Tener una cadena de tv abierta en México es un plan que seduce a muchos. Los ingresos por publicidad aún son jugosos y la pantalla dota de poder político. Pero hay una dificultad: cuesta mucho dinero montarla y operarla. Arroyo dice tenerlo todo para entrarle.

 

 

Desde que levantó su negocio como proveedor e instalador de equipos de tv, el empresario Manuel Arroyo ha estado detrás de las cámaras. Su propósito, ahora, es colocarse frente a la lente como dueño de una cadena de tv abierta, cuyo proceso de licitación ini­ciará el próximo 9 de marzo, e ingresar a las grandes ligas en esta industria.

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En México, Televisa posee tres cuartas partes de la audiencia y tv Azteca se ubica en un lejano segundo lugar. Pero tras años de debates legis­lativos y cambios regulatorios, este 2014 podría concesionarse una tercera cadena, con presencia nacional, que deberá com­petir por un presupuesto publicitario estimado en más de 42,000 millones de pesos (mdp), según estimaciones de Niel­sen IBOPE.

Manuel Arroyo se hizo visible en el último año y medio a partir de que adquirió el diario El Financiero. Su empresa, Comtelsat, es el principal integrador de equipo de tv entre las firmas mexicanas, sobre todo para producción y postproducción. Sus negocios se hallan aglutinados en Grupo Lauman, que también vende equipo para sistemas de seguridad y centros de datos y a decir de Arroyo en 2012 facturó 700 millones de dólares (mdd). “Tenemos práctica­mente todo lo que se requiere para gene­rar contenido de calidad y distribuirlo a escala nacional”, asegura el empresario.

Es sólo que en este negocio hay otros postores con mucha más experiencia y mayor poder económico. El más evidente es Carlos Slim, opera UnoTV, un canal de noticias de tv por Internet. Pero por ahora las empresas del magnate están impedidas para ofrecer tv, en tanto el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) no modifique el título de concesión de Telmex. No obstante, Slim y sus voce­ros aún no han aclarado si participarán en la subasta por la tercera cadena de tv.

Las reglas del juego se definirán en las bases de licitación. Algu­nas condiciones ya están establecidas, como es el compromiso de concesionar al menos dos cadenas nacionales —lo cual supone un impedimento para que Televisa y tv Azteca participen en el proceso— y permitir por primera vez la inversión extranjera directa de 100% en telecomunicaciones, y de 49% en radio y tv abierta.

Las bases también definirán el con­cepto de cadena nacional, que por ahora no existe, y que puede ir en función de la cobertura geográfica o demográfica, señala Alejandro Navarrete, jefe de la uni­dad de Radio y tv del IFT. Según la ley en la materia, los requisitos se sintetizan en presentar un programa de inversión, un plan de programación o contenido, y otro técnico-financiero, añade Gabriel Sosa Plata, analista especializado.

Sin embargo, hacerse de la nueva concesión no es un asunto de simple voluntad. De acuerdo con algunas esti­maciones, la inversión inicial en equipos podría rondar los 350 mdd, más unos 20 mdd mensuales destinados a la produc­ción de contenido propio (unos 1,200 mdd en cinco años), esto de acuerdo al Estudio sobre el mercado de tv abierta en México elaborado por el Centro de Inves­tigación y Docencia Económicas (CIDE).

Sólo cumpliendo esas mínimas con­diciones, la nueva cadena podrá plantar cara a Televisa y tv Azteca, las cuales concentran cerca de 95% de las esta­ciones concesionadas en el país, 99.3% de la publicidad y 98% de la audiencia, complementa el CIDE.

Por si fuera poco, el ganador deberá ingresar a un mercado en el que día a día Internet incrementa su influencia. De ese modo, los aspirantes a ganar la subasta de la nueva cadena, Arroyo entre ellos, esperan que los reguladores dicten ciertas medidas para emparejar el terreno frente a los gigantes, tales como exigir a todas las televisoras un determinado por­centaje de contenido nacional.

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Fuente: IBOPE Media, Universal Estimates México 2008-2013

 

La señal estratégica

El costo más predecible son los equipos. De acuerdo con el plan trazado por el IFT, la nueva cadena deberá tener 123 puntos de transmisión distribuidos en el país para poder ser considerada cadena nacio­nal. (123 torres, que en caso de ser propias requieren de terrenos para ser ubicadas, o bien pagar una renta por utilizar las ya existentes). Cada centro, que deberá ubicarse en un punto alto para radiar la señal en las ciudades y áreas metropolitanas, se com­pone de un equipo llamado encoder (que recibe la señal de los estudios y la con­vierte en formato digital) y de un trans­misor (que recibe la señal del encoder, la procesa y convierte en frecuencia de tv para poder “subirla” a una torre y que a su vez ésta la irradie a los televidentes que se ubiquen en un radio determinado).

La inversión en esta fase puede ir de 30,000 a 100,000 dólares en cada uno de los 123 puntos de transmisión, según la sofisticación de los equipos utilizados. En estos sitios también es necesario equipo para que la variación del flujo eléctrico no dañe la señal, una subestación eléc­trica, una planta de generación y un UPS para momentos críticos (tormentas eléc­tricas, por ejemplo).

Manuel Arroyo asegura que el equi­pamiento es una de sus fortalezas. Su carrera en los negocios la inició antes de cumplir 20 años de edad, cuando se desempeñaba como instalador de antenas parabólicas en casas y negocios peque­ños. Un poco más tarde dio el salto al suministro de equipos para las primeras televisoras de paga y, en 1996, fundó una empresa integradora. En la actualidad Comtelsat provee equipos fabricados en Estados Unidos, Japón y Alemania, bajo el paraguas de marcas como Grass Valley, lawo, Textronics, Tascam, Panasonic, Sony y Eurotek.

