De acuerdo con un estudio realizado en 2007, las mujeres con hijos tienen 79% menos probabilidades de ser contratadas, la mitad de probabilidades de obtener un ascenso y ganan mucho menos que las mujeres con currículum idéntico pero sin niños.

 

Por Susan Adams

 

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Me sentía agotada sólo de leer el kit de prensa de What Works for Women at Work, el nuevo libro de la profesora de derecho y feminista Joan C. Williams, de 61 años, y su hija Rachel Dempsey, de 27. El volumen de 365 páginas pretende ser un nuevo manual para las mujeres que quieren seguir al llamado de Sheryl Sandberg, la COO de Facebook a “involucrarse” en sus carreras y llegar a altos niveles directivos con la misma presteza que los hombres. De hecho Sandberg ha escrito la mejor reseña del libro, diciendo que proporciona “estrategias fáciles de seguir” para las mujeres trabajadoras que tienen que hacer frente a “la doble moral y los callejones sin salida” de la mayoría de los lugares de trabajo.

Éstas son algunas de las cosas que el libro dice que las mujeres deben hacer para caminar lo que llama la “cuerda floja” entre parecer demasiado femenina, lo que socava su credibilidad y obstaculiza sus posibilidades de ascenso, y de actuar demasiado masculinas, lo que hace que sus homólogos masculinos piensen que les faltan habilidades sociales:

• Habla más alto y más rápido.

• Mantén contacto visual durante 3 a 5 segundos con la frente baja.

• Apunta con el dedo.

• Evita el “meneo”, es decir, no muevas tus caderas, asientas con la cabeza o sonrías demasiado.

• Distribuye tu peso uniformemente en ambos pies.

• Evita los signos de malestar como tocarte, frotar las palmas de tus manos o jugar con tu ropa.

• Utiliza una expresión facial amistosa.

• Adopta un tono de voz de “súplica”.

• Inclínate hacia delante con más frecuencia.

• Gesticula con las manos de forma moderada y tranquila.

• Si tienes niños pequeños, habla de ellos lo menos posible.

¿Debo recordar hacer todas esas cosas? ¿El tono de súplica no parecerá lloriqueo? ¿No puedo sólo trabajar duro, ser considerada con mis colegas y ofrecerme como voluntaria cuando vea una oportunidad de progreso? Probablemente no, escriben Williams, profesora de la Facultad de Derecho Hastings en San Francisco y Dempsey, estudiante de la Escuela de Derecho de Yale. Williams y una estudiante graduada de la escuela de negocios Kellogg entrevistaron a 127 mujeres para el libro y confirmaron que las políticas sexistas siguen siendo moneda corriente en la oficina.

Las autoras reducen los obstáculos d​e género en cuatro categorías:

1. Demuéstralo de nuevo: Las mujeres tienen que demostrar su valor en varias ocasiones más que sus homólogos masculinos.

2. La Cuerda Floja: El desafío de encontrar el equilibrio justo entre feminidad y masculinidad.

3. El muro materno: La suposición de que las mujeres serán menos competentes y comprometidas porque están preocupadas por sus hijos, combinada con la idea de que deberían estar en casa o trabajar menos horas.

4. El estira y afloja: La competencia entre las mujeres sobre la mejor manera de comportarse , ya sea actuando como “marimachas” y tratando de asimilar con hombres o apegarse a las actitudes tradicionales de la mujer.

Las autoras ilustran tres de estos obstáculos con la historia hipotética de Jennifer, una consultora administrativa que lleva seis meses de licencia después de tener un bebé. De vuelta a la oficina, ella descubre que Mike, que empezó a trabajar después de ella y tiene menos experiencia en el negocio, gana más que ella. Cuando ella comenta el tema con su jefe, Rick, él le dice que ha escuchado las preocupaciones de la gente en su equipo y que considerará su petición la próxima vez que la empresa tome decisiones salariales. La mentora de Jennifer, Jane, le aconseja que ahora que tiene un hijo será más difícil demostrar que está comprometida con el trabajo. Jennifer ha golpeado la pared maternal de Dempsey y Williams, que exige que se pruebe a sí misma una y otra vez, y se ha metido en un estire y afloje con su mentora, quien está del lado de su jefe sexista.

La historia de Jennifer se presenta como típico. Hoy los prejuicios de género no son tan obvios como los casos del pasado, en los que los jefes se insinuaban a sus subordinadas o les pedían usar vestidos y maquillaje, pero persiste en formas que hacen muy difícil para las mujeres saber cómo enfrentarlas, lo cual pone en evidencia las prácticas directivas y la presión a la que son sometidas las mujeres. La pared maternal es especialmente alta. Las autoras citan estadísticas que pueden hacer que las mujeres que trabajan y que lean este libro lo piensen dos veces antes ser buscar ser madres: De acuerdo con un estudio realizado en 2007, las mujeres con hijos tienen 79 % menos probabilidades de ser contratadas, la mitad de probabilidades de obtener un ascenso y ganan mucho menos que las mujeres con currículum idéntico pero sin niños.

