Si realmente queremos un futuro lleno de salud, ¿Por qué hoy caemos en excesos que dañan nuestro cuerpo? Si realmente queremos un futuro con un patrimonio estable, ¿Por qué hoy cedemos ante antojos que comprometen nuestras finanzas? Si realmente queremos una vida colmada de bienestar, ¿Por qué hoy somos esclavos de hábitos tóxicos que nos alejan de eso? Y si realmente queremos un futuro en el que podamos vivir en paz, ¿Por qué hoy nos permitimos vivir tan estresados?

Pareciera como si nuestras acciones fueran absolutamente incongruentes con los resultados que realmente queremos para nuestras vidas. Hay pocas personas congruentes que cuidan su salud, que buscan su desarrollo personal, que atienden sus finanzas, que cultivan sus relaciones, que desarrollan hábitos constructivos, etc.

¿Cuál es el precio que hay que pagar para lograr esa congruencia?

El secreto consiste en algo que es tan difícil, como sencillo suena: se trata de posponer la gratificación; cambiar la compensación inmediata por una visión de algo mejor, más elevado. En otras palabras: cambiar lo que hoy quiero, por lo que realmente quiero.

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Para lograrlo, podemos empezar en cualquier ámbito de nuestras vidas y continuar con los demás; por ejemplo, comencemos por nuestras finanzas personales. Si siempre gasto en exceso y compro todo lo que se me antoja para sentir un placer inmediato, estaré comprometiendo mi futuro. Estaré arriesgando lo que realmente quiero. Lograré deudas, estrés financiero, noches de insomnio, problemas con la pareja, compromisos de pagar intereses y viviré encadenado para pagar mucho tiempo por ese antojo de corto plazo, en lugar de construir lo que realmente quiero para mi vida.

No es fácil resistir las tentaciones; las personas cercanas tampoco nos ayudan mucho con sus comentarios y consejos, nos llegamos a convencer que necesitamos las cosas que adquirimos y creemos firmemente que será una buena compra; lo racionalizamos y por ello encontramos la perfecta justificación para obtenerlo y terminamos totalmente confundidos porque no entendemos dónde estuvo el error.

Sin embargo, hay dos sencillas formas de distinguir cuáles compras son adecuadas y cuáles no: la primera tiene que ver con aprender a distinguir qué cosas nos generan bienestar real y cuáles nos generarán sólo un placer efímero. Los placeres efímeros por definición se consumen a sí mismos muy pronto: ese pastel de chocolate termina empalagando y ese nuevo teléfono tarde o temprano termina convirtiéndose en obsoleto. En cambio, las cosas que generan un bienestar real, que perduran, que trascienden, son las que se quedan con nosotros y nunca se consumen: las relaciones familiares sólidas, las grandes amistades, la salud, la paz mental, etc.

La segunda forma tiene que ver con la manera en que decidimos cuándo comprar algo importante y cuando no. Normalmente decidimos adquirir algo que queremos, basados solamente en una razón muy sencilla: “porque nos alcanza”. Sin embargo, que nos alcance para obtener algo, no es motivo suficiente para tomar la decisión de hacerlo Y, de hecho, es la peor forma de decidir.

Cuando compras algo sólo “porque te alcanza”, podrías estar adquiriendo algo que no necesitas, o peor aún: algo que todavía no te corresponde. Por ejemplo: a un director general le corresponde un automóvil de director general y a un gerente le corresponde un automóvil de menor precio, simplemente porque el vehículo está asociado al nivel de ingreso de cada persona. Por supuesto que con las facilidades de crédito que hoy existen, muy probablemente el gerente será capaz de comprar el mismo del director; es decir: “le alcanza”, pero si lo hace, seguramente vivirá con mucho estrés y preocupaciones innecesarias. A esta mala decisión se le llama: “hacer que tus ingresos persigan a tus gastos”, cuando en realidad lo correcto es lograr que “tus gastos persigan a tus ingresos”, lo que significa que, si quieres un auto que todavía no te corresponde, primero tienes que generar los ingresos suficientes y ya después podrás comprar ese auto, pero no al revés.

Aprender a decidir cuándo comprar algo y cuándo todavía no te corresponde, puede ser la distinción más importante para tu destino financiero. Practícalo, será un cambio de vida absolutamente relevante que te dirigirá a un bienestar real y a lograr lo que realmente quieres, aunque a veces tengas que resistir ese antojo que quieres hoy, pero ¡Habrá valido la pena!

 

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