Su experiencia en tanto proveedor de producción de tv consiste en el denomi­nado esquema de servicios administrados, que van desde implementar la infraes­tructura hasta la operación de la misma por cinco años, a cambio de una cuota mensual. “Ciertos acuerdos de confiden­cialidad no nos permiten ofrecer mayores detalles”, acota Arroyo. “Pero desde nues­tros estudios, que utiliza uno de nuestros principales clientes (Fox Sports México), se transmiten más de 26,000 horas de contenidos al año”. espn, otro canal deportivo, también es cliente de Televital, una de las empresas de Arroyo.

El empresario se muestra cauteloso en relación al plan de negocios que pre­sentará para concursar por la tercera cadena, pero asegura que buscará acuer­dos para que puedan integrarse compa­ñías independientes.

Por otro lado, el vertiginoso ascenso de Manuel Arroyo en el mundo de los nego­cios ha provocado más de una suspicacia. Sin embargo, el año pasado fue recono­cido como miembro distinguido del Foro Económico Mundial y como “Empresario del año” por el presidente Peña Nieto.

 

El costoso contenido

La aritmética financiera que supone poseer un canal de tv se complica al sumar la inversión en contenido, el mayor costo de cualquier televisora. Es posible que la nueva cadena destine cerca de 100 mdd anuales a este rubro, pero una cifra más en sintonía como lo que destinan Televisa y tv Azteca se sitúa en más de 300 mdd al año, lo que podría equivaler a 78% de la inversión total de arranque. Aunque altos, estos costos son ineludibles pues la propuesta de valor es el conte­nido, asegura el CIDE.

La otra variable es la cobertura. Bajo los supuestos planteados por el CIDE de una inversión de 350 mdd en infraestruc­tura, de un gasto de 10 a 20 mdd al mes en contenido, una amortización total de 15 años y un costo de capital de 12%, es necesario llegar como mínimo a unos 15 millones de hogares en el país (60% del total).

En tanto la inversión aumenta, tam­bién crece la necesidad de llegar a más hogares para hacer viable el proyecto. Con un gasto de 20 mdd mensuales o 240 mdd anuales en contenido, es necesario llegar a 80% de los hogares y lograr una participación de mercado en cuanto a audiencia cercana a 12%. Y si la inversión anual es de 100 mdd, la participación de mercado baja a poco menos de 7%, señala el documento del CIDE.

En todo caso, la nueva cadena surgirá en un mercado en transformación. La tv de paga ha ganado gran aceptación entre los televidentes del país. El segundo trimes­tre de 2013 fue excepcional, sumaron a su base de suscriptores casi un millón de nuevos clientes, según cifras del Consejo Lati­noamericano de Publicidad Multicanal, (LAMAC, por sus siglas en inglés). Lo que aún no está claro, empero, es cuánto terreno ha perdido la tv abierta, la cual todavía concentra entre 55 y 60% de la inversión publicitaria total.

Para enfrentar este entorno, es posible que la nueva cadena de tv abierta nece­site complementar su plan de negocios con la compra de una cadena de tv de paga, con el fin de beneficiarse del auge de este formato. El hecho de que el televidente tenga el control sobre qué ver, en qué momento y en qué dispositivo, es un cambio dramá­tico que en un principio afectaba sólo a la tv de paga, pero a partir de ahora afec­tará también a la tv abierta, dice el CIDE.

Bajo este panorama, a una cadena de tv de paga ya no le basta con distribuir su señal por cable o satélite, sino que se ve forzado a ofrecerle al televidente una serie de alternativas para acceder a su contenido, puntualiza Juan Pablo Conti, de la consultora Dataxis.

En este primer trimestre de 2014, los legisladores deberán crear una ley para establecer la concesión única conver­gente, en lugar de una para tv y otra para telecomunicaciones, como ocurre hasta ahora. Esa ley permitirá transmitir una señal de tv de paga por la misma red de transmisión de tv abierta digital, previo pago de una contraprestación, agrega Navarrete, del IFT. Del mismo modo, tam­bién autorizará a una empresa de teleco­municaciones a migrar y dar servicios de tv, previo pago de una contrapresta­ción, entre otros requisitos.

A la tercera cadena, se le asignarán fre­cuencias que podrá comprimir para tres o cuatro canales, asegura un directivo de un canal de tv que pidió no ser citado.

Manuel Arroyo ya ha dado algunos pasos en materia de producción de contenido. El canal de tv, El Financie­ro-Bloomberg, se transmitirá por varios sistemas de cable en México (como Cablevisión de Televisa) y potencial­mente alcanzará varios países de América Latina. Y a través de Televital, posee experiencia en la cobertura televisiva de eventos masivos cuya señal editada o sin editar entrega a terceros; bajo ese esquema ha cubierto el festival de música Vive Latino para Ocesa, y la última final de liga del fútbol para Fox Sports.

Pero arrancarle mercado a Televisa no será fácil para Manuel Arroyo, ni para otros aspirantes a la tercera cadena. Ade­más de concentrar el mercado en cuanto a audiencia, cobertura y publicidad, la televisora de Emilio Azcárraga Jean es también el mayor jugador de tv de paga a través de Cablevisión, Cablemás y Sky.

Le espera, por tanto, al ganador de la nueva cadena, una batalla que costará mucho dinero, durará varios años y que no ofrece lugar para los débiles.

Manuel Arroyo lo sabe. Y, aun así, levanta la mano.

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