bajo la convicción de que el ataque tenía motivaciones extrañas, nunca reveladas por Aburto, pero no afanes patrocinados.

Pero quedaban algunos elementos reservados, como es el caso de uno de los vídeos que capta los momentos del atentando en contra del candidato del PRI.

El Inai determinó que se tiene que hacer público y que no puede mantenerse archivado hasta el 2030.

Es una sabia decisión, porque no hay motivo para mantener resguardada información que puede servir para atajar versiones interesadas y para dar claridad a los interesados en un tema central de la vida política.

La transparencia, en los casos criminales de alto impacto, es una aliada en el conocimiento de la verdad y coadyuva en una narrativa que se sustente en hechos.

Después de todo, aquella muerte pegó en el centro de gravitación de un proyecto de largo plazo. Cambió coordenadas, encumbró y derrumbó carreras en el servicio público y puso sobre la mesa temas como el de las respuestas institucionales ante momentos de crisis.

Por ello, cuando la noche del 24 de marzo empezó a esparcirse la noticia de que Colosio había sido herido en un mitin en Tijuana, fue como un golpe seco en muchas de las certezas que teníamos hasta entonces.

La violencia irrumpía y cobraría todavía más víctimas aquel año, el de 1994.

Colosio tenía una visión social y habría impulsado una agenda que incidiera en el tema de la igualdad y las oportunidades.

Se formó para ello y de modo planeado, como secretario de estado y presiente del PRI.

Quizá las balas que disparara Aburto hayan mostrado todas las fragilidades que nos rodean. Por eso importa conocer y difundir la verdad sobre esa jornada de mala memoria.

*Periodista y escritor. Es autor de La Lejanía del desierto y coautor de Asesinato de un cardenal.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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