La percepción juega un papel fundamental en la generación de votos. La estrategia electoral, el desarrollo de un modelo de comunicación y el estilo personal de hacer campaña constituyen el núcleo de factores que determinan las posibilidades de triunfo.

Habrá quienes sostengan que la democracia pierde y que las razones de la renuncia son un ejemplo de la intolerancia, el autoritarismo y hasta invocaran tintes machistas. Sin embargo, nada de eso tiene fundamento. Tampoco nadie puede negar la calidad moral ni los méritos que le reconocen sus seguidores.

La declinación de MZ es lo que debió ser hace mucho tiempo. Primero, su salida del panismo obedece más a una confrontación personal que a razones estructurales. Su capacidad competitiva, iniciativa y margen de maniobra siempre estuvo cuestionada por su desempeño como esposa de un expresidente.

Cierto que el país puede tener una mujer presidenta, por supuesto, seguramente existen miles, millones probablemente de mexicanas con los atributos, cualidades y capacidades con las que harían un gran papel. Sin embargo, MZ no estaba muy cerca de ese ideal de personalidad.

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Su estrategia de imagen no permeo porque no transmitía, no encendía ni motivaba, no logro calar en la conciencia colectiva. En muchos sentidos, era la antítesis de la mujer moderna. Su forma de vestir, tonalidades de voz, estilo personal, desempeño como líder y su esquema de contacto ciudadano la ubicaron muy lejos de los prototipos actuales: independientes, liberales, autodeterminadas, flexibles y tolerantes.

Se puede debatir incluso desde el sentido de una candidatura “independiente”; hasta la legitimidad de las firmas que la pusieron en las boletas electorales. En política, hay que actuar con firmeza y decisión, pero con la frialdad de los números. Simplemente objetivos, claros, concretos.

Una candidatura debe basarse además en tres pilares fundamentales: carisma, capacidad de persuasión y, sobre todo, una comunicación estratégica eficiente. En todos esos aspectos había sendos déficits.

Los factores subjetivos de una campaña, te hacen un candidato sólido; señalan como los votantes reaccionan ante tus cualidades; mientras que los objetivos le dan cantidades medibles a tu penetración, avance y resultados. Fallaron el arrastre, la contundencia, la claridad de propuestas y la separación efectiva de saber hacer política en la marginalidad de la política.

Si se revisan los medios de comunicación desde hace tres semanas, ya se veía venir una posible declinación. Quienes la apoyaron seguramente dejaron de creer; vieron con crudeza hasta donde llegaría y sintieron que la hora llegó para cerrar filas, hacerse a un costado y dejar que otras opciones tomen curso. Las estadísticas, las encuestas, los escenarios y las apuestas están claras.

Con la misma mesura, ante un candidato que se acerca al número mágico de la mitad más uno (51%), limitar las opciones de los electores contribuye a cerrarle el paso. Muy pronto, los vasos comunicantes de los grupos que juegan en política se harán patentes. Otros candidatos seguramente ya estarán echando sus barbas a remojar.

Por otra parte, la salida de MZ del proceso, llega en un momento cercano al segundo debate. Eso va a poner sobre la mesa algunos cambios a los contenidos, los mensajes y las estrategias de los que todavía continúan en la contienda. Nadie puede reclamar la intención de voto para sí mismo de manera automática, los electores pueden abstenerse, sumarse a los proyectos que consideren más cercanos o de plano hasta reaccionar en contra de una alianza alterna. Todo es posible.

¿La democracia mexicana pierde algo? No, al contrario, esta debe ser una lección para fundamentar lo que viene para las mujeres en México, para las verdaderas candidaturas independientes y sobre todo de cómo formar líderes políticos más competitivas, sólidas y que representen un proyecto viable, sustentable, eficiente y ganador. Por último, hay que reconocerle -eso sí- que una renuncia así no es fácil, requiere un valor y coraje muy loables.

 

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