Conoce la historia de Mario Flores Urban que, de estar preso y condenado a muerte en EU, se convirtió en abogado defensor de migrantes y en pintor.

 

 

Hola, amigos lectores:

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Hoy hablaremos de Mario Flores Urban. Estoy seguro que casi nadie conoce la historia de este mexicano que vivió una terrible desgracia en Estados Unidos: fue detenido y sentenciado a muerte. Esperó 20 años la inyección letal, que en tres ocasiones fueron fechadas.

Hoy está fuera de la cárcel, vive en México y es abogado para los inmigrantes en Estados Unidos y conferenciante.

Lo conocí en el lobby de las oficinas de una empresa láctea Suiza en México DF; me impresionó su historia y hace tres años que sus conferencias las ha compartido con mucha gente.

Recuerdo un viaje que hicimos juntos a Shanghai, China, hace dos años, donde conocí sus tantas historias de supervivencia personal; me comentaba que aprendió cinco religiones en su idioma original.

Nunca se hizo un tatuaje dentro de la cárcel. Convivió con presos de más de 10 nacionalidades, 23 horas recluido en su celda y una hora en el patio de la cárcel, ese era su día a día. Decide entonces ser su propio abogado y se recibe como tal por correspondencia en la Universidad de Austin, Texas. Incluso, libera a varios presos de su cárcel siendo ya abogado.

Descubre en su celda su habilidad como pintor y sus cuadros logra colocarlos en más de 20 exposiciones en España….  en fin, una historia de superación, de valores familiares, de carácter y, sobre todo, de lucha contra la injusticia que lo llevó a estar 20 años privado y aislado de su libertad.

Recuerdo en una junta con un cliente, que un ejecutivo le pregunta: “¿Qué es lo que más extrañas de no estar en la cárcel?”. Él responde muy claro y firme: “La libertad que yo tenía dentro de mi celda.” Esta respuesta se las dejo a cada quien para que analicen cuál es la celda particular en que vivimos todos los días.

La vida es muy caprichosa: cuando Mario estudió la secundaria, le asignaron una tutora de nombre Michelle, ella, hoy, después de 20 años, es Michelle Obama, esposa del presidente de Estados Unidos. La vida es así, nunca sabemos que nos depara el destino.

 

¿Quién es Mario Flores Urban?

Nació en la Ciudad de México, de padres mexicanos que a la postre migraron a Estados Unidos donde lograron su residencia definitiva.

Como todos los chavos de su barrio, se unió a una pandilla “chida y violenta”.

Para evitar el destino predecible (vida criminal y drogadicta, arresto y largos periodos en prisión) su padre hizo un esfuerzo excepcional y lo inscribió en una secundaria privada.

Ahí Mario destacó pronto en clavados, al grado de llegar a ser un candidato para el equipo olímpico de Estados Unidos.  Pero a sus antiguos “amigos” los carcomió un celo enfermizo, y cuando mataron a un jefe pandillero rival, se pusieron de acuerdo para colgarle “el milagrito” a Mario.

Testificaron unánimemente en su contra y lograron su objetivo: Mario, el prometedor adolescente, fue declarado culpable y sentenciado a muerte. Los siguientes veinte años los pasó en la minúscula celda asignada a un condenado a la pena capital, ahí, encerrado, esperando cada día que le fijaran la fecha fatídica, encontró… ¡la libertad!

A punta de fe, esperanza e imaginación superiores, se hizo abogado y asesoró a sus compañeros hasta que las autoridades de la cárcel se lo prohibieron.

Luego aprendió a pintar y luego, gracias a una serie de circunstancias afortunadas, hace poco fue perdonado por el gobernador.

Ni tan siquiera un “usted disculpe”, tras hacerlo perder la mayor parte de su vida preso por un delito del que lo inculparon falsos testigos. A pesar de su status legal de inmigrante lo deportaron sin exonerarlo oficialmente, porque lo habrían tenido que indemnizar.

Ahora Mario Flores vive en México y ha sido contratado profusamente en escuelas y universidades en España y otros países para compartir su experiencia y conocimiento de vida.

Los 20 años de prisión no lograron doblarlo, ni a él, ni a su familia, la que siempre lo apoyo y luchó por demostrar su inocencia.

Casi dos décadas estuvo preso y condenado a la pena capital, en una cárcel de Illinois, acusado de un crimen que no cometió.

“Los oficiales al leer la pena de muerte me decían, pues a quien mataste, ¿Al Presidente? entonces todos se sorprendían, porque me dieron la pena de muerte”.

“Era así como mano y guante. Yo llamaba, ellos sabían cada movida o paso que iba a hacer. Venían a visitarme, ellos me mandaban dinero… entonces era vital, sin mi familia y por eso tal vez otros presos no han logrado lo que yo he logrado.”, dijo Mario.

En la cárcel no perdió el tiempo, estudio leyes, se interesó en distintas religiones y aprendió a pintar. Sus obras son conocidas en Estados Unidos, México, España y Suiza.

Como su caso se conoció dentro y fuera de Estados Unidos, a la postre y con el apoyo del gobierno mexicano recobro su libertad.

Hoy Mario Flores Urban es un hombre diferente, con ideas que sorprenden, para él los años en prisión no pasaron en vano.

“Sí, te digo, mi mamá lloraba ¡Ay pobrecito mi hijo, ha de estar sufriendo la prisión! y para mí era como una academia”, recuerda.

Y aunque sus ideas y actitudes no parecen ser las de un hombre que paso 20 años en prisión esperando ser ejecutado, su familia sabe bien cual fue el precio de su libertad.

“Para nosotros fueron muchas lágrimas, muchas angustias, cuando nos dictaban su, siempre pena de muerte, fue como que le sangra a uno el cuerpo, algo muy poderoso, un dolor muy grande, comenta siempre su madre.

“Me comentaban que ganamos. Nosotros no ganamos, aquí no hubo ganador, porque los 20 años de él y de sufrimiento de nosotros con que se los pagan”, dice el padre de Mario.

La sentencia contra Mario Flores Urban puso fin a una prometedora carrera deportiva, los clavados eran su especialidad, varias universidades le ofrecían becas para representarlas.

Hoy a sus 41 años sabe que la vida no se acaba en prisión, enfrentara nuevos retos, quiere estudiar medicina, independizarse y formar una familia.

“Para que yo pueda salir en las noticias de Estados Unidos 10 años después de este día y digan: ¡hey!, este es el cuate que iban a ejecutar. Mírenlo ahora… ahí va a estar mi revancha”, dice siempre Mario.

Lectores: Mario y un servidor esperamos con esta historia, como cada semana, poder ensanchar sus vidas.

Luis Valls

 

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