Una última y nos vamos (2015) propone un regreso, una actualización y una continuación de la comedia ranchera, un género que fue cumbre del cine mexicano en la primera mitad del siglo pasado.

 

“…Guadalajara tienes el alma más mexicana…”

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En la época del cine de oro en México el género cumbre fue la comedia ranchera, incluso Allá en el rancho grande (1936) se toma como la cima de aquellos años y su segunda versión del 49 como el fin de la bonanza cinematográfica mexicana. Después de eso, la clasificación no volvió a cobrar relevancia, fue desdibujándose con el pasar de los años hasta convertirse en objeto de nostalgia, homenajes y derivados.

Una última y nos vamos (2015) propone un regreso, una actualización y una continuación de la comedia ranchera, como los Tres chiflados intentando salir por la misma puerta ninguna se impone. Un grupo de amigos conforma el mariachi Tierras Rojas, famoso en algún lugar de Jalisco de cuyo nombre no quiero acordarme, durante años han intentado ingresar a las finales del concurso nacional de la especialidad sin éxito… hasta que un día la carta tan esperada llega y toman la carretera. Cada uno de los integrantes del grupo carga en su maleta con problemas y el viaje les ayudará a resolverlos.

Así un padre y su hijo distanciados por la muerte de la mujer del clan y el rock pesado; otro es incapaz de tener descendencia a pesar de los años de matrimonio; tres amigos jóvenes se traicionan (uno anda con la hermana de otro y éste le aplica un catfish al siguiente); y para terminar, las cabecitas blancas del clan riñen por la manera correcta de vivir los últimos años de existencia.

El director Noé Santillán-López (serie de tv El diez) y los guionistas César Rodríguez y Mauricio Argüelles proponen una cinta para toda la familia, donde el humor camina de la mano del melodrama. Su intención no es marcar una revolución, sino darle una manita de gato a un clásico. Ni en estilo o temas la cinta rompe con su pasado, es mediante pequeños guiños que busca modernizarse, como el hijo “dark” con pinta de Jared Leto –ahí está su darketo– o que uno de los conjuntos tenga a una mujer como líder.

Ésta es una comedia ranchera/road trip que por igual podría emparentarse con Del rancho a la televisión (1952) de Ismael Rodríguez así como con películas que podría parecer no tienen nada en común, como Triunfos robados (Bring It On, 2000) o La escuela del rock (The School of Rock, 2003). La intención del equipo detrás de Una última y nos vamos es entregar una película digna para toda la familia –por eso su visión de ésta es tan tradicional–, capaz de ser apreciada por todos sus miembros y brindarles de paso un momento de sana diversión. Nada más y nada menos.

Por cierto, cómo vamos a extrañar a Jaime Almeida…

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