DW.- En el interior de nuestro teléfono inteligente, tableta, ordenador portátil o incluso televisor, podemos encontrar una gran cantidad de materiales valiosos. Cuando se estropea el dispositivo, estos tesoros permanecen donde están: olvidados en un cajón o pudriéndose en un vertedero.

El proveedor de servicios británico Electrical Waste Recycling Group (Grupo de Reciclaje de Residuos Eléctricos) se ocupa de sacar el máximo provecho de dispositivos electrónicos en desuso. La empresa recoge los desechos procedentes de comerciantes, vertederos o empresas que se deshacen de equipos antiguos.

Frente a la planta, que se encuentra en una antigua fábrica textil en la ciudad de Huddersfield, en el norte de Inglaterra, llegan camiones llenos de productos electrónicos desechados. En el interior de la nave, se clasifica la chatarra electrónica. Enormes y ruidosas máquinas separan los hilos metálicos de las fundas aislantes y aplastan los metales.

Materiales como el cobre se desmenuzan en pequeñas partículas, se funden y se venden a comerciantes del metal para ser transformados en nuevos productos.

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Las baterías se separan del resto de los componentes para evitar cortocircuitos e incendios y los televisores se desarman. Jane Richardson, oficial de cumplimiento de la empresa, estima que cada trabajador desmantela alrededor de 80 televisores al día.

“Cuando hacemos visitas guiadas a escuelas”, cuenta a DW, “muchos de los niños dicen que nunca han visto una televisión tan vieja”.

Los escolares están más familiarizados con las nuevas pantallas planas, que también se pueden ver en la fábrica, clasificadas en cestas junto a otros dispositivos y piezas. Pero el asombro de los niños por los modelos más antiguos muestra la rapidez con la que reemplazamos la tecnología en nuestros hogares.

Obsesionados por el último modelo

Aunque los productos electrónicos contienen muchos materiales valiosos, los dispositivos se consideran esencialmente productos desechables.

“En este momento, la mayoría de los electrodomésticos tienen una vida lineal en lugar de circular”, cuenta Elizabeth Jardim de Greenpeace a DW. “Los dispositivos se usan y luego, después de unos años, la mayoría termina en la basura”.

La planta de Huddersfield procesa alrededor de 8,000 toneladas de residuos electrónicos al año, una gota en el océano en comparación con los más de 44 millones de toneladas, que estiman las Naciones Unidas que se producen en todo el mundo.

En el caso de los teléfonos inteligentes son “muy difíciles de reciclar, y los fabricantes no buscan el contacto con la industria del reciclaje”, critica Shaun Donaghy, gerente de operaciones de Electrical Waste, a DW. “El producto no tiene ningún interés, después de alcanzar su vida útil”.

Según un informe de Greenpeace de 2017, el consumo energético anual para la producción de teléfonos inteligentes aumentó de 75 teravatios-hora (TWh) en 2012 a unos 250 TWh en 2016. Además, los teléfonos inteligentes contienen tierras raras cuya extracción tiene un costo elevado en varios sentidos.

Desperdicio, toxicidad y abuso

Según un informe reciente de la Real Sociedad Británica de Química (en inglés, British Royal Society of Chemistry, RSC), un teléfono inteligente medio contiene 30 elementos químicos diferentes. Otras estimaciones, calculan que, en el caso de los modelos de gama alta, pueden ascender a 75. El tántalo, el itrio, el galio, el indio y el arsénico se encuentran entre los principales constituyentes y podrían agotarse en 100 años.

El indio, por ejemplo, es indispensable tanto para las pantallas táctiles como para los paneles solares.

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“Es transparente, se adhiere al vidrio y por el momento no hemos encontrado una alternativa mejor”, explica Elisabeth Ratcliffe, de la RSC. “Es uno de los elementos más raros de la tierra, un subproducto de la minería del zinc. Para obtener unos miligramos de indio, es necesario extraer un kilogramo de zinc”. Estos recursos minerales son muy difíciles de encontrar.

La extracción de estos depósitos es costosa, consume mucha energía y deja residuos tóxicos a su paso. La gran mayoría de las tierras raras se extraen en China, donde las fuentes de agua de las provincias de Jiangxi y Shandong, así como la Región Autónoma de Mongolia interior, han quedado contaminadas.

Las tierras raras son una categoría específica de 17 minerales diferentes. Al igual que otros componentes tecnológicos como el cobalto, el estaño, el wolframio, el tántalo y el oro, están asociados a prácticas de explotación. Es decir, aquellas que emplean mano de obra infantil, financian conflictos en África y propagan enfermedades respiratorias entre los mineros.

Conflictos por el dinero

A través del reciclaje de residuos electrónicos se pueden recuperar materiales como el cobre, el aluminio, el plomo, el vidrio y el plástico de los teléfonos inteligentes. No obstante, es todo un reto porque el uso de adhesivos fuertes en lugar de tornillos dificulta el desmontaje.

Por otro lado, la extracción de tierras raras puras y reutilizables es también complicado, ya que se requieren procesos químicos complejos y costosos. Esto va más allá de las capacidades de la planta de Huddersfield.

Los científicos trabajan en mejorar los métodos para recuperar estos materiales preciosos. En este momento, se estima que solamente se recicla el uno por ciento de las tierras raras. Y a medida que avanzamos hacia un futuro sin combustibles fósiles, necesitaremos cada vez más de estos elementos para apoyar un sistema cada vez más electrónico.

“A medida que se electrifica más la economía mundial, aumenta la demanda de baterías”, explica Josh Lepawsky a DW. El investigador de la Universidad Memorial de Terranova, en Canadá traza un mapa de los desechos electrónicos. “Hay muchas preguntas abiertas sobre cómo se puede conciliar la transición a una economía libre de carbono y electrificada con el daño ambiental causado por la extracción de materias primas”, advierte.

Cerrando el círculo

Para los consumidores, existen alternativas a las principales marcas de teléfonos inteligentes. Fairphone, por ejemplo, intenta utilizar materiales más sostenibles y desarrollar productos con una vida útil más larga y más fáciles de reparar.

No obstante, los clientes se han acostumbrado a los diseños de vanguardia y a las pantallas táctiles, y las empresas líderes se han centrado en crear dispositivos cada vez más complejos y con mejores aplicaciones. Por eso Apple y Samsung necesitan producir más, según Lepawsky.

“Podemos ir a una tienda y elegir entre una variedad de modelos, pero la química subyacente de esos modelos es muy similar”, aclara Lepawsky. “Solo los fabricantes pueden cambiar esa química. Así que la idea de un cambio impulsado por el consumidor no tiene sentido”, concluye.

 

 

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