Wiliams y Dempsey dedican gran parte del libro a explicar las miles de maneras en que el sesgo de género persiste. Muchos de ellos son sutiles y requieren correcciones de comportamiento matizados. Los capítulos de “cuerda floja” son especialmente reveladores. Por ejemplo, cuando los hombres se enojan en el trabajo, no nos sorprende e incluso esperamos que las emociones se hagan sentir en el ambiente, pero cuando una mujer se molesta, es otra historia. Los autores refieren una entrevista que Sallie Krawcheck dio a la revista Marie Claire, acerca de una mujer saliendo de sus casillas en la oficina. La ex jefa de administración de la riqueza en Bank of América recordó a colegas hombres golpeando mesas durante un ataque de ira lanzando cosas al otro lado de la habitación, comportamientos que son considerados la norma. Pero un día, una compañera de trabajo perdió los estribos. Krawcheck dijo: “Recuerdo que pensé para mis adentros, perra”. La anécdota expone el punto sobre la batalla que libran las mujeres entre sí por qué tanto pueden actuar como hombres.

Las autoras aconsejan: Controla tu ira y compórtate estratégicamente. Describen una ejecutiva que fue promovida y luego se molestó cuando recibió una oferta de salario que estaba por debajo de lo que ella esperaba. “¿Eso es todo?” Le dijo a su jefe, quien  respondió: “Sí, eso es todo”, respondió. “Pensé que estarías feliz”. “No, no lo estoy”, respondió ella. “Bueno… ¿quieres hablar al respecto?”, le preguntó. “Mejor no por ahora”, dijo, y salió de su oficina. Su jefe terminó abogando por ella para conseguirle más dinero.

Las partes más divertidas del libro, las cuales me impidieron deprimirme demasiado por el estado de éxito profesional de las mujeres, son las muchas respuestas que Williams y Dempsey sugieren dar a los comportamientos sexistas En el capítulo sobre cómo las mujeres tienen que demostrar su valor con más frecuencia que los hombres, sugieren que las mujeres traten de decir lo siguiente a sus jefes:

“¿Puedes darme un ejemplo de lo que tendría que hacer para conseguir las mismas oportunidades que Sam?”

“Me gustaría entender en qué forma mi rendimiento es diferente al de Nick. ¿Puedes ayudarme?”

“Gracias por los comentarios sobre mi rendimiento. ¿Me puedes decir lo que tendría que hacer para conseguir un aumento tan grande como el de Joe?”

Aunque el libro se centra en las relaciones hombre/mujer, gran parte de sus consejos aplican para cualquiera que quiera ascender. Otra línea útil y básico para las revisiones de rendimiento o salariales o conversaciones iniciadas por usted acerca de una promoción o aumento de sueldo: “¿Dónde estoy en relación con mis compañeros?” Y “Necesito esta oportunidad si voy a desarrollarme como miembro del equipo”.

Las autoras también recomiendan a las mujeres recodar las tres Ts, Timing, Tone and Tier, (Oportundad, tono y nivel). “Si eres una empleada de nivel operativo, anda con cuidado. Si estás en la alta dirección, puedes ser más directa. He aquí algunas de sus sugerencias sobre qué decir si un compañero toma una idea tuya sin darte crédito:

“Gracias por retomar esa idea”.

“Interesante que digas eso. Ése es exactamente el punto que estaba exponiendo”.

“Es posible que hayas estado en tu iPhone cuando expuse ese punto”.

La mayoría de los comentarios sexistas en la actualidad son leves pero potencialmente perjudiciales. He aquí algunas respuestas:

COMENTARIO: ¿Qué chisme se traen ahora, señoras?

RESPUESTA: Estamos fantaseando, ¡pero no sobre el futbol!

COMENTARIO: ¿Otra vez quejándose de los hombres?

RESPUESTA: Aunque ese puede ser un buen tema de conversación, en realidad estábamos hablando de algo en verdad interesante.

Es algo positivo que las autoras tengan sentido del humor. De lo contrario el minucioso conteo de las múltiples formas, a menudo sutiles, de sexismo en la oficina sería difícil de asimilar. Sin embargo, en última instancia el tono de este libro es bastante esperanzador. A pesar de su larga discusión de la pugna interna entre las mujeres en el lugar de trabajo, ofrece un mensaje unificador con la promoción hecha por Sandberg y el prólogo escrito por la profesora de Princeton y ex funcionaria del Departamento de Estado, Anne-Marie Slaughter, quien escribió un controversial artículo para The Atlantic acerca de cómo a veces es imposible para las mujeres equilibrar las carreras demandantes con las exigencias de la maternidad.

Aunque Slaughter y Sandberg han sido retratadas como rivales en la discusión sobre el papel de la mujer en la oficina, se unen en su apoyo el mensaje de este libro: Si creamos conciencia entre nosotras y entre los hombres sobre los obstáculos que aún enfrentan las mujeres y usamos algunas de las muchas herramientas que las autoras ofrecen en este volumen, será más probable que veamos a mujeres avanzar más rápidamente. De hecho, me gustaría que hubiera una manera de interesar a los hombres en la lectura de este libro. Ellos sacarían el máximo provecho de él.

 

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