La chef propone nuevas combinaciones bajo la filosofía de que menos es más. Forbes México tuvo oportunidad de degustar una cena preparada en el marco de una experiencia exclusiva en St Regis Punta Mita.

 

Fotografías: Julio Hernández

 

Quizá no haya en México un chef con la sonrisa más amena que Lula Martín del Campo. La mexicana que en 1995 abrió su primer restaurante de comida italiana se mantiene en el camino de la experimentación y la reingeniería de sabores.

Sus leyes en la cocina se rigen bajo un principio: menos es más. Así, a Lula le bastó con mezclar dos ingredientes tan distantes como el mole oaxaqueño y los moluscos para generar las más exquisitas sensaciones en los paladares de los asistentes de un evento exclusivo.

La cita fue en el restaurante Carolina a principios de mes. La cadena de hospedaje de lujo St  Regis convocó a sus clientes distinguidos y algunos invitados de alto rango a una clínica de Golf con Corey Pavin en su complejo en Punta Mita, en la Riviera Nayarit. La cereza del pastel: una cena en cuatro tiempos con el maridaje a cargo de Casa Madero.

 

Primer tiempo: minimalista

Los palmitos son un ingrediente que debe tratarse con cuidado y combinarse de manera quirúrgica. Para mantener el estilo en tonos básicos, Lula combinó tiraditos de palmitos con vinagreta de limón y cebollín picado, el perfecto inicio para una cena llena de sorpresas. Su acompañante, un vino Casa Grande Chardonnay que permitió modular la acidez del platillo con su notas de  frutos secos, como chabacanos, duraznos y naranja engrandecidos por los tostados de la madera.

 

Segundo tiempo: la reinvención

La sopa no podía faltar. En vez de lo clásico, Lula optó por una sopa verde de tortilla, complementada con queso de cabra. Para acompañar  la fiesta de sabor, el segundo tiempo estuvo acompañado por un joven Casa Madero Chardonnay con tonos afrutados más frescos.

 

Tercer tiempo: la gran sorpresa

Sobre el plato había una ligera cama de esquites del lado izquierdo y del lado derecho una caricia de mole oaxaqueño; sobre de él descansaba el callo de hacha, molusco blanco, radiante y suave. No pudo haber combinación más afortunada. Gracias a Lula, los cerca de 50 asistentes descubrieron que el mole oaxaqueño no sólo puede ser amigo inseparable del pollo y el arroz; los mariscos como el callo de hacha garra de león pueden ser un nuevo compañero infalible. Para completar la fiesta, Casa Madero optó por un vino V. Rosé Cabernet Sauvignon, que con sus notas frutales, casi dulces, se convierten en el toque perfecto de entradas y ceviches (un tip recomendable para seguir).

 

Cuarto tiempo: la hora del postre

La combinación de frutos rojos con crema ligera debe ser una de las mejores combinaciones culinarias en el mundo. Lula la puso en pasta filo crujiente, que representaba un cierre  de oro. Para rematar, Casa Madero ofreció un Shiraz con taninos maduros para concentrar los sabores.

Al final, no podía faltar el toque de la casa: el maestro tequilero Alberto Hernández deleitó no sólo con el sabor del café mexicano, sino con el espectáculo de su preparación: una fiesta donde se conjuntan fuego, Tequila premium Maestro Tequilero de la Casa José Cuervo, licor de agave, café expresso, crema batida y cerezas. El cierre perfecto para una noche llena de lujo.

 

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