Esta abogada de pro­fesión, considerada por algunos de sus seguidores como una política con una inteligencia fuera de toda duda, sostiene que el mejor elemento para cambiar la suerte del país está en la educa­ción. Ella, presume, tiene la pericia para llevar a México a las grandes ligas.

 

Por Georgina Baltazar

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Hay quien la compara con Eva Perón y con Hillary Clinton. En su partido, el PAN, registra una carrera con más de 30 años, lo que le ha ganado ser vista como una mujer con una inteligencia política incuestionable.

 

Margarita, ¿qué harías de diferente ver­sus los dos últimos presidentes (Enrique Peña Nieto y Felipe Calderón)?

Quizá muchas cosas, porque los momentos son muy distintos y hay muchas cosas que ya se lograron. Por ejemplo, si se lograron más de 100 universidades y más de 1,000 preparatorias, es necesario enfocar­nos mucho más en la calidad de la educación. Es un bono de jóvenes muy distinto el que me tocaría en 2018, al que tendremos en 2016 o al que nos tocó en el pan en 2006, y eso requiere de políticas públicas que tienen que ver mucho más con educación media superior y educa­ción superior. Además, hay temas de seguridad que se han venido transformando, algunos para bien y otros para mal, que tienen que ver con poner el foco en la extorsión, el secuestro, la trata de personas, que apenas empezaron a tratarse en 2009.

 

¿Cuáles serían tus prioridades?

No puedo marcar prioridades como si fuera una campaña política porque no estoy en los términos legales, pero me parece que hoy las prioridades de nuestro país son las que siente cualquier mujer. Por ejemplo, hay un tema de economía muy claro que tiene que ver con el ingreso de las familias y que en el creci­miento económico (no en términos macroeconómicos, sino más bien en términos familiares, personales, de comunidad) hay un equilibrio que tenemos que alcanzar: reducir de manera más fuerte la brecha entre pobres y ricos. Me parece que otro tema importante es la seguridad, lo que implica combatir la impunidad. Me preocupa el deterioro de la vida pública que genera un abandono en la política. He visto países con demo­cracias ejemplares donde los mejores ciudadanos y ciudadanas fueron dejando la política porque registraron un deterioro de ésta.

 

¿Y por dónde podrías empezar?

Pienso hacer consciencia de que la brecha entre políticos y ciudadanos se vino agrandando. Me parece que los ciudadanos sí han hecho su par­te, pero los políticos no. Parte de lo que tengo que hacer es voltear a ver a los ciudadanos. Dejar de ver un poco a mi partido, tengo que voltear a ver a los ciudadanos, que son por lo que nos metemos a la política. Te­nemos que trabajar mucho más ahí. En la medida en que acerquemos la política a los ciudadanos, ellos van a interesarse mucho más en ella.

 

¿Consideras que el gasto público para la educación es suficiente?

El incremento en el sector educa­tivo, junto al de salud y desarrollo social, siempre debe ser una prio­ridad. Pero el tema de fondo es: ¿a dónde van esos recursos?, ¿quién los gasta?, ¿cómo se gastan?, ¿bajo qué criterios? Tenemos que hacer lo que sea necesario en cuanto al entramado legal.

 

¿Qué elementos tienes a tu favor para ganar la candidatura?

Tengo la experiencia que no tiene ningún otro. He sido desde legisladora, he participado en organizaciones sociales, pero también he estado presente en momentos muy difíciles y muy duros del país, así como en momentos muy exitosos. He visto al país transformarse.

 

En cuanto a políticas públicas específi­cas para mujeres y niñas, ¿cuáles serían tus prioridades?

Por un lado, creo que con respecto al acceso a la justicia, sí tenemos que buscar una manera de ayudar y apoyar más a las mujeres. Todos sabemos de casos, unos más cer­canos que otros, de mujeres que se quedan con los papeles de propie­dad en la mano, pero que alguien las prescribió a su favor, o que alguien las hizo firmar algo que no sabían. O mujeres que fueron abandona­das o no recibieron nunca la pensión siempre prometida. Y esa falta de acceso a la justicia rompe totalmente el equili­brio. Estoy convencida de que más mujeres deben entrar al mercado laboral, pero hay que lograr las condiciones. Creo que se ha hecho un enorme esfuerzo a través de estancias infantiles, pero que puede hacerse un poco más a través de estímulos fiscales. Estoy segura de que el crecimiento económico, como se ha demostrado en un estudio que tiene el Fondo Monetario Internacional, podría ser hasta cinco puntos más. Y esto es cuestión de política pública, no sólo de emociones.

 

¿ Margarita Zavala cree en la sororidad entre mujeres?

Sí. Lo he hecho y no tengo duda. También creo que tengo un dis­curso para las mujeres. Además, es importante pedirlo y hacerlo.

 

De llegar a la Presidencia, ¿qué acciones no repetirías de gobiernos pasados?

Nunca dejaría de pedir que los datos fueran desagregados: cuántos hombres, mujeres, ni­ños, niñas; cuántos maestros, maestras. Siempre. Tenemos que saber claramente qué es lo que tenemos y en dónde.

 

¿Quiénes son las mujeres que te inspiran?

Sin duda alguna mi mamá, quien fue una mujer que incursionó desde muy joven en la política, desde antes del reconocimiento al voto de la mujer. Pero, además, cuando ella estaba en la Facultad de Derecho de la Universidad de San Luis Potosí, hubo un desplegado a favor de un candidato promovido por Gonzalo N. Santos, y ella fue a la redacción del periódico a decir que no apoyaba a ese candidato, que le habían falsificado su firma. Es una mujer a la cual siempre le admiré su valentía. Además, sobrina de Salvador Nava Martínez, que es un personaje de la democracia de mi entidad, a quien ella me enseñó a admirar.

También me regaló el libro El precio de mi alma, de Bernadette Devlin, quien fue una diputada irlandesa que a los 22 años era la parlamentaria más joven. Me llamó mucho la atención su historia. Uno de los personajes históricos que han mar­cado mi vida es Leona Vicario. De la actualidad, hay mujeres como, por ejemplo en Chile, Michelle Bachelet y Soledad Alvear que son siempre puntos de referencia en términos de poder, pero también de profesionalismo.

 

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