Por Norbert Monfort*

Un mánager debe desarrollar a las personas que integran su equipo. Pero ¿es esto posible? ¿Tan ambiciosa tarea depende del mánager? Al respecto, creo que, muchas veces, depositamos demasiada responsabilidad en el rol del mánager.

Entonces, si las cosas no son así, ¿en dónde reside su tarea principal? Con frecuencia, las organizaciones pretenden que los mánagers “saquen lo mejor” de la gente que trabaja para ellos o ellas, pero ¿se puede desarrollar a una persona si ésta no quiere? O, más trágicamente, ¿si ésta no puede?

En la Antigua Grecia ascendió Pericles. Bajo su mandato, surgió una democracia directa, donde los propios ciudadanos (no sus representantes o diputados) eran quienes intervenían en el manejo de la “cosa pública” (asamblea del pueblo). Así surgieron los sofistas, profesionales de la educación que enseñaban los temas más importantes para abordar los nuevos cambios de la era y el arte de la retórica para convencer a los demás.

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En este escenario, aparece una de las mayores figuras de la época, que trascendió para siempre en la historia de las ideas: el filósofo Sócrates, de quien sólo abstraeremos, para esta columna, su reconocido método. Si le prestamos atención al mismo, quizá le encontremos un sentido de actualidad; todo es cuestión de reinventarlo.

Basta aclarar que el filosofar socrático no es la faena de un hombre que, más o menos solitario o aislado del mundo, escribe en su gabinete de trabajo páginas y más páginas de sus “doctrinas”.

Por el contrario, Sócrates filosofa conversando con los demás, mediante el diálogo como especial organización de preguntas y respuestas convenientemente orientadas. ¿De qué manera? Con una gran ironía, que en griego (eironéia) significa “disimulo”, o la acción de interrogar fingiendo ignorancia. Es decir que, disimulando hábilmente la propia superioridad, Sócrates finge estar convencido del saber del otro…

Y así entramos en el primer momento del método socrático: la refutación, que consiste en mostrar al interrogado, mediante una serie de hábiles preguntas, que las opiniones que cree verdaderas son, en realidad, falsas, contradictorias, incapaces de resistir el examen de la razón. ¿Qué se proponía Sócrates al conducir a los interrogados a ese estado de turbación? ¿Qué fin buscaba? Sencillamente, la purificación o purga de las ideas o nociones erróneas.

A ese momento “negativo” del método socrático lo sigue uno “positivo”, que Sócrates denomina mayéutica. Esta palabra significa “el arte de dar a luz”. Así como la comadrona ayuda a dar a luz, pero ella misma no da a luz, así el arte de Sócrates no consiste en proporcionar él mismo conocimientos, sino en ayudar a los interrogados a dar a luz los conocimientos de que están grávidos.

Sócrates insiste que toda su labor consiste sólo en ayudar o guiar al discípulo, y no en transmitirle información. Por eso, el procedimiento que utiliza no es el de la disertación, el de la conferencia, el del manual, sino, sencillamente, el del diálogo. La verdad solamente puede hallarse de manera auténtica mediante el diálogo, en la conversación.

Podríamos decir que el liderazgo humilde que ejerce Sócrates comienza “creando el ambiente” (a través de la refutación, en donde prepara el terreno para quien debe aprender) y culmina con una “guía”, donde el líder se aleja del centro y del rol de sabio omnisciente para que sea el propio aprendiz quien encuentre el camino y se convierta, gracias al entorno que ya le han armado, en artífice de su propio aprendizaje.

¿Cómo trabajaría un mánager socrático hoy, entonces? Quizá sería uno que, en lugar de querer desarrollar a su equipo (con todas las dificultades que esto conlleva, ya que no podemos desarrollar a quien no quiere o no puede), se dedicaría a crear entornos de trabajo tan fértiles que todo aquel que quisiera desarrollarse, pudiera hacerlo. Pasamos, entonces, a un concepto superador: el autodesarrollo, promovido por una “gestión por confianza”. En este tipo de gestión, desplazamos la jerarquía, para dar lugar a la red, donde el aporte de todos… cuenta.

*Norbert Monfort es CEO de Monfort Ambient Management y profesor del ESADE.

 

Contacto:

Twitter: @monfortnorbert

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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